El Blancos de Rueda pierde el último tren para la ACB al caer frente al Banca Cívica (72-77)

El equipo vallisoletano, muy mermado por las lesiones, cayó derrotado en su cancha de Pisuerga ante un conjunto sevillano que se mostró muy superior en el juego exterior y que deja al Blancos de Rueda virtualmente descendido

El Blancos de Rueda pierde el último tren para la ACB al caer frente al Banca Cívica (72-77)
Ricardo Uriz choca su mano con la de un joven aficionado al final del partido - Foto: Alberto Blanco Paredes

El infortunio, que lleva desde el inicio de la temporada siendo inquilino del Club Baloncesto Valladolid, se cebó especialmente con la escuadra morada en una tarde que ya comenzó extraña de por sí.

Las gradas del Polideportivo presentaban un aspecto desolador, a pesar del adelanto de hora para no coincidir con el Barça-Madrid de fútbol. Seguramente mucha gente prefirió dejar hoy abandonado al enfermo terminal para preparar con una sonrisa el saludable Clásico y no contemplar a Cristiano y a Messi después de ver penalidades. Con estos antecedentes, el sonido ambiente al inicio del choque era similar al de un entrenamiento y recordaba a aquellos partidos de la temporada 2007-2008 en la que el club transitaba por la Liga LEB, lugar al que tendrá que regresar el año que viene, al menos ateniéndose a sus méritos deportivos. 

Pese a ello, el equipo pucelano tiene alma, como Roberto González comentaba el día anterior en la rueda de prensa previa al partido. Y lo demuestra jornada tras jornada plantando cara a la adversidad, a rivales muy superiores y sobre todo a la desgracia. En esta ocasión esa mala suerte fue particularmente cruel y se materializó en forma de lesiones de dos jugadores básicos en la plantilla, Diego García y Jason Robinson. Ambos habían estado renqueantes durante la semana y no salieron en el quinteto titular. Los dos se rompieron en dos fases diferentes del choque, por el sobreesfuerzo, la sobrecarga de minutos y la ultra intensidad que conlleva jugar con tantas urgencias. 

Ataques por encima de las defensas

Con esa alma herida pero encomiable, el conjunto morado jugó un buen primer cuarto en ataque, basándose en su fortaleza interior, con Borchardt y Nacho Martín encestando una vez tras otra. En defensa las cosas no iban tan bien. La escuadra morada tenía problemas con los bloqueos directos y el Banca Cívica lo aprovechaba transformando lanzamientos de cinco metros. Calloway llevaba magistralmente el timón de los sevillanos. Ese equilibrio se tradujo en tablas en el marcador (22-22). Diego García se lesionó en ese primer cuarto, forzando una penetración típica del argentino. Ya no regresaría al parqué. Por otra parte, el Blancos de Rueda tuvo también problemas en ese primer período con las personales, ya que Songaila e Isaac López se cargaron con dos cada uno.

El segundo cuarto siguió la tónica del primero. Los ataques primaban sobre las defensas. El Banca Cívica cogió una ligera ventaja en el marcador (29-35), gracias a su acierto en el tiro exterior, que desbarataba la zona planteada por Roberto González. Pero atrás seguía teniendo problemas en la pintura y de ello se aprovecharon tanto Nacho Martín como Songaila. Los vallisoletanos lograron el empate (37-37) y el público entró en el partido más de 15 minutos después por mor de un par de discutibles decisiones arbitrales. Pero el conjunto sevillano rápidamente retomó el mando y prácticamente ya no lo soltaría hasta el final del partido. Los jugadores se fueron al vestuario cuando el electrónico lucía un tanteador de 41-45. 

El lanzamiento exterior condenó de nuevo al Blancos de Rueda

El Banca Cívica salió enchufadísimo tras el intermedio y aumentó su ventaja (43-52), pero los pucelanos, tirando de orgullo, pusieron nuevamente cerco a los sevillanos (48-52). Los colegiados pitaron la cuarta falta de Isaac López y la afición morada se enrabietó. En la atmósfera parecía bullir otro aire, tal vez de rebelión contra las circunstancias, contra los hados o simplemente contra los propios fantasmas del equipo. Paul Davis, que no es el que era al principio de temporada, tomó algo de protagonismo en las filas sevillanas (50-55). Fue de lo poco positivo que hizo cerca del aro el Banca Cívica. Por el contrario, en el lado pucelano, una vez más, el lanzamiento triple se convirtió en una tortura. Uriz estuvo especialmente desacertado en dicha parcela. El Blancos de Rueda perdió bastantes balones en esta fase del encuentro, motivados por la presión en todo el campo que puso en liza Joan Plaza, sabedor como todos los técnicos de la ACB de los problemas que tiene para subir la bola el equipo vallisoletano. Para colmo de males, la rodilla de Robinson no resistió más y el norteamericano tuvo que retirarse en el minuto 7 de ese tercer período. Tampoco volvería a pisar la cancha.

¿Podía sucederle algo más al Club Baloncesto Valladolid? Era complicado, aunque desde luego la mala fortuna siempre tiene la capacidad de multiplicarse hasta límites insospechados. Sin embargo, también a veces sucede que, cuando las cosas parece que no se pueden poner peor, surge algo que no se sabe si ha estado ahí escondido siempre o si bien nace expresamente para la ocasión. En este caso tuvo nombre propio: Samo Udrih. El discutido jugador esloveno se echó inesperadamente al equipo a las espaldas y mantuvo vivas las esperanzas moradas cuando parecía que habían expirado por completo. Metió un par de tiros de media distancia, convirtió una penetración, forzó varias faltas… Y eso posibilitó que, pese a todo el cúmulo de desgracias, los de Pucela llegaran con mucha vida al último cuarto (60-62).

La calidad del Banca Cívica decidió

Pisuerga parecía estar en sintonía con sus jugadores y comenzó a animar con fuerza, olvidándose por fin de la grave enfermedad de su equipo. Pero la calidad del Banca Cívica salió a relucir en la primera mitad del último cuarto, sobre todo desde el 6,75. Un triple de Urtasun puso el 62-70, que volvía a apagar la mecha de Pisuerga.

A partir de ahí y hasta el final el partido se volvió feo. Estuvo plagado de imprecisiones en el tiro por parte de los sevillanos y de pérdidas de balón fruto de los nervios del lado vallisoletano. Se sucedieron unos minutos sin apenas anotación, con el electrónico clavado en el 67-72. Pero en esa pequeña guerra de errores el equipo con mayor potencial tenía todas las de ganar. Cuando un conjunto con calidad dispone de muchos tiros librados, estos al final acaban entrando. Sobre todo si se cuenta con jugadores como Luca Bogdanovic. Él fue el ejecutor del Blancos de Rueda rompiendo el inmovilismo del marcador con una canasta de dos a falta de poco más de un minuto (67-74). El último minuto solo sirvió para que un equipo ya herido de muerte se revolviera resistiéndose a perecer definitivamente ante su público. Al final, 72-77.

Caras muy amargas, de derrota, soledad y dolor desfilaron hacia el túnel de vestuarios, a pesar de lo cual los jugadores morados aún tuvieron el detalle de atender a los medios y de chocar la mano con los niños agolpados en las primeras filas. Cuando Ricardo Uriz, el último jugador en abandonar la cancha, salió de la visión de la grada, esta estaba ya casi desierta. Vacía como la bolsa de fe que el equipo había estado inoculando a los suyos en las últimas semanas. Pisuerga había soñado en algunos momentos con alargar la agonía de una escuadra demasiado castigada por las circunstancias. No pudo ser. 

Ficha técnica:

72 - Blancos de Rueda (22+19+19+12): Uriz (7), López (13), Songaila (9), Martín (12), Borchardt (11) -cinco inicial-, Diego García (6), Robinson (3), Hernández-Sonseca (-), Udrih (11) y Sarmiento (-).

77 - Banca Cívica (22+23+17+15): Calloway (10), English (6), Jasen (7), Rubio (2), Triguero (4) -cinco inicial-, Bogdanovic (13), Davis (5), Urtasun (11), Tepic (6), Satoransky (10) y Sastre (3).

Árbitros: García Ortiz, García González y Sánchez Mohedas. Eliminaron por cinco faltas personales a Uriz (min.40), del Blancos de Rueda.

Incidencias: Encuentro correspondiente a la trigésima jornada de Liga ACB, disputado en el pabellón Pisuerga ante 3.400 espectadores.