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Los Bulls asaltan la capital con Rose al mando de la tropa

35 puntos y 8 asistencias de Derrick Rose más el apoyo de Boozer, Korver y Noah le bastaron a Chicago para imponerse con más facilidad de la que indican los diez puntos de diferencia final a los Wizards. Los despistes defensivos en los momentos clave y la mala selección de tiro lastraron a Washington, que permanece como uno de los peores conjuntos de la liga. Los Bulls se aúpan en el Oeste, donde el liderato parece que será cosa de dos

Los Bulls asaltan la capital con Rose al mando de la tropa
Rose entra cómodamente a canasta tras superar a Wall

Dos equipos opuestos. Primero contra último en la Conferencia Este. Los Wizards, con la baja de Andray Blatche, recibían en el Verizon Center a los Bulls, que venían de perder el día anterior frente a Miami en el duelo de aspirantes al anillo y no contaban con Luol Deng.

Chicago mete primera

El partido comenzó con las constantes de Washington a lo largo de la temporada, esas que explican por qué solo han ganado cuatro partidos en toda la temporada. Defensa laxa y ataque sin orden ni concierto, fiado a una velocidad que no da resultado; despistes en el rebote, donde Noah manejó a su antojo los primeros minutos. Rose dio un curso avanzado de cómo driblar en dos o tres jugadas y, a mediados de cuarto, Chicago alcanzaba un 66% de tiros de campo y diez de ventaja.

Wall, gran jugador pero falto de calma para controlar los tiempos del partido, avanza como un caballo desbocado cuando recibe el balón y eso le penaliza, pese a la calidad que atesora. Lo mismo les ocurre a los Wizards; buenos jugadores que aceleran sin ideas, toman malas decisiones, realizan tiros incómodos. Y el problema proviene de atrás, pues defienden sin intensidad. También sin cuidado del rebote defensivo, por parte de un McGee que vive dando espectáculo como máximo taponador de la liga pero cuya eficiencia defensiva resulta nula en el contexto global. El banquillo tampoco soluciona las carencias, aunque sí se aprecia algo más de conexión y de táctica. Por el contrario, los de Tom Thibadeu han engrasado la máquina desde principio de temporada y solo el cansancio de algunos back-to-back o algún despiste puntual les han llevado a derrotas.

Velocidad y contagio del descontrol

El segundo cuarto se convirtió en un correcalles, aunque los Wizards subieron un punto en defensa con varios robos y algún tapón de McGee. Sumado a una cierta caraja de los Bulls, la ventaja descendió a seis puntos a falta de 4 minutos para el descanso. Kyle Korver, habitual suplente de Deng, empezó a encestar desde cualquier posición y Rose combinó sus entradas al aro con reparto de asistencias para nutrir a todo el equipo. Precisamente, el base cerró con un buen tiro sobre la bocina. El arreón de los de Illinois proyectó la brecha más allá de los diez nuevamente.

Los de Randy Wittman, sucesor del destituido Flip Saunders, salieron como en la primera mitad. A los cinco minutos de la reanudación, 19 de ventaja. Rose se dedicó a engordar estadística -31 sin acabar el tercer cuarto- y a mover a sus compañeros. El control del rebote y la propia deriva alocada de los Wizards hacían el resto; Nick Young y Jordan Crawford acreditaban 2 de 10 por cabeza y la efectividad de los capitalinos apenas superaba el 30%.

El tramo final de encuentro fue la descripción exacta de lo que allí llaman “garbage time”, los minutos de la basura. La cuestión para Washington es que siempre da esa impresión: cada jugador va a rellenar la hoja de servicios, sin importar demasiado cómo le vaya al resto. Y así poco se puede hacer. Aunque un parcial de 7-0 descendiera por debajo de la barrera de la decena de ventaja por primera vez desde el inicio de la mano de McGee, los Bulls se pusieron serios rápidamente y frenaron las ansias de remontada. Boozer, discreto hasta entonces, anotó tres canastas seguidas, devolvió la calma a Chicago y restó emoción al final. Ambos en busca de su objetivo: el número 1 del draft para los locales, el liderato de la conferencia para los visitantes. 

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