Celta - Dépor: que solo se hable de fútbol

Día especial para el fútbol gallego. Tras cinco años sin un derbi gallego entre los más grandes del fútbol español, Galicia desea que sólo se hable de fútbol. Las secciones de Deportivo VAVEL y Celta VAVEL se han unido para expresar un deseo. El fútbol debe ser lo único de lo que se hable.

Celta - Dépor: que solo se hable de fútbol
Niños posan con la camiseta del Dépor y del Celta | Marta G. Brea - martagbrea.blogspot.com

Se acerca el día esperado por todos los gallegos amantes del fútbol. El día en que Galicia se paralice durante ciento veinte minutos y todo el mundo esté pendiente de un balón. Hoy, sábado, Vigo y A Coruña vivirán un día con solo una cosa en la cabeza, vencer a su máximo rival deportivo y sentir a su equipo como el hegemónico dentro de la Comunidad Autónoma.

Una rivalidad deportiva, pero que, por desgracia, ha traspasado la delgada línea roja que divide lo deportivo de lo social, de la sana rivalidad al odio más extremo. Todo empezó en el año de 1923, año de la fusión entre el Fortuna y el Vigo Sporting que dio lugar al Real Club Celta de Vigo.  El portero Isidro, el medio Chiarroni, el delantero Ramón González Figueroa y el capitán Luis Otero protagonizaron, con su marcha al Deportivo de la Coruña, un capítulo que tuvo gran repercusión a nivel nacional.

En Vigo se acusó al club coruñés de soborno. Fue el origen de una rivalidad que, lejos de quedarse en una simple disputa deportiva, trascendió a lo social. 

Desde aquel acontecimiento, han pasado ochenta y nueve años de tensión, de rivalidad y de enfrentamientos que desvirtuaron la verdadera esencia del duelo, el fútbol. No obstante, los dos equipos fueron capaces de olvidar sus rencillas y mirar un horizonte común cuando las circunstancias así lo merecían. Desde las secciones de Dépor VAVEL y Celta VAVEL deseamos que el encuentro del próximo sábado sea un ejemplo de lo que debe ser la fiesta del fútbol gallego.

Los niños nos enseñan el camino

Dice la leyenda que los niños siempre dicen la verdad. La mirada de un niño cuando aspira a un deseo muestra el camino de la inocencia, el camino de la realidad. Estos niños del CEIP Lamas de Abalde, en Santiago de Compostela, recrean un partido entre dos equipos que, lejos de la rivalidad en el campo, terminan siendo uno mismo, terminan jugando y representando un deseo, un derbi gallego sin violencia.

 

La lesión de Manuel Pablo

Una imagen que todo aficionado al fútbol tiene clavada en la memoria es aquel encontronazo entre dos jugadores que terminaron siendo amigos. Era la mejor época de dos equipos que se hacían respetar en España y en Europa por su buen juego y por la calidad de sus hombres. Era la época de Djalminha, Mostovoi, Mauro Silva, Valeri Karpin, y un largo etcétera de nombres destacados en el fútbol español. Pero el encontronazo de Manuel Pablo y Everton Giovanella aquel 30 de septiembre de 2001 nos dejó la imagen de un jugador desconsolado en el campo para el que el fútbol pasó a un segundo plano. Una imagen que muestra que, a veces, el fútbol no es lo más importante. No me acuerdo del resultado, pero no me parece importante, porque en el fútbol hay ocasiones que los goles deben ceder su protagonismo a las personas.

 

 Buenos momentos con los rivales menos queridos 

 

Es posible pasar buenos momentos con los rivales menos queridos. Así lo pensaron Morriña Celeste y Chamberí Blanquiazul, peñas del Celta y Deportivo respectivamente que el pasado año llevaron a cabo un amistoso de confraternización en Madrid, donde tienen, de manera compartida, su sede social.

Tres semanas antes del segundo clásico gallego de los que se disputaron el pasado curso dieron buena muestra de deportividad los aficionados residentes en Madrid de ambos conjuntos.

“Hay pique pero se queda en el campo. Después nos vamos a comer juntos", explicaba en su momento Alejandra Aller, presidenta de la peña Morriña Celeste.

Tras la mala imagen mostrada en el primero de los derbis en Segunda División por aficionados de ambos conjuntos, los actos en confraternidad por parte de las dos peñas demostraron desde Madrid que la rivalidad puede ser sana.

“Al final miras a tu alrededor y dices: Galicia se merece dos equipos ahí arriba y qué mejor que ver el derbi en Primera” rezaban la pasada campaña miembros de los dos bandos.

Su petición se cumplió y Deportivo y Celta ascendieron de la mano a la máxima categoría del fútbol español.

Contaminantes ‘Nunca Máis’, gracias

En muchas ocasiones la competitividad puede llegar, y llega, a ser un contaminante extremo del fútbol. Quizá tan contaminante como la carga que llevaba el petrolero Prestige, hundido en las costas gallegas en el pasado noviembre de 2002.

Galicia, ‘terra de mariñeiros’, quedaba infestada de chapapote dañando terriblemente los sectores de la pesca y el turismo, así como la gastronomía, entre otros.

El daño económico y social fue terrorífico e incalculable. Los gestos de solidaridad fueron muchos y, como es evidente, Celta y Deportivo, dos de las entidades gallegas más importantes a cualquier nivel, no quisieron ser menos.

Con el antecedente de un partido amistoso que enfrentó a un combinado de A Costa da Morte contra el Deportivo de la Coruña, herculinos y olívicos se aliaron en abril del 2003 para disputar un encuentro ante el Real Madrid con una vestimenta que presentaba los escudos de ambas escuadras así como la firma del sponsor de los dos equipos, por aquel entonces Umbro y Joma.