Una casa de locos

Las disputas en el interior del vestuario pueden dar al traste con uno de los proyectos mas prometedores del Athletic.

Una casa de locos
El cisma entre el rosarino y el riojano cada vez es mayor.

Algo muy malo se cuece en Lezama. Y no es ni de hoy ni de ayer, esto viene de muy largo. Quiza sea que la pasada temporada, bañada en triunfos y en grandes capítulos para la historia del club rojiblanco favoreciera que se barrieran los problemas bajo la alfombra, pero la atmósfera en el Athletic no es la misma desde que se perdió la ansiada final de Bucarest. Toda la parroquia rojiblanca tenía grandes esperanzas puestas en aquel partido y la estrepitosa manera con la que se perdió creó un clima depresivo que ha propiciado que ciertas cosas salgan a la luz. Y no se habla solamente de lo extradeportivo, porque las estadísticas y el juego desplegado desde entonces dista mucho de la gran versión del Athletic del año pasado.

El Athletic parece un club maldito. Esta temporada no sale nada. No hay juego. No hay compromiso. Como si el quedarse a las puertas doblete no fuera una inyección de moral y un revulsivo sino todo lo contrario, la actitud optimista, las sonrisas y el compañerismo entre la plantilla se traduce en caras largas, desconfianzas y roces. Se sabía que este verano se planeaba movido en la capital del Nervión. Bielsa fue el primer salpicado, con su refriega con el jardinero y su ya famosa rueda de prensa en la que se "autodenunciaba". Poco depués, anunciaba sus deseos de marcharse ante la reprimenda de Urrutia por su salida de tono. Pero se volvió a barrer bajo la alfombra. Las relaciones directiva-entrenador se enfriaron y Bielsa se quedaba para alivio de la afición.

Poco despúes le tocaba a Llorente, que tras una Eurocopa vista desde la barrera se presentaba en Ibaigane pidiendo un millón mas por su renovación. El presidente se negó en rotundo a ceder, y Llorente, con la grada dada la espalda, anunciaba su deseo de abandonar el club. Tras él, Javi Martínez cojería la puerta para marcharse, con nocturnidad, al Bayern de Munich previo pago de 40 millones de euros a toca-teja por el club bávaro. Respecto al de Ayegui, poco mas que añadir. Sin duda, uno de los episodios mas patéticos de la historia del club rojiblanco. Aún así, el Athletic, en poco mas de dos meses, se tenía que hacerse a la idea de que sus dos jugadores bandera marchaban a experimentar otras experiencias.

¿Y que dice el aficionado? Sin duda, lo que la pasión por un club ha unido durante años, parece que Bielsa y Llorente los separan. Hay dos corrientes en la grada de San Mamés. Por un lado, unos recriminan al delantero la falta de compromiso con el club. Por otra, otros no pueden comprender la terquedad del "loco" al gestionar la plantilla y la manera de desestabilizar la entidad bilbaina. Silbidos para uno y para otro. Y con el ojo por ojo, todos ciegos.

El Athletic parece un club maldito. Esta temporada no sale nada.

Todo esto sería un mal menor si los resultados acompañasen pero esto es un deporte, y si el balón no entra en la portería, hay problemas. Y es que este Athletic está irreconocible. El pésimo estado de forma de los jugadores solo se puede comparar con una alarmante falta de solidez defensiva. ¿Donde se esconde aquel De Marcos que galopaba y trabajaba en el centro del campo? ¿Que queda del Ander Iturraspe que recuperaba y hacía jugar? ¿Y de aquel Amorebieta que aportaba un juego rocoso casi inexpugnable para las delanteras rivales? Visto y no visto. Y ha sido la triste imagen dada en San Sebastián la que nos ha hecho ver la verdad: el Athletic está muerto. Si el año pasado el equipo se hacía así mismo, este año se autodestruye en los partidos. No existe centro del campo, la única conexión con Muniain o Aduriz son las desesperadas carreras de estos detras de un balón que jamas les cae en las botas. No han jugado con equipos superiores a ellos, sino que hacen buenos al rival. El calamitoso trio defensivo Castillo-Gurpegui-San José es quizá la defensa mas frágil de todo el campeonato. Pero Bielsa sigue en sus trece, no da el brazo a torcer. El sábado, con 1-0 en contra, hizo entrar a San José por Iturraspe. Con Llorente en el banquillo.

Alguno se refugiará en la excusa de que la pasada temporada también hubo un mal inicio liguero. Lo siento, pero no se puede tolerar. El sistema era nuevo entonces y a los jugadores les costaba asimilarlo. Ahora ya no es nuevo. La pantilla es prácticamente la misma porque no es un problema de falta de capacidad, sino de actitud. Aquellos que seguimos al Athletic desde hace tiempo nos frotabamos los ojos al ver a jugadores del primer equipo defender andando un centro en un partido de liga. Y no cualquier partido. Contra la Real. Y en Anoeta. No hay ganas, ni corazón, que quizá fue lo único que hizo que el Athletic no visitara la segunda división durante el bienio negro. Y si ya no tenemos calidad ni corazón, ¿que nos queda?.

Silencio institucional

Sin embargo y pese a todo, desde Ibaigane hay un silencio sepulcral en todos los aspectos. Urrutia, el vanagloriado artefacto creador de la plantilla de ensueño en su primer año de legislatura, esconde la cabeza bajo el ala y no es capaz de mediar para que la sangre no llegue al río. No hay un granjero que se imponga en el corral mientras las gallos se matan. Comienza acciones y no las termina. Y para redondear la hazaña, tras un verano de tira y afloja por Fernando Llorente con demás clubes lo mantiene en el equipo, sin renovar, sabiendo que lo mas probable es que se marche en invierno sin pago alguno, resultando ser otro de los múltiples elementos desestabilizantes (otra vez la dichosa palabra). Y del fichaje de Monreal o de Griezmann ni hablar siquiera.

Y todo esto lo paga el de siempre. El aficionado, el que paga religiosamente sus euros para sentarse en su butaca de San Mamés a ver un grupo de jugadores mas preocupados de lo que pasa de puertas adentro del vestuario que defender un resultado y una camiseta. O quizá la culpa sea nuestra, que mucha importancia damos a lo no importante. Porque si de algo estoy, y todos estamos seguros es de que en el futbol pasan muchas cosas. Muchos jugadores, muchos entrenadores, equipos de leyenda y equipos de vergüenza. Plantillas riquísimas y plantillas muy pobres. Grandes triunfos y sonrojantes derrotas. Pero cuando todo eso pasa, nos queda una cosa: nuestro equipo, nuestros colores. Y que no nos líen con historias, que lo que queremos es fútbol. Mucho fútbol, que es lo que necesita este Athletic.