La victoria que el mundial le debía a Kimi Raikkonen

El finlandés puntuaba y puntuaba, con opciones reales de mundial hasta hoy, no conseguía nunca lograr una victoria que se merecía desde hace varias carreras. Este domingo, su frialdad, combinada con su rapidez y con un poco de suerte, le dieron un premio más que esperado.

La victoria que el mundial le debía a Kimi Raikkonen
Foto: F1aldía

Faltaban 3 carreras, pero el mundial ya le debía una. Su trabajo, intachable, firme en cada carrera con un coche inferior al de sus rivales, peleando de tú a tú con ellos y esperando que le llegara una oportunidad. Es imposible competir ante el Red Bull, y él lo sabe perfectamente. No ha necesitado lamentos ni protestas, ha preferido seguir en pista. Tercero en el mundial, hoy las opciones de Kimi se han disipado para ganar el título mundial, sin embargo, no podría ser un día mejor para él.

Como bien ha dicho en rueda de prensa, probablemente este lunes, o martes, se sentirá mal, le quedan 2 semanas de fiesta, en sus propias palabras, en las que espera pasar algún día por casa. "Al equipo no le molesta mientras esté bien para el próximo gran premio", declaró. Un piloto que diga esto seguramente sería visto con malos ojos, pero él es Raikkonen. 
 
En este GP pudo hacer lo que de verdad se le da tan bien: ser el más rápido, el hombre con el ritmo demoledor, da igual su coche, en eso no hay quien le gane. Pudo con un Ferrari superior y un Red Bull muy superior; del Mclaren, sin embargo, se encargó la suerte. Parece que hoy era el día señalado en el calendario por la diosa fortuna para que Iceman volviera a "sonreír" en lo más alto del podio.
 
Los seguidores de este deporte añoraban ya ver su extraña cara, esa que denota alegría pese a su seriedad, a sus declaraciones tan... Kimi. Este deporte ha ganado mucho con su regreso, jamás nadie pensaría que un tipo tan frío engancharía tanto, pero es así, él es así. Buena cuenta de lo extraño que es la puede dar su ingeniero, con el que mantuvo una divertida conversación -llamémosla así- en la que Kimi le pidió amablemente a su ingeniero que, en palabras honestas, le dejara en paz. 
 
En esta carrera que pintaba tan mal, en la que se pensaba que Hamilton ganaría, y de no ser él, Webber o Alonso lo harían, apareció una vez más el finlandés. Una brillante salida fue suficiente para colocarse segundo, pero contra Hamilton no podía. Vueltas más tarde el motor del británico volvió a fallar, algo que Kimi recuerda mucho de su Mclaren, su fiabilidad. A partir de ahí, el liderazgo no se le escapó. Hizo gala de la rapidez que le coronó en su día como el hombre con más de 37 vueltas rápidas en carrera, todo un mito.
 
Mientras la F1 celebra que Kimi esté de vuelta, y Kimi celebra... lo que sea, el público se centra en el título mundial, sin querer ver que tras las máquinas perfectas de Horner y el Ferrari se encuentra un Lotus a la sombra que cerca ha estado de poner en apuros a estos favoritos, y que, de haber contado con un punto extra de velocidad en esta parte final de la temporada, podría dar una situación similar a aquel 2007 en el que Kimi enseñó a Fernando Alonso y Lewis Hamilton el valor de la seriedad, la frialdad y la calma.