La diferencia entre triunfo y fracaso

El Barcelona Regal comienza esta tarde su play-off contra el Lucentum Alicante, que supone también una prueba de fuego para superar una temporada hasta el momento difícil de calificar.

La diferencia entre triunfo y fracaso
Juan Carlos Navarro

Acabar primero de la fase regular de la liga nacional, llegar a la final de la Copa y a la Final Four de la Euroliga indica un nivel al que pocos equipos de baloncesto del continente pueden aspirar y con el que la mayoría solo pueden soñar. Ese es el listón que ha fijado, de momento, el Barcelona Regal en la presente temporada. Muchos clubes, incluso grandes clubes, podrían decir que los deberes están hechos, se ha cubierto el expediente y lo que venga a partir de ahora será bienvenido. Pero no es ese el caso del equipo entrenado por Xavi Pascual, que por algo es entrenador del año en la ACB. El Barcelona solo aspira a una cosa: ganarlo todo. Este año, dos trenes se han escapado ya, y queda un último por coger.

Como cada año, la lucha por el título de la Liga Endesa se promete apasionante, pero tal vez este 2012 con más motivo. Con equipos como el propio Lucentum, el Banca Cívica o el Lagun Aro, equipo revelación, que pretenden demostrar que no están ahí por casualidad; el Valencia Basket, cansado de ser el eterno secundario de lujo, o un Gescrap Bizkaia ansioso por repetir la gesta del 2011, no van a faltar torpederos a esa posible final entre Barcelona y Madrid que mucha gente anuncia. Los azulgranas, después de sonar como claros favoritos a medirse al CSKA en la final de Estambul de la semana pasada, ya no quieren oír profecías, solo salir a la cancha y quemar el cartucho que les queda para darse por satisfechos hasta que pasen los Juegos Olímpicos de Londres y todo vuelva a empezar.

Y es que, a pesar de los momentos de brillantez, de las exhibiciones de circulación de balón y juego colectivo y de la brillantez de hombres como Erazem Lorbek, queda la sensación de que no ha sido el mejor año para el Barça. Las ausencias de Ricky Rubio y Jaka Lakovic se han notado a la hora de manejar algunos partidos, y jugadores que el año pasado estuvieron a su máxima altura, caso de Víctor Sada o Fran Vázquez, no han acabado de despuntar. Otros que brillaron en equipos con menos presión y objetivos, véase Kosta Perovic o Joe Ingles, han dado buenos minutos en ocasiones, para convertirse en meros comparsas en otras. Los fichajes, Marcelinho Huertas, C.J. Wallace y Chuck Eidson, han estado bien, pero se esperaba más de ellos en momentos puntuales en los que los grandes títulos estaban en juego.

Naturalmente, el Barcelona se ha econtrado otro problema adicional: las lesiones. Si Juan Carlos Navarro no ha sido él mismo hasta hace pocas semanas es debido a la fascitis plantar que le ha tenido dolorido, y aún así jugando, durante varios meses. También han pasado por la enfermería Pete Mickeal, Chuck Eidson y Boniface Ndong, y se les ha echado de menos. En un conjunto en el que cada pieza aporta algo diferente, y es precisamente eso lo que convierte al Barça Regal en algo distinto al típico equipo dependiente de uno o dos jugadores franquicia, tantas ausencias se notan. Con voluntad sobre el parqué y buena dirección desde el banquillo se han podido solventar algunos momentos difíciles, pero la magia tampoco existe en el baloncesto, y la falta de un hombre clave hace mella tarde o temprano.

Aún así, 5 derrotas en Liga Endesa y 1 en Euroliga es un nivel muy alto, y los catalanes abren hoy en el Palau la posibilidad de salvar la temporada y dejar atrás todos los sinsabores vividos. Sería una gran sorpresa que el Lucentum, equipo que asombró en la primera vuelta y al que la marcha de Kyle Singler primero y la lesión de Kaloyan Ivanov después perjudicaron seriamente, dejara en la estacada a los actuales campeones, que se saben superiores aunque jamás lo admitirían fuera de la pista. Y, sin embargo, flota en el aire la sensación de que, si no alzan el trofeo de campeones, o si no llegan, al menos a la tercera final de la temporada, los barcelonistas, jugadores y aficionados, se irán de vacaciones con una sensación de fracaso que muchos no comprenderán, pero que diferencia a los equipos campeones de los equipos a secas.