Estrella desflecada

Estrella desflecada
Sergio Lozano se duele de una entrada recibida (foto: Getty Images).

Sergio Lozano cae al parqué víctima de una entrada de Je cuyo castigo los árbitros principales no ven punible. El madrileño se retuerce y bucea sobre la cancha a la par que intenta buscar alivio irremediable. Golpea y aprieta su tobillo. Consciente de la imposibilidad de continuar, abandona la pista entre lágrimas que evidencian un contratiempo. Sin tener noción alguna en aquel momento, fue el preámbulo de una obra que empezó siendo dulce y acabó amargando el paladar hispano.

Para entender la magnitud de la empresa, las expectativas previas a la cita asumen un papel primordial. Entre todas ellas se observó una por encima del resto, algo que en los últimos años se había convertido en el manjar estrella –y más esperado- de las citas mundialistas. También se produjo en Tailandia, si bien las dudas acaecieron prematuramente sobre la mente española a la orilla del camino de salida (empate contra Irán), su homónimo brasilero apenas interiorizaba la presión inicial a base de goleadas. Ambos caminos, concluyentes en la dimensión onírica, se acercaban en la realidad.

Una vez llegó el cruce por el que todos apostaron, un gigante posó sumiso ante el otro durante el primer round. La rojigualda desactivó la samba canarinha en los primeros compases, reluciendo un orden táctico directamente proporcional a la frustración que deambulaba en el ambiente de los de Marcos Sorato. Tal fue el grado de desconocimiento del alma verdeamarelha que sus armas, acostumbradas a apoyar la plasticidad, tornaron hacia métodos más agresivos.

Entonces lloró Sergio Lozano. 

Sería hipócrita depositar responsabilidad en la balanza arbitral, pero resulta llamativo que hubiera cinco colegiados originarios de países que no han participado en el torneo pero que, precisamente, sean jueces de dichos estados quienes mediarían la lucha por la corona global. Perú, Inglaterra, Hungría, Ecuador y Cuba, con una reciente y novicia tradición futsalística, fueron designados por la FIFA para regular el enfrentamiento más importante de este deporte. La inexperiencia y la falta de criterio quedaron patentes tanto para un combinado como para otro.

Lo lógico hubiera sido que, compartiendo nacionalidad las principales potencias en la cancha con los silbatos de mayor prestigio, los réferis más idóneos procedieran de Italia, Rusia, Portugal o, incluso, Argentina. Sin llegar a concebirse necesariamente justo –que también-, sí que desprendería mayores dosis de raciocinio que lo escogido. No obstante, no se pretende señalar como factor decisivo (ni siquiera lo es).

Tras el entreacto, el chip cambió. Brasil se salpicó la inferioridad y sacó brillo a sus galones. Demasiada tardanza había acontecido hasta las primeras muestras de potencial sudamericano que, finalmente, aparecieron de las botas de Neto tras despiste de la zaga española. Un espasmo en carnes mediterráneas. No obstante, dos relámpagos en apenas un minuto (Torras y Aicardo) devolvería el dominio a España hasta que, a falta de tres minutos de la conclusión, Falcão volvería a aparecer como ya hiciera ante Argentina para empatar el encuentro e ir a la prórroga.

Diez minutos extra con una carga imprevista: las cinco faltas obligaban a contener una rabia desbordada que a punto estuvo de explosionar en dos ocasiones. En una –larga y flemática-, Juanjo desbarató el doble penalti ejecutado por Rodrigo; en otra –más cruel y fugaz-, Neto apuñalaría el pecho español a falta de 20 segundos.

La tercera estrella quedó huérfana. 

Casi siete años y 119 partidos después, el ciclo de imbatibilidad que comenzó ante Brasil (11/12/2005) se cerró frente a los mismos rivales. En contraposición, la insignia de Tailandia 2012 completaría el pentacampeonato años después de que los brasileros dieran comienzo a su sendero en Países Bajos 1989, Hong Kong 1992, España 1996 y Brasil 2008 (más los dos torneos mundiales de FIFUSA). La bordadura española tendrá que esperar.