La hora del Mirandés
Lo del Mirandés, para los que ya pasamos de los treinta, es como abrir el programa Spotify para que suene un disco ochentero o noventero: cualquiera de Deacon Blue, por ejemplo, a todo trapo, o un grandes éxitos de INXS, por decir otro. La canción que suena ahora, tras el partido contra el Athletic de Bilbao, es una que lleva por título Numancia, con Lotina de entrenador, gradas supletorias incluidas en un campo que aún no existía. A los coros, el Barça de Johan Cruyff, que dejó un empate a dos en el partido de ida de aquellos cuartos de final de copa, para rematarlo, en la vuelta en Barcelona al equipo de segunda B con un 3-1. Fin de la aventura. De vuelta a Soria, habiendo conocido el Camp Nou y dejando un recuerdo imborrable en gente como yo, era la primera vez que veíamos en directo, y por la tele, una lucha tan desigual, tan maravillosamente mitológica. David contra Goliat con una iluminación justa para ser retransmitida.
De aquella eliminatoria, viéndola con perspectiva, salieron cosas grandes: un campo de fútbol nuevo, los Pajaritos, coqueto, que fue la mejor casa para el Numancia en la Liga de las estrellas durante varios años. Un entrenador de primera división: Lotina, que por ahora tiene una copa del Rey con el Espanyol. Un jugador también de primera: Movilla, que sigue dando guerra hoy en el Rayo Vallecano y un documentalista de trinchera e historias humanas de tercera división, dando lumbre donde nunca llegan los focos, como fue Raúl, el jugador del Numancia que con su desparpajo de tío de barrio hizo un gran reportaje de sus vivencias en aquella eliminatoria para el programa de moda de entonces, “El día después”. Y allí se quedó unos cuantos años, contándonos historias de gente normal. Eso sin hacer mucha memoria, porque si busco más información, seguro que me dejo algo.
Miranda de Ebro y su equipo me recuerda mucho a aquella Soria de 1996. Un equipo que no tiene complejos, que también viste de rojo numantino, y una ciudad, al igual que Soria, de unos cuarenta mil habitantes que quiere asomar la cabeza por encima de donde se cuece el bacalao, donde se sientan a la mesa las grandes estrellas. No hay como tener hambre y empeño para terminar sentado con los que comen a dos carrillos. Pablo Infante, el héroe, quizás ya sea mayor para dar el salto a primera división, pero no para hacer que el Mirandés siga haciendo historia, disparado como está hacia la segunda división española. A ver si este impulso es aprovechado para romper la barrera del sonido de los “no se puede”, “es imposible lograrlo”, “no creo que lo consigamos nunca” y demás sentencias de los mediocres que jamás lo intentaron.
Dentro de 15 años hablamos, a ver dónde han conseguido poner el sueño, como la marca de las riadas en algunas plazas mayores: "Hasta aquí llegó el Mirandés", el equipo de la ciudad burgalesa de Miranda de Ebro.




