Ejercicio de tedio e impotencia

El Athletic cierra el año con una derrota en casa ante un serio Zaragoza, que solo tuvo que aprovecharse de los errores locales en la primera mitad. Tras la reanudación, la falta de ideas e intensidad echa por tierra cualquier tipo de reacción. | Fotografía: Athletic Club.

Ejercicio de tedio e impotencia
Athletic Club
0 2
Real Zaragoza
Athletic Club: Iraizoz; Iraola, Ekiza, Laporte, Aurtenetxe (Igor Martínez min. 46); San José, De Marcos, Herrera; Ibai, Muniain (Llorente min. 68) y Aduriz
Real Zaragoza: Roberto; Sapunaru, Loovens, Alvaro, Abraham; Movilla, Apoño, Zuculini (Babovic min. 73), Victor (Edu Oriol min. 70), Montañés (José Mari min. 85); Postiga
MARCADOR: 0-1 min. 30, Apoño (p.); 0-2 min.41 Postiga
ÁRBITRO: Mateu Lahoz (Comunidad Valenciana). Amonestó a Sapunaru (min. 33), Herrera (min. 51), Montañés (min. 59)
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de la Liga BBVA disputado en San Mamés.

Fin de año con derrota en San Mamés. El Athletic no pudo doblegar a un Zaragoza bien plantado en el campo, que se valió de dos errores defensivos de los leones para llevarse un choque que duró 45 minutos. Los goles de Apoño y Postiga antes del descanso dejan a los rojiblancos en la zona media de la tabla, y alejan las posibilidades europeas.

El partido comenzó con una intensidad exagerada. La presión alta del Zaragoza obligaba al Athletic a tocar menos y verticalizar más el juego. Los maños no se achantaban y respondían a los leones con la misma medicina. La falta de concreción de los ataques rojiblancos abría el camino para los de Jiménez, que atacaban a tumba abierta. Zuculini y Victor fueron los primeros en intentarlo por parte visitante, siempre apoyados en un enorme Postiga.

Tanto Ibai como Muniain se dejaban ver en ambas bandas. Buena noticia el rendimiento del de La Txantrea, ya que llevaba unas semanas siendo una sombra de sí mismo. La primera jugada clara de los leones vino por esa banda izquierda. Aurtenetxe vio el desmarque de Muniain, que en velocidad se plantó al borde del área y asistió a De Marcos al hueco. El disparo del de Laguardia rebotó en Roberto y se marchó a saque de esquina.

Otro de los hombres a seguir en el Athletic era Aymeric Laporte. Esta última semana se confirmó oficialmente su meteórico ascenso hasta al primer equipo. El central dejó detalles de calidad impropios de su corta edad. Demostró una gran visión desplazando en largo hacia Aduriz desde la cueva y mucha clase y tranquilidad sorteando rivales cerca de su área, bicicleta incluida.

Sin embargo, el Zaragoza golpeó primero. A la media hora de partido Aurtenetxe cometió un claro e ingenuo penalti sobre Víctor. Apoño, auténtico especialista, no perdonó desde los once metros. El gol desorientó a los rojiblancos, que sufren de una clara incapacidad, aún llegando con muchos hombres al área, de finalizar las jugadas. Ese defecto se convirtió en el perfecto caldo de cultivo para los contragolpes zaragozistas, que necesitan poco para salir al galope. Cerca estuvo de aprovecharse de ello Postiga. Un rápido contraataque hilado entre Montañés y Zuculini finalizó con la oportunidad para el delantero portugués, que cuajó un gran partido.

Otra pérdida en la ofensiva finalizó con córner favorable para los de Jiménez. En la segunda jugada del mismo llegó la puntilla visitante. Balón al área, despeje de puños de Iraizoz recogido por un jugador zaragozista en cobertura que, pensándoselo poco, lo vuelve a poner para Postiga. El portugués se gira y bate a un Iraizoz vendido. Error grande de Iraola y Laporte, que se quedaron quietos tras el primer despeje de su guardameta, habilitando al delantero luso en la continuación de la jugada.

La película podría haber cambiado antes del descanso si el gran cabezazo de De Marcos no se hubiese estrellado en el travesaño. No era, sin embargo, la noche de la épica. Los espectadores de San Mamés tuvieron que visionar un film gris, de ritmo lento, en el que su protagonista no lograba quitarse de encima la capa de melancolía que lo inundaba. Una sensación que se acrecentó en la segunda mitad.

La reacción, solo sobre el papel

Dos goles por debajo y con 45 minutos por disputarse, se presuponía que el Athletic echaría mano de la siempre recurrente casta que tanto entusiasma a centenaria Catredal. Apostó Bielsa por retirar a un desafortunado Aurtenetxe y jugársela con Igor Martínez, debutante en Liga. La reacción, no obstante, se quedó en el papel y no llegó a dar muestras de vida sobre el verde. Si acaso hubo un amago de mejoría en los primeros diez minutos, valdío.

El recién ingresado Igor Martínez se mostró muy activo, aunque algo impreciso en el último golpeo. Por desgracia, acabo convirtiéndose en la única alternativa ofensiva de los leones. El ataque rojiblanco se limitaba a la banda derecha. Aduriz, desasistido y hastiado, tenía que retrasar su posición para intentar tener un mínimo contacto con el balón. Muniain y De Marcos, dos de los más incisivos en los primeros 45 minutos, vieron como, al cambiar de posición, su nivel se deterioró.

El Zaragoza se limitaba a esperar, ya sin presionar como al principio. El poco dinamismo local facilitaba mucho la labor defensiva de los maños. De hecho, a punto estuvieron de lograr el tercero por medio de Postiga, que volvió a adelantarse a Ekiza en el primer palo. Muy buena la internada de Montañés por la izquierda y el pase atrás posterior.

Aduriz y Llorente juntos

El partido moría por momentos. El Athletic era incapaz de crear nada peligroso y al Zaragoza no le hacía falta. Entró Llorente por Muniain, y Aduriz pasó a la media punta. La opción de jugar con dos nueves cobró vida más por necesidad que por convicción.

Lo más peligroso de los leones en la segunda mitad llegó en el 77, con otro cabezazo de De Marcos, el único que probó a Roberto. La parada del guardameta madrileño en el primer palo fue de gran mérito. El Athletic se dio por vencido. Hubo tiempo en los últimos diez minutos para ver como Edu Oriol y Stefan no acertaban a golear con todo a favor y para un remate de cabeza de Llorente que Roberto mandó a córner haciéndose valer de su envergadura.