"Prometheus" de Ridley Scott, la gran huida hacia delante

El nuevo proyecto del director británico se estrena abriendo la puerta a un pasado conectado con la mítica saga sobre "Alien". Tres décadas después, con las infinitas posibilidades de la era digital y un reparto encabezado por Charlize Theron, Michael Fassbender y Noomi Rapace, Ridley Scott retoma la historia que redefinió el thriller de ciencia ficción con un valiente vistazo hacia el origen, pero dejando demasiadas cuestiones sin resolver.

"Prometheus" de Ridley Scott, la gran huida hacia delante
Prometheus (2012)

Ridley Scott vuelve a los zapatos de director con "Prometheus" bajo el brazo y una campaña de promoción de las que acaban contando más que la propia película. A los teaser, trailers, carteles e imágenes habituales se le han unido otros materiales audiovisuales que han alimentado el ansia de aquellos amantes de la saga Alien, ya que si algo ha dejado claro Scott desde el principio es que este thriller espacial tiene una conexión directa con aquel que en 1979 redefiniera el género Sci-Fi bajo su dirección, "Alien, el octavo pasajero". Él no dirigiría ninguno de los siguientes tres encuentros de la Teniente Ripley con el alienígena —algunos más afortunados que otros—, pero en estos tiempos de secuelas, precuelas, "recuelas", versiones alternativas y "revisitaciones" varias la tentación es fuerte y, diseños de H.R. Giger en mano, ha decidido preguntarse que precedió a la idea original de Dan O’Bannon.

Aunque no lo parezca, dejar sombras en el pasado de algunas historias puede tener sus ventajas, como la de evitar meterse en camisas de once varas decepcionantes, una norma que con sus más y sus menos han mantenido los filmes protagonizados por la infatigable Ellen Ripley (Sigourney Weaver), siempre pensados hacia delante. «Fueron en busca de nuestro origen. Lo que encontraron podría ser nuestro fin», así se presenta el filme, unas abrumadoras palabras que contienen, literalmente, lo que esperar de Prometehus, y pobre de aquel que espere una línea más que lo complete y cierre algún interrogante de los que se abren: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos? y por supuesto, todos aquellos que le acompañan en paquete como previa de Alien, porque Ridley se encarga de que esta relación quede patente a través de guiños, marcas de la casa e incluso cierto regustillo "Nostromo" en algunos miembros de la tripulación de la nave Prometheus —o al revés si hablamos cronológicamente, claro—. Pero de «bicho malo (alienígena) nunca muere» y de su fijación por colarse en área humana para matar, matar y matar ya estamos servidos de sobra, así que lo que se espera es algo más —de lo contrario ¿para qué una precuela?—, si encima va acompañado de una explosiva teoría sobre el origen de la especie humana que promete saltarse centenas de años de darwinismo, como mínimo se está prometiendo la repanocha. Y lo cierto es que es la repanocha, pero de las huidas hacia delante, una huida de las peligrosas que hacen crecer el guión hacia un fin con poca salida, sin bandazos, pero sin giros especialmente interesantes que si en algo contribuyen es a sumergir en agujeros cada vez más oscuros a la tripulación de la Prometheus.

Como era de esperar, la pantalla grande no desmerece el filme en sus aspectos tecnológicos, con efectos especiales espectaculares, cierto cuidado en mantener la estética tecnológica de Alien —que en alguna ocasión queda en el intento— y la supervisión de H.R. Giger en la mayoría de los diseños. En realidad no se podía esperar menos, aunque se haya desterrado el peso del encerramiento claustrofóbico que ha caracterizado la saga durante tres décadas gracias a que ya no son necesarios los trucos visuales manufacturados para solventar las limitaciones tecnológicas. Como consecuencia de ello, el impacto ya no reside tanto en los FX, sino en la creatividad del guión, que en este caso tiene como principal característica salirse por la tangente. Hay destellos de algo más que luchas por la supervivencia, como el intento de paralelismo entre la relación del ser humano con los androides que construye y la suya propia con sus “ingenieros”, pero la cosa queda en dos o tres momentos poco valientes en diálogo que cierran el tema haciendo aguas y desterando así alguna posibilidad de trascender más allá de los créditos finales.

"Prometheus" recuerda a uno más de todos esos thrillers «Sci-Fi» que prometen buenos momentos de palomitas de vez en cuando, con las incoherencias anacrónicas y argumentales propias, con algún personaje que sólo luce palmito y los demás desvaríos e imposibles propios de la falta de atención en los detalles —que de paso provocan alguna sonrisa— y que no molestan demasiado o al menos no a todos del mismo modo, ya que una vez acabada la película, a otra cosa. Pero Scott no nos deja irnos a otra cosa. Nada se cierra y el epílogo final es la confirmación de que "Prometheus" no tiene el peso suficiente para convertirse en la primera parte de varías posibles sobre la Era pre-Alien, ya que el resultado final es más propio de una nimia introducción que acaba como empieza, prometiendo respuestas. Es indiferente si el objetivo de Ridley es crear una tri-precuela al estilo Star Wars o una serie independiente que conecte de algún modo con la que comenzó hace ya 33 años, porque en cualquiera de los dos casos, "Prometheus" es un primer cartucho desaprovechado.

 

Notas, críticas y reflexiones aparte, trailers oficiales hay varios, pero lo que ha destacado de la promoción de "Prometheus" han sido virales como el vídeo promocional sobre el "David 8". En el universo Alien un androide es indispensable.