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Los Philadelphia 76ers de Iverson y Brown

La NBA estaba en uno de sus momentos más bajos en cuanto a repercusión: el lockout había mermado bastante a la liga, aún lloraba la ausencia de Michael Jordan y los Spurs y Lakers ganaban los primeros anillos de dos dinastías que dominarían la década. En ese contexto surgió la presencia de una franquicia cuyo éxito fue tan explosivo como breve: Los Philadelphia 76ers de 2000-2001.

Los Philadelphia 76ers de Iverson y Brown
Los Philadelphia 76ers de Iverson y Brown

El proceso de fraguar aquél equipo no fue rápido, ni sencillo. En primer lugar, se optó por el fichaje del experimentado Larry Brown en 1997. Llegaba a Philadelphia tras un buen ciclo en los Pacers donde había convertido al equipo en aspirante al título. La plantilla que recibió inicialmente había un nombre que destacaba sobre cualquier otro: Allen Iverson. Un año antes había sido elegido número uno del Draft de la NBA y tras ello obtuvo el título de novato del año. Se había presentado en la NBA con unas cifras estratosféricas y era uno de las grandes estrellas de la “Generación X”, que tanto mencionaba Andrés Montes.

Para poder hablar de Allen Iverson hay que tener en muy en cuenta que fue la imagen e icono de la nueva camada de jugadores de la NBA: era un jugador procedente del guetto, de peinado trenzado y de vestimenta callejera que consiguió trasladar a la cancha con sus pantalones grandes y numerosas cintas y calentadores. Su estilo de juego ofensivo y anárquico con una variedad de recursos que recordaba mucho al “Streetball” mientras que su diminuto y fibroso cuerpo que distaba bastante de lo que se veía en la NBA. Estaba repleto tatuajes, entre los que destacaba el “Only the strong survive” de su brazo izquierdo. Por último, cabe destacar que su historial de conflictos fue tan grande que sólo es equiparable a los puntos que llegó anotar en su carrera, donde llego a ser 4 veces nombrado máximo anotador de la NBA.

Esta imagen de “bad boy” no dejaba indiferente a nadie. Para unos era un jugador odiado por su individualismo y su actitud. Para otros un jugador de talento admirable y ejemplo de superación que, además, aportaba algo distinto a lo que sus contemporáneos ofrecían. Un ejemplo de ello fue cuando en 2008, la tienda NBA de la quinta avenida de Nueva York publicó que la tercera camisa más vendida allí en la última década había sido la de Iverson, sólo por detrás de las de Michael Jordan y Kobe Bryant. 

Si en aquel momento a alguien se le ocurre buscar una persona que pudiese representar la antítesis de lo que ofrecía Iverson al baloncesto quizás este fuese Larry Brown. Era un entrenador prestigioso, que ya había ganado años atrás la NCAA con los Jayhawks de Kansas a finales de los 80. Tenía fama de técnico estricto y muy duro, además de una gran personalidad que podía chocar con la de la estrella del equipo. Pese a ello y con altibajos, ambos supieron alcanzar un punto de comunión que les llevó a ambos a sus cotas más altas.

Tras su llegada, Brown detectó que uno de los grandes problemas del equipo es que Iverson se sentía más cómodo siendo la gran referencia anotadora del equipo y al poco de llegar no tardó en ir dándosela. Empezó traspasando a otro de los grandes jugadores jóvenes con los que hacía pareja, Jerry Stackhouse, lo que hizo que Iverson pudiese lanzar en más ocasiones a canasta y que se terminó de confirmar con la llegada de Eric Snow, que en el futuro se convertiría en el mejor amigo del equipo equipo. 

Sin embargo, Stackhouse no fue el único que acabó sufriendo las garras de la anarquía que exigía Iverson. Los prometedores Tim Thomas y Larry Hugues o el mismísmo Tony Kukoc acabaron saliendo más pronto que tarde debido a las exigencias e incompatibilidades que generaban ante el menudo jugador nacido en Virginia. El corte de jugador que se incorporaba casi siempre respondía a un perfil muy concreto y que destacase especialmente en dos labores: la defensa y el rebote. De esta manera acabaron llegando a la franquicia gente como el anteriormente citado Eric Snow, George Lynch, Tyrone Hill, Aaron McKie, Dikembe Mutombo o acabaron teniendo más protagonismo de lo normal otros como Raja Bell o Kevin Ollie.

En poco tiempo el equipo de Philadelphia acabó confirmándose como uno de los equipos a seguir. En la segunda temporada de Larry Brown, se consiguió alcanzar la postemporada tras casi diez años. Allí cayeron eliminados en segunda ronda contra los Pacers de Bird y antiguo equipo de su entrenador. Este mismo equipo también fue el verdugo un año más tarde en la misma cita. Las continuas desavenencias de Iverson con Brown en particular y el equipo en general entre las que destaca su afición por ausentarse de los entrenamientos hizo que los Sixers quisieran traspasarlo y por un detalle mínimo no acabó saliendo de Philadelphia.

Fue en la temporada 2000-2001 cuando los Sixers acabaron de explotar. Con una terrorífica racha  de 10 partidos consecutivos ganando hizo que pronto empezaran a sonar las campanas de éxito. Esa temporada, Iverson estaba anotando más que nunca. Acabó la fase regular con una media superior a los 30 puntos (31.1), algo que no había conseguido ningún jugador de la NBA desde Michael Jordan. También fue nombrado MVP, el más bajo de la historia. Brown no iba a ser menos y fue nombrado a mejor entrenador aquel año. Junto a ellos, McKie y Mutombo se alzaron con los premios de mejor sexto hombre y mejor defensor. Los Sixers estaban de moda, pero el equipo tendría que apelar a la épica en una postemporada que pasó a los anales de la historia. El físico de Iverson no era el mejor de los posibles y su historial de complicaciones en aquel momento bien podría ser el de la enfermería de un campamento base durante una guerra entre las que destacaba su lesión de codo que dio origen al aparatoso e identificativo calentador del brazo.

No había mejor forma de comenzar una historia épica que vencer en primera ronda a tu bestia negra los dos años anteriores en play off, los Indiana Pacers. Para más inri, el primer encuentro de la eliminatoria acabó en derrota con una actuación bastante gris de Iverson. La forma de responder, como su alias indicaba (“The Answer”) a esa actuación fue con 45 puntos y 9 asistencias, superando ligeramente el ciencuenta porciento en el porcentaje de tiro, algo bastante inusual en él. La primera ronda acabó en 3-1 y se enfrentarían en semifinales de conferencia a los Toronto Raptors de Vince Carter. 

En aquella ocasión también comenzaron perdiendo la eliminatoria y también respondió con una actuación mejor aún que la del segundo partido contra Indiana y alcanzó los 54 puntos (su récord en postemporada). También superó los 50 en el quinto partido de la serie. Cuando más disputada estaba la eliminatoria, Iverson volvió a resentirse de sus problemas en el brazo y cuajó un mal encuentro en el sexto partido y la eliminatoria se igualó situándose en un 3-3. Sin el consentimiento de los servicios médicos del equipo, Iverson disputó el último encuentro de la eliminatoria al completo y sufriendo unos marcajes que hacía tiempo que no se habían visto. Esta vez su forma de responder no fue anotando, sino aprovechando las ventajas que generaba llegando a 16 asistencias y ganando el encuentro.

En la final de la conferencia Este se encontrarían a los Milwuakee Bucks del trío Cassell-Allen-Glen Robinson que entrenaba George Karl. Tras hacer su peor partido de los play off, Iverson tuvo que descansar el tercer partido de aquella eliminatoria porque su brazo no le permitía continuar y corría riesgo de sufrir daños irreversibles. Pese a ello, apareció de nuevo en el quinto partido para darle la vuelta a la eliminatoria en la que se llevo dos codazos que acabaron en una rotura del labio y problemas en la dentadura que se sumaron al parte. Para el séptimo partido se reservó lo mejor y con 48 puntos acabó con los ciervos y sus Sixers pusieron rumbo a la final de la NBA que no pisaban desde la década de los 80. También les volverían a esperar los Lakers, que sin ser los del Showtime, contaban con la pareja Shaq-Kobe.

Philadelphia había tenido que llegar hasta el séptimo y último partido de las últimas eliminatorias para llegar a las finales, mientras que el equipo de Los Angeles había barrido a sus rivales y no había conocido la derrota aún. El favorito estaba claro, pero si algo había demostrado aquel equipo de los Sixers es que podían sufrir y que eran capaces de todo. Y así fue la noche del 6 de junio de 2001, la víspera del cumpleaños de Iverson. En una noche mágica Philadelphia llevó a la prórroga a unos Lakers liderados por Shaquille O'Neal que se fue hasta los 44 puntos y 20 rebotes al que Dikembe Mutombo no pudo parar. Y en esta ocasión no fue Iverson el que decidió el partido con un último tiro, sino Eric Snow con una penetración a falta de pocos segundos de acabar el encuentro. Ya en el tiempo extra, Iverson fue el encargado de anotar una canasta tras infinitas fintas y un “crossover” que dejó tirado en el suelo a Tyrone Lue que puso una ventaja de 4 puntos que no volverían a perder. Tras meterla, Allen se fue a su cancha pasando por encima de un Lue frustrado que no fue capaz de pararle. La respuesta en esta ocasión se tradujo en 48 puntos. Las palabras del defensor de Iverson en aquella final en la que definían la mejor forma de defenderle fueron: “que no le llegara el balón, que no lo cogiera”. Al final, los Lakers consiguieron imponer su juego y acabaron haciendo de rodillo con cuatro victorias consecutivas que les convirtieron en campeones por segunda vez consecutiva.

La temporada siguiente las cosas cambiaron, Iverson estuvo renqueante de las lesiones y se perdió más de veinte encuentros aquella campaña. Aún así, Philadelphia volvió a ver play-off pero no pudo reeditar el éxito del año anterior. En el transcurso de la postemporada hubo un enfrentamiento dialéctico entre Iverson y Brown en las ruedas de prensa relacionado con el compromiso del jugador con la franquicia, pero no se quedó en más que una mera anécdota. Tras la temporada 2002-2003, Brown se marchó de Philadelphia en dirección a Nueva York y los caminos de ambos se separaron hasta que en los JJOO de Atenas se volvieron a encontrar, siendo Brown el entrenador del equipo de USA y Allen su co-capitán.

Años después, ambos guardan un recuerdo excelente de su estancia en Philadelphia. Ninguno se olvida del otro. Iverson declaró que se sentía honrado de haber sido entrenado por el veterano entrenador y que no habría llegado hasta donde lo hizo sin su ayuda, mientras que Brown lo definió como un ejemplo para los jóvenes americanos.

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