Usted está sufriendo

El proceso iniciado por la USADA contra Lance Armstrong finaliza con el estadounidense despojado de sus siete Tour de Francia y asesta otro golpe mortal al ciclismo. Ahora la UCI, responsable de muchas cosas, intenta borrar del mapa al americano, algo que parece difícil con todo lo que rodea al caso.

Usted está sufriendo
Lance Armstrong. Imagen: Archivo Vavel

“Sea usted el Presidente Nixon o un hombre de la calle, usted está sufriendo”. En plena crisis económica estadounidense, el candidato demócrata George McGovern  resumía en esa escueta frase la situación del país. En ella intentaba concienciar a la ciudadanía de que la recesión era un problema para todos, independientemente de que fuera su máximo rival quien tuviera la culpa.  Aquella afirmación tan recurrente,  puede plantearse actualmente a todo lo que rodea el ciclismo. Porque hoy nadie puede estar contento, ni erigirse en caballo ganador de un proceso cuyo último paso ha sido desposeer a Lance Armstrong de sus siete Tours de Francia. No es una victoria, aunque muchos la subrayen como tal. Hoy sea usted Lance Armstrong, Travis Tygart, Johan Bruyneel, Frank Andreu, Pat McQuaid o un simple lector, si usted ama este deporte, está sufriendo.

Puede que tengan razón aquellos que tachan de ingenuos a quienes creyeron que un hombre que rozó la muerte por culpa de un cáncer testicular, con metástasis en  pulmón y cerebro, pudiera después ganar siete veces consecutivas la carrera ciclista por excelencia sin ningún tipo de ayuda ilegal. En 1999 Armstrong se volvía a subir a una bicicleta para competir en un ciclismo tan enfermo como él,  que intentaba ganarle la batalla a un tumor llamado Festina, aquel equipo envenenado de la A a la Z que había puesto en jaque el futuro de este deporte. Con la credibilidad tremendamente minada, la historia de superación del chico tejano que ganaba la batalla a la muerte y volvía para celebrarlo de amarillo en los Campos Eliseos fue un salvavidas. Luego vino el segundo, el tercero, el cuarto… y así hasta sumar un total de siete, récord absoluto. El sueño americano en su máxima expresión.

La irrupción de Armstrong fue un salvavidas un año después del caso Festina

Durante casi una década el ciclismo vivió tranquilo y todo el mundo disfrutó. Los casos de dopaje eran aislados y el público se preocupaba más de buscar alternativas reales al estadounidense  dentro de la carretera que de preguntarse si eran verdad aquellas voces que hablaban de grandes laboratorios que ofrecían a los ciclistas sofisticados sistemas de dopaje. Por aquel entonces lo contaban Steve Swarts, Emma O’Reilly o Jesús Manzano, pero no se investigaba. Puede que en la ignorancia se viviera mejor. El ciclismo había recuperado su glamour tras verse al borde del precipicio y nadie supo o quiso ver la realidad.

Ahora se destapa que Armstrong también era mentira, tras años estrechando el cerco sobre él. En los últimos de su carrera deportiva y tras su jubilación, aquellos espectaculares siete Tours en los que su figura, la de su equipo y la de sus rivales brillaron, se han ido sumiendo en un mar de sombras. Los primeros en caer fueron sus compañeros: Tyler Hamilton en 2003, Roberto Heras en 2005, José Azevedo y Floyd Landis  en 2006 o ‘Triki’ Beltrán en 2008. Todos se vieron envueltos en casos de dopaje en cuanto se alejaron de su líder. Pero lo peor fue comprobar cómo sus rivales durante ese tiempo también eran imputados en diferentes tramas. A Zülle, su primer gran adversario, le salpicó el caso Festina. Jan Ullrich, Joseba Beloki, Andreas Kloden e Ivan Basso, que se repartieron la segunda posición en el resto de rondas francesas, estuvieron, con mayores o menores consecuencias, envueltos en la famosa Operación Puerto. Otros como Mancebo, Valverde, Vinokourov, Rumsas o  Mayo, rivales del americano en diferentes rondas, también se vieron inmersos en consumo de sustancias prohibidas (sólo el primero se libró de la sanción, porque entonces no había ley en España).

Tras años estrechando el cerco sobre él, se descubre que Armstrong también era mentira

Todos esos datos eran poco alentadores. Si miramos los Tours de 2002, 2003 y 2005 comprobamos que entre los 10 primeros corredores apenas hay dos que nunca estuvieron envueltos en ninguna acusación por consumo de sustancias prohibidas. En 2004, tres. Con ese panorama de rivales y gregarios, ¿era posible que Armstrong, el chico tejano que superó un cáncer, ejemplo para cualquiera, fuera una excepción? Pues parece que no, porque la USADA ahora da la razón a aquellos que siempre le señalaron con el dedo acusador y destapa una de las mayores redes de dopaje de la historia del ciclismo. No es sólo que Lance utilizara unas técnicas de consumo de sustancias prohibidas indetectables, sino que sometía a todo el mundo ciclista a su voluntad.

Se cuenta como arruinó  la vida deportiva de Christiphe Bassons y Simeoni, dos corredores que dudaron de él y que fueron sometidos a un acoso sin precedentes encima de la bicicleta, mientras el pelotón miraba hacia otro lado. Se destapan las técnicas que utilizaba dentro del equipo, donde hacía y deshacía a su antojo. Los diarios ofrecen con todo tipo de detalles como usaba la casa de Hincapie cuando le venía en gana sin respetar la intimidad de su amigo; publican conversaciones en las que Van de Velde era obligado a doparse si quería “seguir en el equipo” e incluso Levy Lepheimer denuncia amenazas de muerte contra su esposa por parte de su antiguo líder (“corre, no andes”). Tampoco la UCI se salva. Se dice que en 2001 aceptó dinero para tapar un positivo del estadounidense. Su historia actual parece rescatada de una película  de Scorsese, con mafiosos y tiranos que dominan en la sombra ante la impunidad de la justicia y el beneplácito de la sociedad.

Armstrong, Ullrich y Vinokourov, tres implicados en escándalos. Imagen: Reuters

Todas esas acusaciones se basan en declaraciones de 26 testigos (15 de ellos ex ciclistas), que en su día callaron y ahora afirman haber sido parte activa de los tratamientos ilegales de Michelle Ferrari y García del Moral, entre otros. Hay números de cuenta, transacciones bancarias y decenas de situaciones como las mencionadas anteriormente, más propias de un programa rosa que de un informe de dopaje. 1000 páginas con las que destruir al chico tejano que ganó un Tour después de vencer a la muerte.

Chico tejano que, por cierto, se embolsó cientos de millones de dólares que ahora tendrá que devolver. Caen con él  los pocos ciclistas en activo que quedaban limpios del antiguo US Postal (o Discovery Channel) y también Johan Bruyneel, eterno director. Y el pelotón calla y reza todo lo que puede para que el goteo de información cese, porque la estructura de aquel equipo continuó después de Armstrong y todavía pueden salir más nombres. Porque dentro de esas páginas de la USADA se acusa directamente al Rabobank, equipo más antiguo del pelotón, de dopaje constante, razón por la que el patrocinador holandés ha retirado su apoyo en aras de que el asunto pase de puntillas. Y porque con los preocupantes casos de los últimos años de los Ricco, Rassmusen, Contador o Frank Schleck (este último precisamente bajo el paraguas de Bruyneel), el ciclismo está cerca del encefalograma plano.

El pelotón reza para que el goteo de información ceses

Claro que los hay que afirman que pruebas, más allá de las declaraciones tardías, no hay muchas. Positivo, al menos, no se ve. En teoría pasó 218 controles, todos limpios (hay un caso en el Tour del 99 del que quedó absuelto). Pero en el informe de la USADA se recogen transfusiones de sangre y productos como Actovegin, que hacen de enmascarador. También se asegura que Bruyneel tenía una lista con las fechas en las que se iban a realizar los controles sorpresa. Armstrong calla y se sospecha de su silencio, pero más de un abogado recuerda que uno no tiene que demostrar su inocencia, sino que se tiene que probar su culpabilidad. Como valor constatado sólo están las transacciones de casi 12.000 euros realizadas por ‘Chechu’ Rubiera al doctor Ferrari.

Están también los de “no hay más ciego que quien no quiere ver”, algo lógico, pues tantas y tantas coincidencias no pueden ser meras casualidades. El informe de la USADA pasa a revelar lo que muchos se temían: el ciclismo tenía un problema un año antes de Amrstrong, lo tuvo durante el dominio del americano y lo mantiene actualmente. Por supuesto, surgen dudas de aquellos míticos campeones que estuvieron antes y que no sufrieron controles tan exigentes. Realmente, se duda de todo. Quizás habría que entrar a debatir el propio deporte en sí, la dureza de los recorridos, las exigencias de los patrocinadores o el sistema de puntos. Quizás simplemente sea imposible competir al nivel que todo el mundo quiere actualmente sin sustancias prohibidas. Quizás la lista de productos considerados dopantes sea completamente desmesurada y se juzgue con doble rasero cuando de ciclismo se trata. Quizás realmente sea un deporte perseguido o quizás sea verdad que dando más manga ancha se seguiría buscando la trampa. Quizás sí o quizás no.

Lo único seguro es que ahora Lance cae en picado y aquellos organismos que durante siete años se aprovecharon de lo beneficioso de su imagen se apresuran a fulminarle del mapa. Una especie de borrón y cuenta nueva, como si despojándole de sus títulos, cambiando la historia en Wikipedia o subrayando lo importante del nuevo estado del americano en su Twitter, la gente fuera a olvidar al campeón. En las retinas de los aficionados quedan sus victorias ante grandes rivales que también hicieron trampa ¿Ganó por dopaje o por ser el mejor que se ha visto?

La realidad es que durante siete temporadas la gente disfrutó con el ciclismo y a un servidor le parece difícil que si usted es de los que quiere este deporte y ahora sufre realmente por todo esto, pueda olvidar aquello, cuando los rivales derrotados de entonces y las organizaciones que  intentan desmarcarse ahora, 12 años después, estaban dentro de la misma rueda. Quizás habría que seguir preguntándose cosas, como la razón por la que Armstrong consiguió tanto poder. Incluso plantearse el ciclismo en sí. O quizá no. Pero si a usted le gusta este deporte, usted está sufriendo.