Negando su música, Brasil estará en la Final

Brasil jugará frente a México la Final de los Juegos Olímpicos del Londres tras desconcertar a espectadores y rivales. Tendrá de nuevo la oportunidad de aspirar a su primer oro, esta vez, frente a un equipo que ha dejado muchas menos dudas a lo largo del torneo. Brasil entonó de inicio, en su semifinal frente a Corea, una melodía que contradijo los preceptos clásicos de aquel país, y de un buen número de los futbolistas con los que cuenta.

Negando su música, Brasil estará en la Final
Leandro Damiao, referencia del estilo de este Brasil (www.laprensa.hn).
Corea del Sur
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Brasil
Corea del Sur: Lee Bumyoung; Oh Jaesuk, Hwang, Kim Youngwon, Yun Sukyoung; Nam Taehee, Ki Sungyueng, Koo Jaechol (Jung Wooyoung, min. 59), Kim Bokung; Ji Dongwon (Baek Sungdong, min. 77) y Kim Hyunsung (10 Park Chogoung, min. 71).
Brasil: Gabriel; Rafal, Thiago Silva, Juan (Bruno, min. 83), Marcelo (Hulk min. 75); Rómulo, Sandro, Alex Sandro; Orcar, Neymar; Leandro Damiao (Pato min. 77).
MARCADOR: 0-1, min. 39, Rómulo. 0-2, min. 57, Leandro Damiao. 0-3, min. 64, Leandro Damiao.
ÁRBITRO: Pavel Kralovec (Rep. Checa)
INCIDENCIAS: Semifinal de fútbol olímpico correspondiente a los Juegos de Londres 2012. Partido disputado en Old Trafford ante 72.000 personas

Brasil siguió con su canción, aquella de sus nuevos tiempos. Ni samba, ni bossa nova. Ni ritmo y escasa explotación del talento, ni gestos cadenciosos y sutiles. Todo eran notas sueltas, discordantes, de músicos que no se juntan en armonía y que si acaso resuelven con un solo a contra mano que les permita seguir de gira.

Corea, un equipo con muchos menos solistas, si quería demostrar que era una orquesta. Salió a jugar en campo contrario, con la intención de presionar cada balón. Después de varias llegadas y una condescendiente decisión del árbitro, cuando un atacante coreano estuvo a punto de marcar y fue reducido con los tacos de un rival en su cabeza, dentro del área pequeña, los asiáticos perdieron algo de fuelle y comenzaron a evidenciar su desconcierto.

¿Por qué Brasil quería jugar así? ¿En realidad les respetaba tanto? Y fue en ese momento que llegaron las opciones de “La Seleçao”. Esperando en campo contrario, robando un balón y saliendo con cuatro o cinco hombres a la contra, porque de construir más bien poco.

 A este equipo no le importa y a su técnico se le nota, en el rostro y en las declaraciones, que está para pocas fiestas. Es un equipo que arrastra un lastre de épocas y épocas de fútbol anacrónico, y no duda en colocar un trivote (Sandro, Rómulo y Álex Sandro) defensivo frente a Corea. Nadie cuenta con más laureles a nivel absoluto y se esfuerza por regalar flores secas. Y alguien dirá, sí, pero al menos son flores. Y es cierto, aunque no se las riegue, una carrera de Marcelo; un movimiento astuto de Neymar; o un intuitivo desmarque de Leandro Damiao nos demuestran que ahí florece algo, pero no impide que alejándonos solo un poco todo se vea mustio.

La primera estocada, que si bien fue definitiva, la dio Rómulo, o el propio Lee, porque no pudo pasarle la pelota más cerca al guardameta coreano. No había nada que hacer, los asiáticos habían caído en ese hechizo que involuntariamente provocan los brasileños con ese planteamiento. En cuanto se preguntaron la razón de ese sistema tan conservador, todo aquello que habían trabajado previamente ya se fue ejecutando intermitentemente: un error intercalaba una buena acción con otra.

Las posesiones coreanas eran más cortas y la presión, tardía y deslavazada en muchos momentos. En la segunda mitad llegó la sentencia con dos buenas acciones colectivas, tras sendas pérdidas, que finalizó el hombre más afín a este estilo que hoy destila el Brasil futbolístico y que contradice los aromas o el espíritu de aquel país suele inspirar. Leandro Damiao, delantero potente y de referencia, siempre atento; siempre sacrificado.

Con esta partitura, Brasil aspira el próximo sábado a su primer oro. Es favorito frente a otro equipo joven, México, que transmite otros aires, otras intenciones. Simplemente, parecen respetar algunos “preceptos” del juego. Será solo cuestión de estilo.