Francisco Cepeda, la primera víctima del Tour

El Tour de Francia es probablemente la carrera más grande que existe en el mundo del ciclismo, pero ni ese motivo impide que sus carreteras tengan su propia leyenda negra. Una leyenda negra que escribió su primera página con el malogrado Francisco `el Negro´ Cepeda.

Francisco Cepeda, la primera víctima del Tour
Francisco Cepeda, posando ante las cámaras (Foto: www.deia.com)
Francisco Cepeda nació un 8 de marzo de 1906 en la localidad de Sopuerta (Vizcaya), siendo hijo de Agustín y Tomasa, quienes además de a Francisco, tuvieron otros cuatro hijos y una hija más. Su familia no era especialmente pudiente, por lo que se ganaban la vida en un pequeño comercio que tenían en los bajos de su casa, además de con el trabajo en el campo.
 
Francisco se aficionó a la bicicleta muy joven, siendo apenas un adolescente, con la que iba y volvía continuamente de Bilbao, en donde vivía su prima Teresa, con quien tenía una gran afinidad. Allí, además de su gran relación con su prima, también podía dedicarse a hacer algo que le encantaba al `Negro de Sopuerta´, como también era conocido, que era tontear con las mujeres. Francisco, o Paquillo como le conocían en su pueblo, a pesar de que se dedicaba desde joven a las bicicletas, también gustaba de ayudar en la huerta que trabajaban sus padres en cuanto tenía algo de tiempo libre.
 
Con apenas 19 años, en 1925 comenzó a competir como profesional del ciclismo, participando en varias carreras y siendo campeón de Vizcaya. También participó en varias ocasiones en carreras como la Eibar-Madrid-Eibar, una competición de gran relevancia en el norte del país. Mientras, al tiempo que realizaba competiciones por el país, era juez municipal en su pueblo, hasta que su ilusión por participar en la carrera más importante del mundo del ciclismo, su sueño y el de todos los corredores que se precien, el Tour de Francia, hizo que tuviera que decantarser por abandonar su profesión, ya que esta era totalmente incompatible con sus entrenamientos.
 
Con ese buen palmarés y renombre que se había ido labrando en sus años de profesional, en 1930 por fin consigue participar en el Tour de Francia, su verdadero sueño. Para ese año se formaría el equipo estatal vasco y él, con el dorsal 101 a su espalda fue uno de los miembros del equipo. Su experiencia fue bastante positiva, ya que finalizó en la posición 27ª, dando buenas sensaciones como escalador y siendo el primer corredor español en concluir la carrera, lo cual fue un motivo de gran orgullo para su familia. En 1931 la selección estatal no iba a participar en la ronda francesa, por lo que teóricamente no iba a participar en la carrera, pero Desgrange abrió la puerta a los corredores que no tuvieran equipo, con la catergoría de tourista-routier, en la que se apuntó Cepeda. Allí tuvo peor éxito que el año anterior, ya que tuvo que abandonar la carrera debido a un forúnculo que casi le costó la vida y le causó una baja muy prolongada hasta su total recuperación. No pudo volver a participar hasta 1933, en donde iba a ir acompañado por un ciclista de bastante renombre a ambos lados de los Pirineos, Vicente Trueba. Pero esa en edición tampoco tuvo la fortuna de su lado y después de llegar fuera de control en una etapa, tuvo que abandonar la carrera.
 

Su siguiente, y última participación en el Tour de Francia fue en el año 1935. Él sería uno de los 93 valientes que el 4 de julio tratarían de ser los primeros en recorrer los casi 4.500 kilómetros de los que constaría ese año la edición número 29 de la carrera. Ese año la participación española era excepcional, pues aparte del propio Cepeda, también son partícipes en la carrera Mariano Cañardo, Federico Ezquerra o Vicente Trueba, destacando de entre los once participantes españoles. Pero la carrera no comenzó nada bien para el equipo español, ya que en la quinta etapa de la carrera, la que unía Belfort y Ginebra, abandonan Ezquerra, Trueba y Cañardo, siendo este último el que en mejor forma se encontraba. Ezquerra, por su parte, sufre de colitis y Trueba señala a la prensa que el había sido obligado a participar contra su voluntad, ya que no quería haber acudido a la prueba francesa. Por supuesto, la prensa francesa cargó muy duramente contra todos ellos.

Pero si las noticias para el ciclismo español en aquella edición del Tour no estaban siendo positivas, estas noticias se iban a teñir de tintes negros a partir del día 11 de julio, en el que se disputaría la etapa que uniría Aix- Les Bains y Grenoble, en la que sería la tercera etapa montañosa de la carrera. El día comenzaría mal para la organización de la carrera, ya que Gustave Danneels y Antonin Magne son atropellados por un coche y se ven obligados a abandonar la carrera como consecuencia del atropello. Pero esas desgracias no serían nada comparadas con la que iba a ocurrir unas horas más tarde.
 
El Galibier había sido coronado por el grupo cabecero de la carrera, grupo en el cual se encontraba Cepeda. El grupo comienza un descenso bastante rápido y cuando están cerca de terminarlo, al paso por el Lautaret, un ciclista pierde el control de su bicicleta y da con sus huesos en el suelo, de manera bastante grave. Ese hombre es Paquillo Cepeda, el Negro de Sopuerta. La versión oficial que da el Tour es que reventó el tubular delantero de la bicicleta, pero muchos sectores señalan que el ciclista fue arrollado por un nuevo vehículo, versión que no iba a tolerar la dirección de la carrera, después de los dos accidentes ocurridos durante la mañana. Aquella etapa fue vencida por Francesco Camusso y el maillot amarillo seguiría, como durante toda la carera, en la espalda del mismo corredor, Romain Maes.
 
Cepeda es trasladado en estado grave y sin conocimiento al hospital de Grenoble, en donde confirman la gravedad de sus heridas: fractura de clavícula, de húmero y la más preocupante de todas, fractura en la base del cráneo. En el hospital deciden practicarle la trepanación, realizada con éxito, pero el corredor ya no conseguirá recobrar el conocimiento. Finalmente el corredor fallecería tres días más tarde, un 14 de julio, día grande en Francia, sin haber sido capaz siquiera de haber recobrado el conocimiento tras su grave caída. Testigo directo del fallecimiento fue su hermano mayor, Gerardo, que había llegado al hospital pocas horas antes de que se confirmase la muerte del corredor.
 
Al día siguiente a la muerte de Cepeda, el presidente del comité regional vasco de la U.V.E, Gervais, pide que se retiren todos los corredores españoles de la carrera, en honor al fallecido, pero los españoles decidieron llegar hasta París, portando brazaletes negros, y una vez allí, donar parte de los beneficios para sufragar el traslado del cadáver hasta Sopuerta.
 
Ese mismo día, uno después de confirmarse la muerte, entre coronas de flores, los cónsules de Alemania, Italia, más representantes del periódico L´Auto, la Unión Velocipédica de Francia, y un largo etcétera de personalidades del ciclismo, parte desde Grenbole en dirección a la frontera el tren que iba a trasladar los restos mortales del Negro de Sopuerta. Junto a él partiría también su bicicleta, una máquina maravillosa para la época, ya que incorporaba el piñón de varias coronas, una bicicleta a la que con los años se le perdió el rastro. El día 19 sería cuando llegaría el cadáver a Bilbao y de allí será conducido hacia su localidad natal en coche, donde le aguardaban sus padres y los millares de personas que acudirían a Sopuerta al funeral del corredor vasco. Siendo especialmente destacable la presencia de gente del mundo de la bicicleta, como fue el caso de Vicente Trueba.
 
Hasta aquel 11 de julio de 1935, en las rampas del Lautaret, llegó la leyenda de Francisco Cepeda, un bravo y ágil escalador vasco que no solo pasó a la leyenda como el primer corredor vasco en conseguir finalizar el Tour de Francia, en su primera participación, sino que pasó a la leyenda mundial por ser la primera víctima que se cobraban las carreteras del Tour de Francia
 
 
Foto 1: www.deia.com
Foto 2: memoriasclubdeportivodebilbao.blogspot.com
Foto 3: memoriasclubdeportivodebilbao.blogspot.com