La bicicleta de Óliver Torres

La bicicleta de Óliver Torres

Los ciclistas, aunque parezcan que no van a llegar a la cima, bajan la cabeza, siguen pedaleando y no se detienen.

Una montaña rusa. Los días de Óliver Torres en el Atlético de Madrid se han convertido en un logaritmo de complicada y compleja resolución. Admirado por sus compañeros de equipo, observado de cerca por los miembros del cuerpo técnico del primer equipo y valorado (o tasado, según se mire) por la cúpula y altos cargos rojiblancos, el joven jugador de Navalmoral de la Mata vive un ciclo de desconcierto absoluto, de profundo desconocimiento sobre qué rol ocupa actualmente en el club. Después de debutar en Primera División contra el Levante, Alfredo Santaelena no ha contado con el jugador en el inicio de Liga del filial tras mandarlo a la grada en el último partido contra el Real Madrid C.

Escribía Fernando Fernán Gómez que las bicicletas son para el verano y Óliver Torres no dudó en enfundarse el maillot y las gafas, equipado con muchas razones de ser la cabeza del pelotón rojiblanco a pesar de su juventud. Su irrupción en primera plana era necesaria. Tras el Europeo sub-19, sirvió de bálsamo para paliar la falta de fichajes. Magia e ilusión en un pequeño frasco de esencia, suficiente para ilusionar a una afición fácil de seducir que se aprendió su nombre y recordó a los Diego Ribas, Juninho y otros tantos jugadores de indudable técnica que pasaron por la ribera del Manzanares.

Han pasado solo menos de 3 meses. Un espacio de tiempo efímero. El papel de Óliver Torres con el Atlético de Madrid derivó en bajarlo al filial dirigido por Santaelena. Había pasado de ser la joven promesa, la posible opción a los problemas de Simeone a ser un jugador de 2ª División B. “La estrategia es no apurar al chico. Juega bien y sabe lo que queremos. Hablo mucho con él y sé lo que siente un chico de 17 años; yo debuté con esa edad. De momento estará con el filial para jugar los minutos que necesita y ojalá que nos pueda echar una mano. Prisa no tengo y miedo menos aún", aseguraba Simeone en rueda de prensa zanjando el asunto.

No ha tenido un buen inicio de curso y es consciente de ello. No recula y asume las culpas. “Llegué del Europeo, empecé a verme en los periódicos. Se me hacía raro pero me he hecho a la idea. Este mes he tenido un bajón y en el Club confían en mí, así que poco a poco iré hacia arriba”, aseguró Óliver Torres en declaraciones para la RFEF. Su debut con el Atlético de Madrid B dejó bastante que desear. Una semana más tarde no era convocado para jugar en Leganés por una decisión interna de preparar un plan físico para que recuperara el estado de forma tras un verano un tanto diferente al habitual. Jugó contra el Zamora y tampoco dio la talla, perdiendo más balones de lo que acostumbra. Alfredo Santaelena lo tenía claro en el partido en Valdebebas: “No está convocado porque ha sido una decisión técnica”.

Óliver Torres vive una situación difícil. Sus movimientos son observados con lupa, los medios de comunicación están pendientes de sus novedades y él siente el agobio que ello provoca. Ha traído más gente de lo normal a Majadahonda esta temporada y hay demasiadas expectativas puestas en él.  Oli monta en bicicleta y representa el papel del ciclista. Atraviesa un momento duro, consciente de que no está dando la talla. Pero al igual que un profesional del ciclismo, aprieta los dientes con rabia y fuerza, baja la cabeza y centra sus esfuerzos en seguir pedaleando para llegar donde quiere: “Mi sueño es triunfar en el Atlético de Madrid”.

Oli monta en bicicleta y representa el papel de ciclista. Aprieta los dientes, baja la cabeza y sigue pedaleando. Todo por un sueño

A pesar de tener la cabeza amueblada y estar bien asesorado por su familia, tal fama que atraviesa enloquece a cualquiera, lo que estaría pasando factura a un jugador que tan solo pide tranquilidad y relajación para jugar como mejor sabe. No se tratan de problemas con su técnico, sino – quizás – de una cura de humildad, de una decisión que le lleve a poner de nuevo los pies en la tierra y volver a ser y sentirse un jugador terrenal. El Atlético de Madrid ni el propio jugador han sido capaces de frenar la euforia que rodea al joven jugador, que ahora paga las consecuencias de verse expuesto ante tan elevadas perspectivas. Y es que, al fin y al cabo, como diría Albert Einstein: “La vida es como la bicicleta, hay que pedalear hacia adelante para no perder el equilibrio”.