Diego Ribas: el enésimo agasajo

Diego Ribas: el enésimo agasajo

Al igual que un amor de verano. La etapa del jugador brasileño en el Atlético de Madrid finaliza con el dolor que causa una ruptura amorosa. Esperanzados en su regreso tras la venta de Salvio al Benfica. Una estacada, de la peor manera posible, de la forma que más duele. La trayectoria de Diego Ribas se resume en historias de oportunidades pérdidas, de continuos agasajos. Aquel jugador que juró amor eterno en su llegada al Atlético de Madrid, rompe los lazos y se “casa” con el Wolfsburgo prometiendo lo mismo a lo que se comprometió a su llegada a la ribera del Manzanares.

Tan brillante en el campo como adulador en las salas de prensa. La imagen que ofrece Diego Ribas da Cunha (Brasil, febrero 1985) es la que toda suegra querría como marido para su hija. El yerno perfecto. Su sonrisa, capaz de iluminar hasta las calles más oscuras, sería suficiente como proteger a la primogénita de cualquier miedo lúgubre. Una melena frondosa y lacia que desafía con su perfección las leyes de la gravedad, incapaz de ocultar su profunda mirada, apta para hipnotizar y parar el tiempo de forma mágica con tan solo posarse en los ojos de otra persona. Atrae, hechiza, magnetiza.

La trayectoria de Diego Ribas se resume en historias de oportunidades pérdidas, de etapas sin terminar, de momentos de brillantez aplazados por una cabeza mal gestionada. Una colección infinita de instantes inacabados por decisión propia. No hablamos de un héroe mercenario, por mucho que lo parezca y se acuse al autor de dicha palabra que nunca pronunció, aunque la acepción que acepta la RAE en su diccionario sea válida para definir al brasileño: “hombre que desempeña por otro un empleo o servicio por el salario que le da”. En la ribera del Manzanares existía un inmenso hueco nunca cubierto desde que a Juninho le privaron de escribir la historia rojiblanca con letras de oro. “Veni, vidi, vinci”: Diego ejerció de Julio César rojiblanco. Y al igual que un amor de verano, se marchó por donde vino, sin dar explicaciones, dejando un rastro difícil de olvidar.

Dicen que una imagen valen más que mil palabras, pero a veces mil palabras tienen más significado que una única imagen, a la que deja desnuda. Diego Ribas aseguró que del Atlético de Madrid le gusta todo, algo que, al parecer, no ha sido suficiente. El brasileño minimiza esfuerzos: si para arrugar una frente se necesitan de 40 músculos, para una sonrisa solo se necesitan de quince. El Wolfsburgo programó una rueda de prensa conjunta, con Diego Ribas y Felix Magath como protagonistas. Aquel entrenador que declaró que vendería al brasileño si llegase una buena oferta, cambió de decisión: “Llevará el 10, dirigirá el juego ofensivo”.

Quién sabe si por el proyecto del Wolfsburgo o por el gran sueldo que cobra en Alemania. Diego ha cambiado de decisión. Magath ha confirmado que han llegado ofertas por él pero el brasileño no se ha movido. "Me quedo en Wolfsburgo. Estoy muy contento de estar aquí y voy a darlo todo por el equipo. Doy las gracias por la oportunidad. Todo el mundo sabe que he cometido un error". La decisión está tomada y no hay marcha atrás: Diego se queda en el Wolfsburgo.

Es el enésimo agasajo que se da Diego Ribas. Y no será el último baño de masas que se regalará para ganarse el cariño de la gente. Diego Ribas se aprendió la lección y tiene claro cuál es el mensaje que debe dar en cada equipo al que llega. Sin dorsal en los entrenamientos, a diferencia que el resto de sus compañeros, pero en la foto oficial. Su futuro parecía una incógnita, más si tenemos en cuenta cómo fue su marcha al Atlético de Madrid: “Participé en todos los partidos menos dos por tarjetas. Procuraba asumir la responsabilidad, muy importante porque cambiamos de entrenador tres veces... Cuando llegó el último partido, el todo o la nada, [Magath] me dejó fuera. Metió un jugador del segundo equipo en mi lugar sin hablar conmigo. Me dolió. Que me quitara así... Sentí que ya no formaba parte del equipo porque no había respeto”. También cargó contra Magath: “No fue una cosa profesional. Fue una cosa personal. Y, si hay cosas personales, no se puede trabajar”. Tocaba dar la cara y no ha visto mejor oportunidad para demostrar su incondicionalidad hacia los colores del Wolfsburgo: "Voy a hacer todo lo posible por jugar la mejor temporada de mi carrera".

Sin embargo, el mensaje no es nuevo. En su presentación como jugador del Atlético de Madrid, tenía claro que recado lanzar: “Lo importante es que estoy aquí, estoy muy contento. Tenía muchas ganas de jugar aquí, lo dije siempre. Por la grandeza del club, por la afición, por jugar en una liga tan importante... Ha sido un día con muchas sorpresas positivas". Y, al igual que en el Wolfsburgo, repitió la fórmula mágica, la misma frase: “Estoy aquí porque lo quería. Lo peleé mucho. Solo sé que voy a jugar la temporada de mi vida. Voy a poner todas las fichas en la mesa”. Para quienes crean que se trata de un hecho aislado es conveniente que se quiten la idea de la cabeza. Cuando Diego Ribas extendió su contrato hasta 2011 con el Werder Bremen en septiembre de 2007, el brasileño declaró algo similar: “Estoy encantado de haber ampliado mi contrato aquí. Me siento muy agusto en Bremen. Lo mejor es que el sentimiento positivo que tengo va cada vez a más. Tengo la oportunidad de jugar al fútbol y tener éxito con este equipo”. Una vez más juró amor eterno que acabó resquebrajado.

Su egoísmo tan solo tiene una razón, una base fundamentada, y es la de ser pieza clave en la selección de Brasil. Aquel niño al que Pelé calificó como una promesa a tan temprana edad en Santos cuando ni siquiera había cumplido la mayoría de edad, tiene una espina clavada (no ha jugado un Mundial) y es la de no sentirse respaldado por Dunga ni por Mano Menezes. ¿Es una obsesión volver a vestir la camiseta de la “canarinha”?, le preguntaron. “Es mi motivación cada día que me entreno”, respondió.

Como dijera en su debido momento Alejandro Casona, dramaturgo español, no hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa. Diego Ribas terminó una (brillante) etapa en el Atlético de Madrid, regreso a Alemania, se enfundó la camiseta del Wolfsburgo y entrenó con sus nuevos compañeros. Tuvo que tragarse su orgullo, reconocer sus errores que provocaron el exilio a España y pedir perdón a Felix Magath, que le acogió en sus brazos como muestra de misericordia. A su llegada a Madrid en septiembre, Diego diferenció a Magath de Manzano, entrenador por aquel entonces del Atlético de Madrid. “Manzano es inteligente”, aseguró el brasileño. Tan solo once meses después, Diego Ribas se refugia entre los brazos de aquel entrenador al que cuestionó su inteligencia. El niño reconoce a la madre por su sonrisa