Lance Armstrong, el ídolo de barro

Quisiera seguir creyendo en el héroe, ver mi nombre en el asfalto, libre de sombras galopantes. Quisiera ser ciclismo, aquel que suena como el violín del viento. Quisiera en definitiva que Armstrong hubiera existido realmente para el ciclismo, que el ídolo no fuera de barro y que esta pesadilla jamás se hubiese vivido…

Lance Armstrong, el ídolo de barro
Lance Armstrong, el ídolo de barro

El recuerdo se viste de decepción, cuando los renglones torcidos de Dios dibujan ídolos de barro, falsos ídolos que vuelven a la vida sobre la que hoy nos conmociona con la crudeza de una inmensa caja de mentiras y desilusión. Y en su vuelta a la vida, un ídolo caído nos ganó contándonos los pasos firmes que dio para sobreponerse a una terrible enfermedad, razón por la cual fue admirado, y elevado a los altares como ejemplo de sacrificio y superación. Quizás por ello acabó perdiendo de vista su propia estatura, llegando a creerse un semidiós. En aquel altar en el que no había lugar para la duda, una legión de admiradores idolatramos cada golpe de pedal y vida con los que nos cautivó. Y aunque su historia nos mostró un noble camino para pelear, esta no dejó de atesorar más valor que la de aquellos héroes anónimos que cada día plantan cara a la enfermedad.

Tras esta historia que nos golpea dolorosamente a todos aquellos que amamos el ciclismo trasciende un fondo de duda que mucho me temo jamás podremos disipar. Y plantados en indefinidos comienzos de interminables poemas, nos sorprenden indecisos finales que bifurcan hacia infinitas sendas en las que veladas incertidumbres tropiezan sobre pétreas e interesadas torpezas.

¿Realmente tras la superioridad trituradora que exhibías en tu pedalear, la depredadora forma con la que abatías a tus rivales, se escondía un aumento artificial del rendimiento deportivo? ¿Estamos ante un portentoso deportista o ante la trampa como método? ¿Ha muerto el superhéroe, ha dejado de ser importante competir para ser solo exclusivamente importante y rentable ganar? ¿Qué hubo de verdad en aquellas pulseras amarillas que lucimos en las muñecas de la solidaridad?

Las rotundas palabras de Pad McQuaid derriban a un mito que utilizó vilmente la imagen de un noble deporte que recibe un nuevo golpe en su línea de flotación: "La UCI no recurrirá a la USADA y le quitará los siete Tours de Francia a Lance Armstrong. No hay lugar para él en el ciclismo […]. El mensaje al ciclismo es que hay futuro, pero debe olvidarse de Armstrong […] la estrella resultó ser un mentiroso".

De un plumazo debemos borrar siete Tours de la historia, siete años de fraude situados en el arco generacional de una legión de aficionados que no pueden disimular su enorme decepción. Un periodo comprendido entre 1999 y 2005 sobre el que siempre sobrevoló la sombra de una duda que lastimosamente se confirmó. Es la confirmación de la teoría de la conspiración, como si su tocayo Neil Armstrong jamás hubiera pisado la Luna y todo hubiera sido meticulosamente preparado en un estudio de televisión. Un nuevo y enorme paso atrás para el ciclismo…

Ahora que este ídolo de barro se deshace a nuestros pies, la zozobra de una gran mentira nos golpea con mucha mayor crudeza que una dolorosa verdad. Pues como decía Friedrich Nietzsche, lo que nos preocupa no es que nos hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podremos creer en ti. Y aunque nos duela reconocerlo, la suma de las decepciones nos provoca que cada día nos resulte más complicado creer en el ciclismo, especialmente porque siempre reconocimos en su sacrificio el noble ropaje de la verdad.

Por todo ello solo nos queda cuestionarnos: ¿dónde comenzó y acabó la épica, dónde comenzó la trampa, el umbral y los parámetros límites del ser humano? ¿Desde cuándo los datos de potencia movida por los ciclistas sobrepasan los límites físicos?

Algunas informaciones apuntan al año 94 como el de un salto cualitativo y cuantitativo fuera de los rangos humanos. El debate queda polarizado en el ratio de potencia, desde aquellos 6,47 W/Kg de Riis, hasta los inalcanzables 6,97 W/Kg marcados por Armstrong en 2004 en Alpe d’Huez, tal y como defiende la web sportsscientists.com en este gráfico:

A nivel personal os confieso que como amante del deporte y el ciclismo este es el reportaje que jamás habría querido escribir, pues aún sigo soñando con un pasado mítico coronado en alto y un futuro ausente de oxidados días. Quisiera recomponer deseos y cadenas de cromadas épicas, ser paisaje de dureza y belleza extrema, hacer como siempre del sacrificio espectáculo y recordar que la emoción viste de aliento arcenes y cunetas que enamoran. Quisiera ser ciclismo, aquel que suena como el violín del viento y pedalea incesantemente ante mirlos que amenazan pájaras. Quisiera romper piernas con un ataque, saltar las órdenes de equipo para reventar una carrera y alzar mis brazos limpios al cruzar la meta. Quisiera seguir creyendo en el héroe, ver mi nombre en el asfalto, libre de sombras galopantes. Quisiera en definitiva que Armstrong hubiera existido realmente para el ciclismo, que el ídolo no fuera de barro y que esta pesadilla jamás se hubiese vivido…