Milagro deportivo del Blancos de Rueda Valladolid

El equipo de Pucela ha logrado una de las mayores gestas que se recuerdan en la máxima competición del baloncesto español, al vencer al Barcelona Regal en su cancha, algo que solo había logrado una vez en la historia, escribiendo una de esas páginas insólitas de la historia del deporte

Milagro deportivo del Blancos de Rueda Valladolid
Los jugadores del Blancos de Rueda Valladolid hacen corro tras su victoria ante el FC Barcelona Regal - foto: cbvalladolid.es

Hay veces que en el deporte suceden cosas inexplicables. No son muchas las ocasiones en las que esto ocurre, pero muy de vez en cuando existen pequeñas historias que cambian el rumbo de lo absolutamente predecible, de lo que se da por hecho.

El que suscribe el presente texto no se refiere a las sorpresas que, con un grado mayor o menor de frecuencia, siempre se producen. Todos los años y en todas las competiciones se celebran partidos en los que el equipo pequeño contra todo pronóstico gana al grande. Si bien es cierto que debido a la bipolaridad Madrid-Barça, dichas campanadas han sido más inusuales en el deporte español, estas han seguido teniendo lugar.

Lo que ha acaecido en el Palau Blaugrana hoy domingo 29 de septiembre de 2012 no es un caso de estos últimos. Es mucho más. La mayoría de los medios de comunicación deportivos la califican como la sorpresa o machada de la jornada, pero, si se examinan los antecedentes de uno y otro equipo y las circunstancias en las que ambos afrontaban el choque, uno llega a la conclusión de que la cosa sobrepasa con mucho esas etiquetas y alcanza la categoría de milagro deportivo, hazaña o gesta. Y de estas sí que no hay demasiadas a lo largo de la historia del deporte.

Ni el más optimista hubiera apostado a favor del Valladolid

El Blancos de Rueda Valladolid viene de un verano en el que ha sufrido todo tipo de contratiempos, reveses, zancadillas, castigos por sus propios errores, modificaciones radicales a todos los niveles. Ha sido pasto de la incertidumbre asfixiante y de la agonía que, cual Espada de Damocles, acecha cada paso de la entidad morada desde hace años. El propio Mayordomo lo dijo en el verano y lo reiteró con similares palabras en una carta que se publicó la semana pasada en un medio local de Valladolid. “El Club Baloncesto Valladolid es como el Grand National, superas un obstáculo y detrás tienes otro mayor”.

Definir como calamitoso el curriculum con el que se presentaba el CB Valladolid en el Palau es quedarse en el mero eufemismo. La entidad de Pisuerga ha hecho frente en los últimos meses a un descenso deportivo y a la expulsión administrativa de la ACB. Ha estado en riesgo de desaparición, perdió a su patrocinador principal, el cual luego regresó aplicando la tijera, tiene deudas con jugadores y empleados y procesos judiciales en curso. Ha cerrado cuatro días antes de comenzar la Liga su plantilla, la cual está formada en su mayoría por jugadores sin experiencia en la ACB. Ha conseguido una única victoria en la pretemporada y derrotas humillantes incluso contra equipos de la Adecco LEB Plata. Ha sufrido un cambio sustancial en la directiva hace dos semanas. Para colmo, acudía a Barcelona con la baja de su jugador presuntamente referente, Othello Hunter

Enfrente de todo ese caos respecto al que cuesta imaginarse que pueda continuar subsistiendo, estaba el FC Barcelona, el equipo español más laureado del siglo, campeón el año pasado de la ACB y que llegó a la Final Four. Uno de los equipos más ricos de Europa y cuyo plantel está formado por jugadores de primerísimo nivel como Marcelinho Huertas, Pete Mickael, Jawai, Tomic, Joe Ingles, Erazem Lorbeck o Víctor Sada, cuyo sueldo en algunos casos es prácticamente igual a todo el presupuesto del Blancos de Rueda. Bien es cierto que los culés estaban sin Navarro ni Jasikevicius, que venían de ser derrotados por el Madrid en la Supercopa y que les falta coger el ritmo de competición y acoplarse a los cambios sufridos en su conjunto.

Con todos estos ingredientes en la coctelera, ni los más optimistas hubieran apostado no ya por una victoria del equipo pucelano, algo que sonaba totalmente surrealista, sino ni siquiera por que perdiera por menos de 20 puntos. Sin embargo, el Club Baloncesto Valladolid, vestido de blanco, sin su morado habitual, dio un auténtico recital en la segunda parte del encuentro, remontó 17 puntos de diferencia y se alzó con la victoria por 7 puntos. “Increíble, però cert”, comentaba el locutor de Esport 3, cadena que retransmitió el evento y a través de la cual algunos vallisoletanos pudieron ver entre ralentizaciones y movimientos a cámara lenta por la baja calidad de la señal.

Tal vez fue eso, una simple ilusión óptica provocada por las imágenes que llegaban hasta la capital castellana de aquella manera. Pero no, las múltiples canastas de Sinanovic desde cuatro metros fueron tan reales como las penetraciones de David Navarro cuando solo quedaban dos minutos y el catalán se echó el equipo a las espaldas. Como la penetración de Mohammed en la que anota tras amagar un pase por la espalda. Como la dirección de juego exquisita de Renfroe. Como los tiros libres anotados por Tripkovic a falta de 30 segundos con una sangre fría balcánica espectacular. Y todo ello tan auténtico como los pitos que la afición blaugrana dedicó a su equipo durante el partido y al finalizar el mismo o como la cara de incredulidad del mítico Ferrán Martínez desde la grada del Palau.

Un único precedente

Y esos jugadores del Valladolid antes mencionados, además de Nacho Martín, O´Leary, Edu Ruiz y Grimau, y por supuesto el técnico Roberto González – quien merece un reconocimiento especial por haber sido capaz de preparar al grupo con tan pocos días de antelación –, fueron los artífices de ese milagro deportivo que no tiene prácticamente precedentes. Porque hay que recordar que el CB Valladolid solo había conseguido vencer una vez a domicilio al Barcelona en 37 años. Fue en la 1991. El partido se disputó en el Sant Jordi y en las filas moradas jugaba un pívot lituano que tal vez se llamaba Arvydas Sabonis.

Eran los tiempos de las vacas gordísimas en el deporte español y en el por aquel entonces Forum Filatélico, aunque seguía siendo, igual que ahora con Blancos de Rueda, el Club Baloncesto Valladolid, la misma entidad clásica del baloncesto español que este verano tenía pie y medio fuera de la ACB y que fue readmitida en los despachos para ser de nuevo expulsada y otra vez, de nuevo, aceptada.

Son muchos años de existencia y pocos imaginaban que justo en este momento, en el probablemente más aciago de la historia del club, iba a llegar esta alegría inmensa en el debut que a priori era considerado el menos esperanzador de toda la historia ACB del club pucelano.

Resultado difícil de explicar

¿Las causas? Se pueden señalar probablemente muchas técnicas y tácticas. Muchos dirán que el Barcelona se durmió en los laureles cuando llevaba una ventaja holgada y despreció a un rival tan inferior. Otros hablarán de la zona del Blancos de Rueda que ahogó al Barça. Algunos explicarán la victoria vallisoletana desde la mala lectura de Xavi Pascual respecto al pick and pop jugado entre Renfroe y Sinanovic y que destrozó una y otra vez la defensa azulgrana.

Sin embargo, todas esas claves no bastarían para dar respuesta a lo que ocurrió una mañana de otoño en la Ciudad Condal. La realidad es que por una vez el Dios del deporte quiso conceder un respiro a la racionalidad y se puso el disfraz de irreverente. Deseó que a un club maltratado, deteriorado y vilipendiado le correspondiera el honor y la gloria de protagonizar un capítulo épico del baloncesto español.

Algunas veces, cuando nada parece que puede estar peor, surge una luz inesperada que, contra todo pronóstico y lógica, alumbra la figura del desgraciado. Esto solo era deporte, pero genera la ilusión para pensar que se puede conseguir en otros ámbitos. En ocasiones, el milagro es posible. No siempre el rico y poderoso aplasta al débil.

El Club Baloncesto Valladolid tiene otra oportunidad de, por qué no, obrar otra proeza el miércoles ante el Real Madrid y para ello además contará con el apoyo de una afición pucelana a la que después de lo sucedido hoy le sobran los motivos, que diría Sabina, para abonarse a este equipo que ha pasado de generar tristeza a crear mucha ilusión.

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