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España dejó de ser cenicienta para ser reina

3 años atrás éramos un país que vivía en las sombras del deporte rey, siempre a las faldas de las grandes selecciones que desfilaban por los torneos internacionales levantando pasiones y reverencias en un público siempre entregado. España no. La eterna promesa jamás pasaba de ello, no superaba una barrrera psicológica mayor que los malditos cuartos de final.

España dejó de ser cenicienta para ser reina
Pereda abrió el marcador ante la Unión Soviética

El tiempo pasa de tal forma que lo sucedido hace hoy tres años, se aleja a cada segundo de una forma que es imposible remediar. Hace tres años tocamos una cima que no alcanzabamos desde 1964 de la mano de Chus Pereda y Marcelino, en aquel histórico 21 de junio en Madrid. Los que vivieron aquella final ante la URSS, comentaban que un sentimiento tal, era algo indescriptible, que la alegría que invadía cada rincón de un cuerpo español, no podía catalogarse como algo conocido. No sabría decirlo, muchos de los que leerán esto tampoco sabrían decirlo, hasta aquel 29 de junio en el Erns Happel de Viena. 

La capital austriaca se convirtió en un santo grial para el aficionado español, un lugar que colmó tantos años de desgracias en un solo grito al ritmo de ¡Podemos!. El lema de cuatro fue el lema de todos, porque nunca una palabra pudo expresar tanto como aquellas tres simples sílabas.

Éramos un país que vivía en las sombras del deporte rey, siempre a las faldas de las grandes selecciones que desfilaban por los torneos internacionales levantando pasiones y reverencias en un público siempre entregado. España no. La eterna promesa jamás pasaba de ello, no superaba una barrrera psicológica mayor que los malditos cuartos de final.

El miedo a triunfar

Talmente padecíamos un temor intrínseco en nuestro ser a triunfar, a dar con la clave que nos hiciese tocar un cielo que cada día se encontraba más lejano, y nublado. Observando como nuestros clubes: Valencia, Barcelona, Real Madrid, Deportivo, Athletic, Atlético, Sevilla... trituraban rivales uno tras otro en Europa, como sin complejos, y con bastantes nacionales, se coronaban en algunos casos Campeones de Europa. Nuestros jugadores, de forma individual, copaban en muchos casos las primeras planas de los grandes diarios deportivos del viejo continente, se admiraba la clase del mediocampo español, que no es invento reciente y el pundonor existente dentro del terreno de juego. Pero ¿Qué sucedía cuando se enfundaban la roja? todo cambiaba. El nivel de unos jugadores que en sus clubs parecían verdaderos cracks, no daban la talla ante los partidos más importantes, y sí, de la misma forma, año tras año y competición tras competición, la miel siquiera rozaba unos labios demasiado necesitados del dulzor del éxito. 

Las exigencias del español medio acudían a los jugadores desde cualquier punto de la geografía, la Selección ya no era un tema de conversación importante, el éxito en 2006 del combinado de baloncesto erigido en torno al mejor jugador de nuestra historia: Pau Gasol, eclipsaba cualquier ánimo de los chicos balompédicos por lograr algo importante, el los dos últimos fracasos no ayudaron.

Tanto y al final, nada

Se llegó a la Eurocopa de Portugal con confianza, creyendo en lo más hondo que realmente podíamos alcanzar la final. El grupo se pintaba, a priori, sencillo. Grecia que acudía a la Eurocopa prácticamente de rebote y sin apenas cartel, y una Rusia que sonaba a despedida con la generación del gran Zar Mostovoi como baluarte en aquellos tiempos. Portugal era el coco, pero España se sentía superior a un combinado luso que veía en Ronaldo su futuro y en Figo y Deco sus pilares del presente.

La victoria inicial ante Rusia con el solitario tanto de Valerón, tapó de forma nimia el pobre papel realizado por una España sin ideas o identidad. Buscando de forma contínua la creación del canario, éste se veía desbordado ante la férrea defensa rusa y no pudo destilar su calidad dirigiendo a una España carente de jugones reales en sus filas.

La segunda jornada se tomó como un descanso tras la derrota del, a priori, rival del grupo: la lucha por el primer puesto con una Portugal se diluyó inicialmente tras la primera jornada. Grecia no se presentaba como un rival excesivamente temible, los últimos compromisos entre ambas Selecciones se saldaron favorables a España, y, pese a que el combinado heleno llegaba de vencer a Portugal, la suerte no podría sonreirlas dos veces ante las dos grandes del grupo. Pero todo salió mal, o mal se planteo. España dominó un encuentro protagonizado por la defensa perfecta de Grecia, que una simple llegada le fue suficiente para contrarrestar el tanto de Morientes y el dominio hispano del esférico.

Y saltó la sospresa

El todo o nada llegó en la última jornada, dónde todas las selecciones llegaban con opciones reales de clasificarse para los cuartos, pero únicamente dos tomarían partido. 

El encuentro se planteo como una guerra abierta entre España y Portugal, el aficionado español se desplazó en masa hacia el nuevo Da Luz en Lisboa para presenciar en encuentro que debía marcar un antes y un después en una selección falta de grandes gestas. Era la hora de la verdad, en frente una de las mejores selecciones de Europa del momento, contra una España que quería quitarse el cartel de eterna favorita para colocarse de una vez el de Campeón.

Pero nada fue lo que se esperaba. Portugal dominó de principio a fin y el peligro logró dinamitar con el gol de Nuno Gomes. España corría como pollo sin cabeza por el verde, las carencias durante tanto tiempo disimuladas, se hicieron excesivamente palpables, y la vergüenza recorrió cada poro de los españoles, que iniciaron un proceso de negación ante el negro futuro que parecía esperarnos.

La era post Sáez

Tras el hundimiento en Portugal, Iñaki Sáez abandonó una nave que nunca dio señas de saber comandar. La presión de la prensa fue definitiva para un DT que, en principio, no tenía dicha decisión en mente, y dejó paso a Luis Aragonés.

El Sabio de Hortaleza tomó las riendas de un grupo dividido y moralmente destrozado, una afición que comenzaba a renegar del sufrimiento que le regalaba su Selección y un respeto internacional que prácticamente se había evaporado fracaso tras fracaso.

El debút de Aragonés llego un 18 de agosto de 2004 ante Venezuela en Las Palmas. El resultado apretado, 3-2 para España, no ayudó a recuperar los ánimos inexistentes ya tras Portugal. Los cambios realizados por Aragonés, dieron sus pequeños frutos, pero el árbol no creció hasta pasados más de tres años.

La clasificación para Alemania 2006 llegó en una repesca ante Eslovaquia tras una fase de grupos que se terminó invicta, pero superados por una sorprendente Serbia & Montenegro, que no fue suficiente para acudir a los dos partidos obligatorios que otorgaban la otra plaza en liza para el campeonato del mundo.

Nuevamente la euforia invadió el país, la prensa se encargó del trabajo sucio y comenzó el bombardeo de portadas premonitorias ante unos rivales que se presentaban, nuevamente asequibles. Olvidando el desastre en Portugal, Corea, Países Bajos o Francia, España llegaba de nuevo en plenitud de condiciones y con varios Campeones de Europa en sus filas.

El Barça y el Sevilla se acababan de proclamar campeones de la Champions y la UEFA, el dominio español a nivel de clubs seguía siendo evidente y era cuestión de tiempo que ello se comenzase a notar a nivel Selección.

El rumbo dentro del mundial se inició de forma prometedora, una gran España guíada por Villa, Alonso y Torres, masacró a Ucrania por 4-0 en aquella soleada tarde en Leipzig. El combinado español fue una bombardero ante una Ucrania maniatada por la velocidad y clase hispana. Aquella victoria creía marcarse como el inicio prometedor de una nueva era, marcada sobre todo por la juventud de unos jugadores que diferían mucho de aquel plantel de 2004. Las posteriores victorias ante Túnez, 3-1, y Arabia Saudí 1-0, fueron suficientes para volver a desatar la exgaeración en nuestros metas marcadas: Mundial digno, y en creernos campeones antes de tiempo.

Jubilar a Zidane

La idea de enfrentarnos a la Francia de Zidane, que llegaba tras un desastre en 2002 y una Euro 2004 discreta, convertía el partido en un hervidero de morbosidad balompédica por el hecho de hacer caer al gigante francés tan cerca de su casa y en octavos. 

España se presentaba ya como una favorita a llegar a los cuartos, Francia fue de menos a más en un mundial que únicamente la mala suerte, y mañas, privaron de su segundo cetro global.

El tanto inicial de Villa, de penalti, hizo explotar los corazones de 40 millones de españoles que vivieron las horas previas inmersos en el nerviosismo enfermizo, creyendo que todo podría acabarse antes de empezar, pero que realmente hasta que el esférico no dio la vuelta y el silbato del arbitro el pitido inicial, nada daba comienzo. España jugó y planteo un partido con un sistema que fue la base del éxito. 

La juventud de la plantulla y la poca experiencia jugando en grupo, peso ante un equipo veterano y curtido en mil batallas como lo era el francés. El físico de sus Vieira, Thuram o Sangol, pudo con nuestros Cesc, Villa o Alonso. Ribèry se encargó de silenciar al país al filo del descanso con el empate, mientras que un fallo de Iker condenó a España y dejó a Vieira marcar a placer ante un arco sin resistencia. Pero lo que más dolió, lo que golpeo el orgullo y el alma de una España que ya se veía fuera, fue el tanto de un Zidane que hizo y deshizo a su antojo en un partido que precedía a su supuesta "jubilación".

Pero había algo diferente, algo que distaba mucho de otras eliminaciones dolorosas y humillantes. En aquel mundial se comenzó a forjar lo que hoy vemos sobre el terreno de juego cuando España toca su sinfonía. El equipo era joven, pero la clase estaba en sus piernas, la calidad en sus cualidades, y la ambición en su cabeza. España nació tras la eliminación ante Francia.

La transición: el éxito tras el fracaso.

La fase de clasificación para la Eurocopa 2008 dio inicio al cambio definitivo que se vivió en nuestra Selección. Raúl dijo adiós tras las derrotas ante Suecia e Irlanda del Norte, y la nueva España fue tomando forma definitiva de la mano de un Luís Aragonés que eliminó las vacas sagradas de las convocatorias para dar paso a los jovenes talentos del fútbol español y a los jugadores quen auténticos méritos para acudir a la llamada de la roja.

Se inició mal, pero logró cambiarse el rumbo para no pasar apuros innecesarios y acudir a la llamada de Suiza & Austria, dos países que nos deparaban la realidad española en éste deporte.

Colmada de fracasos, la afición española afrontó con altas dósis de escepticismo la cita en ambos países, la confianza había que ganársela en partidos reales y dar la cara en los momentos adecuados. Ser la campeona de los amistosos era algo inútil ante las ambiciones de un país que deseaba codearse con los grandes de fútbol mundial, y no encontraba la clave para hacerlo. España acudió a la Eurocopa sin el cartel de favorita por primera vez en varias citas continentales e intercontinentales. los últimos fracasos del combinado nacional no animaban a ser optimistas de cara a las posibilidades reales de aquel grupo joven y sin jugadores de renombre mundial salvo Fernando Torres, Xavi o David Villa.

Las dudas quedaron disipadas. O eso se pensó tras la victoria inicial ante Rusia con un hat trick del que sería a la poste, máximo artillero del torneo: David Villa. España doblegó al combinado ruso con una facilidad pasmosa dejando boquiabierto a más de uno. El toque en el medio campo guiado por Xavi Hernández, fue la guinda a un pastel de efectividad y clase desplegada durante 90 minutos. Los rusos apenas inquietaron la meta de Iker, cuando lograron perforar el arco español, el tiempo apenas alcanzaba para más que suspirar por no haber recibido una goleada mayor.

El susto del torneo se dio en la segunda jornada, Suecia complicó la sinfonía española con la efectividad de su gran estrella, Zlatan Ibrahimovic. El gol del sueco empatando el tanto inicial de Fernando Torres. 

El salvador llegó desde Tuilla con nombre de David Villa. El Guaje sacó las castañas del fuego marcando el tanto que daba a España la clasificación matemática para cuartos, y dejó las dudas nuevamente, a un lado.

Grecia fue el momento para los menos habituales, cumpliendo estos con lo que se esperaba de ellos, Rubén de la Red anotó uno de los mejores goles del torneo y dio a España la victoria gracias a los tantos del propio Rubén y de David Güiza..

Llegaban los cuartos, llegaba Italia, llegaban los penaltis tras el empate a cero en los 90 minutos iniciales y la prórroga. Nuevamente el temor ante un adiós causado por la mala suerte y la falta de puntería se cernía sobre la afición, sobre un país que se veía demasiado favorito para caer a las primeras de cambio ante una selección que apenas había hecho méritos en aquel torneo. Pero lo que pudo ser un mal sueño, fue el inicio de una nueva era de forma definitiva. España derrumbó el muro de los penaltis, el fantasma de Italia, y el temor a lo desconocido. 

España, regresó a las semifinales de una Eurocopa. El rival, Rusia, que llegaba de aplastar a una de las grandes favoritas con un Arschavin que se destapó en dicho torneo como el mejor jugador de Europa del Este, del momento. 

El partido, si puede llamársele así, fue un monólogo de España durante los 90 minutos no materializado en el primer tiempo y convirtiéndose en una sangría de juego y goles en el segundo. La semifinal ante Rusia, es aún hoy, el mejor partido que muchos han visto jugar a una Selección Española, y no por nada, levantó alabanzas en el mundo entero catalogando a España del "Brasil de Europa".

En la final esperaba un monstruo, un coco, el terror. Alemania, la siempre temible Selección Germana, se plantó en una final de forma silenciosa y sin que nadie contase inicialmente con ellos. La hora de Ballack había llegado, o aquello se opina a desde Berlín, esperando ver al fin al capitán levantando su tan ansiado torneo con la Selección germana.

Pero pese a ello, los locos bajitos españoles no querían que aquella noche fuese olvidada por nadie, ni tan siquiera por los alemanes. Desplegando su magia con el balón, escondieron el esférico de las piernas germanas durante los 90 minutos y, aprovechando un fallo de la defensa, Xavi puso un balón al pie de Fernanto Torres que ganando la espalda de Lahm y amagando a un Lehman vendido, puso el balón en el fondo del arco alemán y el grito en boca de España.

Un rayo entró en cada hogar español

Un grito, un gol, un corazón y 40 millones de almas vibraron aquella noche como hoy en el Erns Happel de Viena, aquel gol de Torres fue heredero del tanto de Marcelino ante la Unión Sovética, dejando en la historia lel pasado y devolviendo la ilusión por el presente y el futuro.

Aquel título marcó un antes y un después, que, tras muchos intentos, tras muchos comandantes, tras muchos estilos, tras muchas copias, encontramos lo puramente nuestro. España se afianzó en un estilo, España mantuvo la serenidad en los malos momentos como la Confederaciones, España supo saborear los éxitos que llegaron después, España le dijo al mundo que si, que nosotros también podíamos ser campeones.

El futuro es de quién lo busca y lo lucha, el futuro es de quién sabe aceptar el pasado y convertir el fracaso en éxito.

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