Serial Mundiales de Futsal: Hong Kong 1992, una tempestad llamada Brasil

Hong Kong se encargaba de organizar el segundo Mundial de la historia futsalística casi cuatro años después del anterior. Idéntico vencedor, pero sensaciones diferentes. Las dolencias que el combinado carioca acusó en los Países Bajos quedaron borradas de un plumazo merced a una efectividad inusitada: siete victorias en ocho encuentros y 44 goles anotados. Brutal.

Serial Mundiales de Futsal: Hong Kong 1992, una tempestad llamada Brasil
Los campeones recibieron su premio (foto: hsw.com.br.

Del país de los tulipanes nos trasladamos al estado cuya bandera porta una bauhinia característica de la flora asiática. En principio, la elección de Hong Kong como sede quebró las expectativas de éxito de la FIFA, pero su productiva respuesta satisfizo completamente el crédito invertido –tanto emocional como monetario- en la región. Pequeña extensión, pero gran repercusión.

Las expectativas, de nuevo, se cernieron sobre los vigentes campeones, Brasil, más incluso que en la edición anterior, puesto que entre sus armas más  lucrativas se encontraban Jorginho (Balón de Oro del campeonato) y Manoel Tobías (uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol sala). Como curiosidad, sólo Serginho estuvo presente en el título levantado por los cariocas en 1989. Un armario renovado que no agotó la sed de título.

Mismo sistema, cuatro grupos con otros tantos conjuntos en sus filas: Argentina, Polonia, Nigeria y el anfitrión militaban en el grupo A; mientras que el B estaba conformado por la sorpresa del torneo, Irán, junto a Países Bajos, Italia y Paragua; Brasil comenzó su paseo en el grupo C, en el que también se encontraban Bélgica, Australia y Costa Rica, y, finalmente, España quedó dentro del mismo grupo que Estados Unidos, Rusia y China. Algunos, ya experimentados en el fragor de la batalla; otros, inexpertos en una fase final. Nula indiferencia a tenor de los resultados desarrollados.

El primer grupo carecía de una historia fuertemente atrayente, por lo que el hilo conductor era predecible desde millas de distancia. Argentina y Polonia superaron sin mucha problemática los envites de Hong Kong y Nigeria, así que avanzaron cómodamente a la segunda fase. Mismo diálogo podríamos entablar con Irán y Países Bajos que, con dos victorias, consiguieron suficiente botín para eliminar a Italia y Paraguay del campeonato. Llamativo fue el caso de los iraníes, puesto que perdieron el primer encuentro (2-1 vs Países Bajos) sin que eso les privara de reaccionar en los dos encuentros siguientes y conseguir cuatro puntos (dos puntos por triunfo) gracias a 17 goles.

No obstante, el jugo del torneo arribaría en los grupos venideros. El C, con Brasil como cabeza de cartel, quedó arrasado por la potencia de la verdeamarela: tres victorias, 23 goles a favor y uno en contra. Una carta de presentación impecable. Bélgica acompañaría a los sudamericanos después de vencer a Australia y Costa Rica. El último encuadre tampoco deparó demasiadas sorpresas. España y Estados Unidos decidieron acceder a la siguiente fase sin exhibir potencial frente a China y Rusia que, sin embargo, ofrecieron buenas –pero irregulares- sensaciones.

La segunda fase depararía el anticipo de las dos finales que acabarían llegando unos días después. Brasil y Estados Unidos acabarían con Argentina y Países Bajos con una cascada de goles (13 y 11, respectivamente) y clasificar a semifinales. Lugar donde les esperarían Irán y España por un espacio en la final después de apabullar a Bélgica y Polonia. Agradable equilibrio en las semifinales, con un combinado nacional perteneciente a un continente distinto: Irán vs Estados Unidos y Brasil vs España.

Desgraciadamente para el conjunto de Javier Lozano, la escuadra ibérica debió enfrentarse –de nuevo- con Irán en la final de consolación, pero con un resultado distinto al finalizado en la segunda fase. Esta vez fueron los españoles quienes sumaron el primer podio del dilatado palmarés hispano gracias a un 9-6 final, lo que no hace desmerecer el sorprendente trabajo realizado por los asiáticos. Sin posibilidad de mitigación, el nombre de Saeid Rajabi Shirazi quedará grabado en la historia de los Mundiales como el segundo Bota de Oro que más goles ha marcado en una fase final: 16 (Manoel Tobías marcó 19 en Guatemala’00). Toda una proeza.

 

Consecuentemente, la final se disputaría entre dos conocidos que ya desenvainaron sus espadas cinco días antes de la última batalla. El preámbulo (3-3) anunciaba el guión establecido en las finales, donde la igualdad se asienta irremediablemente. Y así lo hizo hasta poco después del inicio del segundo acto, cuando el tanteador marcaba empate a un gol. Nervios y crispación envolvían el Coliseum de Hong Kong, consciente del pedazo de Historia que aguardaría por siempre. Casi de repente, dos goles brasileiros en apenas un minuto terminaron por arruinar las esperanzas americanas, que vieron en el cuarto gol (obra de Manoel), la sentencia definitiva y el 4-1 final. Volvía a ocurrir.

El déjà vu de un oropel cobrizo tornaba –otra vez- hacia el más radiante brillo de la victoria apenas cuatro años después. La fiabilidad brasileña, esta vez desde una óptica mucho más vistosa y plausible, terminaba por agenciarse el trono mundial y, lo que era más preocupante, estaba dispuesto a ostentarlo durante ocho años más. El próximo, en 1996, invadía el ego a la vez que potenciaba el potencial de los sudamericanos. Viajarían a tierra hostil. Viajarían a España.

 

Clasificación final:
-Campeón: Brasil.
-Subcampeón: Estados Unidos.
-Tercer lugar: ESPAÑA.
-Cuarto lugar: Irán.