La leyenda de Pichichi sigue viva
En el partido de vuelta de las semifinales de Copa del Rey, Pablo Infante hizo una ofrenda floral al busto de Pichichi. Es una tradición viva desde 1926, cuando se construyó la escultura. La trayectoria de Pichichi es digna de este reconocimiento. Debido a las participaciones del Athletic de Bilbao en competiciones europeas, cada vez son más los equipos que pisan por primera vez San Mamés.
Dice la tradición que todos los equipos que juegan por primera vez en San Mamés tienen que cumplir con un ritual. Justo antes de iniciarse el partido, el capitán del equipo visitante, siempre acompañado por el capitán del Athletic Club de Bilbao, lleva un ramo de flores al busto de Pichichi, situado en el antepalco del estadio. Esto fue lo que hizo en el partido de ayer martes Pablo Infante, capitán del Mirandés. La leyenda de Pichichi no solo sigue viva por esta tradición. Solo hace falta pensar en cómo se llama el trofeo que se otorga al máximo goleador de Primera División, desde que el diario Marca lo instaurara así en 1952. Pero, ¿quién fue realmente Pichichi?
Su verdadero nombre era Rafael Moreno Arazandi. El apodo de Pichichi lo recibió de los muchachos, más mayores que él, con los que jugaba cuando solo tenía 11 años. Dos hechos marcaron su vida, a la vez que fraguaron su leyenda. Dos episodios que sucedieron al inicio de su carrera futbolística y en el fin de sus días. Este último, como ya se puede adivinar, fue su muerte a la pronta edad de 29 años, a causa del tifus. Nueve años antes, en la temporada de su debut, Pichichi fue el primer jugador en anotar un gol en San Mamés, en la inaguración del estadio el 21 de agosto de 1913.
En esos nueve años, el sobrino del escritor Miguel de Unamuno tuvo tiempo para ganar cuatro Copas del Rey y cinco Campeonatos regionales -por aquellas fechas aún no existía la liga española-. Disputó 89 partidos, anotando un total 78 goles. Partía de la banda izquierda, donde ocupaba la posición de interior, siempre con un pañuelo blanco en la cabeza.
Con el combinado nacional, Pichichi formó parte de la primera selección española, que se estrenó en los Juegos Olímpicos de 1920 en Amberes. España logró la medalla de Plata y Pichichi anotó un gol en la final, aunque finalmente sería en balde.
Toda su carrera no fue un camino de rosas. En 1921 le empezaron a llover críticas, incluso los aficionados pidieron su retirada. Y así fue. Ese año deja de ser futbolista, pero no abandona el fútbol, ya que se hizo árbitro. Sin embargo, solo un año después, el tifus no le dejó avanzar en su nuevo rol dentro del balompié.
Como homenaje, el Athletic Club de Bilbao colocó un busto del goleador, obra de Quintín de Torre, en el estadio de San Mamés. Desde el 8 de diciembre de 1926, muchos equipos han homenajeado al mítico jugador. Y que sigan pasando.




