La final de la censura

La final de la censura
La final de la censura

Estaba claro que Madrid no era el sitio idóneo para albergar la final de Copa entre Barça y Athletic, menos aún en día laborable. Pero no por la pitada al himno, garantizada en cualquier escenario, sino por la politización excesiva que adquirió el evento desde que se supo oficialmente de su ubicación. Colectivos independentistas vascos y catalanes llamaron de inmediato a la mayor manifestación antiespañola de la historia en las calles de la capital del Estado. No se hizo esperar la respuesta de grupos de ultraderecha y ahora se anuncia su presencia, con refuerzos llegados de distintas regiones, para combatir la referida iniciativa. Esperanza Aguirre ha amenazado con suspender la final del viernes para evitar la ruidosa protesta nacionalista en el Vicente Calderón. Ya no se puede, no hay tiempo material, el escándalo sería mayúsculo.

Si lo hubieran previsto con la suficiente antelación, nada se habría objetado. El ataque de españolismo de la presidenta de la Comunidad de Madrid llega tarde y mal (ver post La pitada del Manzanares, 14 marzo). El portavoz de Iniciativa per Catalunya en el Congreso acusa a Aguirre de utilizar esta final para “desviar la atención sobre los pufos de Bankia y el déficit oculto”. Podría ser, pero la preocupación capital de las autoridades no alude al padecimiento del Príncipe en el palco, va en el sueldo y está acostumbrado, sino al temor por los incidentes que pudieran producirse si ultraderechistas y seguidores de ambos equipos, habrá cerca de 50.000, se tropiezan por la calle en las horas previas al partido, algo probable. El dispositivo policial será de los que marcan época.

Nos habíamos levantado con la intención de contarles lo que sucedió con el himno en TVE con motivo de aquella final, con los mismos contendientes,  celebrada hace tres años en Valencia. Pero antes se hacen oportunas unas cuantas líneas acerca de la desproporcionada y polémica intención de la Aguirre, imposible de llevar a cabo, pero repudiable. Ha dicho la presidenta autonómica, en Onda Cero, que “la final se debe suspender y celebrarse a puerta cerrada en otro lugar” ante el temor a la pitada. No sólo pide la suspensión del partido, también que nadie pueda asistir para que el himno español no sea abucheado. Si por ella fuera, mandaría  a miles de personas al talego: “Los ultrajes a la bandera o al himno son delito en el Código Penal. No se deben consentir y, por tanto, mi opinión es que el partido debe suspenderse”. Se supone que todo quedará en agua de borrajas, aunque la última advertencia de la gobernanta da que pensar: “Si parte de los aficionados quieren silbar, pues mire usted, el partido no se va a celebrar, así de claro”. Le gustaría imponer la ley del silencio en un estadio de fútbol y encerrar a aquellos irresponsables que osaran silbar bajo los acordes musicales de un himno. Suspender esta final originaría un follón terrible, especialmente para todos los aficionados rojiblancos y culés que ya han organizado su desplazamiento. Seríamos un día más el hazmerreír internacional. Si las causas de tal dislate son otras, que lo digan, pero que no nos vengan con el rollo del himno. Cada uno que se exprese como quiera y ya está. Si el problema es de seguridad ciudadana, que lo digan y que lo expliquen.

A la Delegación del Gobierno no le ha quedado otra opción que autorizar una manifestación convocada por diversas organizaciones de ultraderecha como respuesta a “las seguras provocaciones del separatismo vasco y catalán”, en referencia a los seguidores de Athletic y Barcelona. Lo curioso es que la Aguirre haya anunciado sus intenciones un par de horas antes de conocerse una resolución del Tribunal Superior de Justicia que admite la reclamación de la Falange para llevar a cabo dicha manifestación el día solicitado, el día de la final, y no en otra fecha, como había decidido inicialmente la Delegación del Gobierno, a la que el juez conmina además a aplicar medidas que garanticen la seguridad de los ciudadanos. La llamada marcha por la unidad de Españadiscurrirá a partir de las seis de la tarde entre las plazas de Alonso Martínez y Chamberí. El peligro está en las horas previas a esta otra manifestación. A los simpatizantes del Barça se les va a acomodar en la Puerta del Sol, a los del Athletic en el Retiro, aunque luego cada uno se mueve por donde quiere. Si acompañara la climatología, la fiesta estaría garantizada, incluso lloviendo, pero siempre la política y las intolerancias acaban por inmiscuirse en el deporte y su entorno hasta llevar a la confusión colectiva. Las aficiones del Athletic y del Atlético dieron una tremenda lección de fútbol y de fraternidad hace un par de semanas en Bucarest, lejos de estos políticos de mierda que militan en distintas facciones y que deben sentirse reconfortados maltratando y faltando al respeto a la gente decente. Si quieren pegarse unos cuantos, que queden en un descampado, pero que no involucren a los simples aficionados al fútbol y a unos colores, gente que va al campo por costumbre y sentimiento, valores mucho más respetables que los trapicheos políticos de los de siempre.

El presidente del Congreso, Jesús Posada, ha rechazado la idea de la suspensión del partido, a no ser que “no hubiese más remedio”. Habría que contemplar y agotar otras medidas antes de adoptarse una resolución tan tajante. El Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha descartado la suspensión y pide que no se mezcle deporte con política. Lo de la Aguirre no debe pasar de calentón, de otra metedura de pata que confunde precisamente por mezclar fútbol y política. No queremos imaginarnos cómo estarán los nervios por el Pirulí, hagan lo que hagan dará que hablar. Cualquier intento de manipulación será tachado de censura. Sí nos gustaría conocer las sensaciones previas del operario de sonido que se encargue de calibrar el nivel de los audios y de fijar acomodo para el sonido ambiente. O a quien se haga responsable de la mezcla de audios, pues el himno llegará limpio desde la megafonía del estadio. Unos milímetros en las regletas del volumen representan que el himno esté por encima o por debajo de los silbidos. En el Pirulí y además en las televisiones catalana y vasca, que también darán la final en directo. Indudablemente la versión más democrática invitaría a ofrecer los mismos registros que perciban los muchos miles que asistan al espectáculo, incluidos los del palco.

El límite de la censura es fino y frágil, máxime si se está sobre aviso. Nunca se había contemplado con tal intensidad e interés la mezcla de ambiente e himno como paradigma de censura, pero la situación actual requiere sentido común. Parece que los pitos al himno son el quid de la cuestión, según Aguirre y quienes han convocado la contramanifestación. Alguien debe marcar el límite antes del partido. Y de los que están al frente de Deportes e Informativos en TVE se puede esperar cualquier cosa, ya se vio hace tres años. Después los expedientes siempre son para los que saben lo que hay que hacer pero reciben órdenes de indocumentados.

Ya para otro rato lo vamos a dejar, habrá que estar al tanto. Me imagino tensión máxima entre los componentes del equipo encargado de la transmisión. Que serán los mismos de la otra vez en Mestalla , con distintos jefes inmediatos aunque igual de inútiles o más. Mucha presión. ¡Ánimo, chavales! Tenéis los focos encima. (Continuará…)