Simeone, condenado por las circunstancias

Simeone, condenado por las circunstancias

La falta de recursos económicos para incurrir en el mercado de fichajes ha provocado un cambio en el discurso del técnico argentino. De la exigencia a la sumisión. Simeone ha entendido que debe acatar la situación presupuestaria que atraviesa el conjunto rojiblanco y aguantar estoicamente con los recursos que cuenta en plantilla, a pesar de que hayan desmantelado el equipo con las ventas de Salvio y Domínguez o con la ausencia de un recambio de garantías para sustituir el vacío que deja Diego Ribas.

La deuda con Hacienda no perdona. Las obligaciones que ha acordado con las Administraciones Públicas para pagar a plazos los millones que debe al fisco para solventar la deuda han hecho que el Atlético de Madrid tenga que apretarse el cinturón y ser más comedidos a la hora de incurrir en el mercado de fichajes. Al término de la temporada, desde el club rojiblanco se filtraba que durante el verano necesitaban ingresar 30 millones de euros a base de ventas de jugadores que no contaban dentro de la plantilla. A quince días del cierre del mercado de fichajes, el club rojiblanco ha fichado únicamente a tres jugadores con el ahorro como principal premisa, con unos ingresos de 18 millones de euros. Por esa razón, desde la Ribera del Manzanares se busca cómo ingresar la diferencia para cuadrar las cuentas.

La falta de ambición ha contagiado a Simeone. Si por naturaleza el argentino es pura energía, visceral como pocos y claro con sus ideales, el argentino ha tenido que tragar con lo que toca. Se vendió a Domínguez en una operación económica bastante interesante para el objetivo rojiblanco. Sin embargo se traspasó a Salvio, pieza que interesaba al ‘Cholo’ y no se ha traído a nadie para sustituir al argentino. Mucho menos a Diego Ribas, escaparate de los buenos momentos de fútbol que brindó el equipo la pasada temporada a su afición.

“Queremos competir y para competir necesitamos jugadores importantes y hombres. Somos el Atlético de Madrid y necesitamos ser competentes en lo que juguemos”, aseguraba a principios de julio Simeone, en respuesta al sustituto de Diego. Un arranque de ideas claras, al nivel de lo que exige Simeone en su filosofía “fútbol las 24 horas”. El argentino manifestaba su deseo de completar la plantilla para ser competitivo y crecer en aspiraciones. Sin embargo, se ha visto expuesto en un juicio público con la directiva. El argentino ha tenido que ser comedido con sus declaraciones y ha cambiado el discurso en apenas un mes. “Hay que intentar combinar las necesidades del club con las necesidades deportivas. Yo trabajo para el Atlético de Madrid y estoy de cara a todo lo que sucede”, respondía el pasado martes en rueda de prensa sobre la posibilidad de nuevos fichajes o la llegada de un jugador del corte de Diego Ribas.

Ya queda lejos aquella frase que vaga por la red que tanto emocionan a los aficionados rojiblancos. “Hay que tener fe, hay que tener convicción, hay que tener coraje, hay que asumir ciertos desafíos, porque el que no asume no arriesga, y el que no arriesga, no gana”, dijo un día. Aquel arrebato de seguridad, de ideología, de arrojo y de riesgo ha quedado en un segundo plano por una nefasta gestión económica que empeora año a año la plantilla del Atlético de Madrid.