En la firma de Pelé un balón vuela hacia la leyenda con un sombrero estratosférico, aquel con el que certificó en Solna que recibió el don del fútbol porque Dios, que reparte dones entre los hombres, se encontró con Edson cuando ya había agotado casi todos, a la cola de la fila, y sin otra opción que dotarlo con el don de dominar la pelota.