Jeremías, un brasileño que hizo disfrutar a Sarrià
Llegó procedente del Vitória de Guimarães en 1975, justo cuando el club cumplía sus bodas de platino. En sus tres temporadas vestido de blanquiazul, dejó huella de su calidad y habilidad.
El RCD Espanyol cumplía 75 años y el club presidido por Manuel Méler quería hacer algo importante. Y con esta actitud, se hicieron varios fichajes esperanzadores. El que llegó con más cartel y fama fue Jorge Da Silva Pereira, apodado futbolísticamente como Jeremías. Se fichó procedente del Vitoria de Guimarães portugués, dónde venía de hacer una excelente temporada, anotando la friolera de 32 goles. No pudo ser el máximo goleador del torneo porque el argentino Héctor Yazalde, hizo 46 dianas, batiendo todos los récords y fue con mucha distancia el Bota de Oro europeo.
El jugador brasileño llegaba en su mejor forma y con 26 años, una edad ideal para triunfar. El entrenador de entonces, el entrañable José Antonio Santamaría, no dudó en confiarle el puesto de delantero centro titular. En su primera temporada, Jeremías sufrió un poco el típico proceso de adaptación y no consiguió unas cifras espectaculares. Consiguió marcar cuatro goles en 24 encuentros disputados. No obstante, dejó huella de su gran calidad con el balón. A pesar de jugar como delantero centro, era capaz de ayudar al equipo a organizar el juego y tratar el balón con elegancia. Con todas estas credenciales, ayudó en su primera temporada en el conjunto periquito a clasificarlo para la Copa de la UEFA tras finalizar el campeonato en cuarta posición.
En su segunda temporada mejoró substancialmente sus registros. Logró once goles en 28 partidos. Precisamente en esta temporada fue cuando Sarrià le ovacionó en más de una ocasión. Su juego vistoso y sus goles le valieron para levantar más de una vez un público que disfrutaba con su fútbol. En Jeremías habían encontrado a un delantero de los que llevaban años anhelando.
Pero muchas veces, los finales son duros e injustos. Después de un primer año de adaptación pero que mostró sus calidades y un segundo año que rindió a un gran nivel, parecía que su tercera temporada tenía que ser la de su gran consolidación. Pero sin embargo, sufrió una hematuria que le apartó de los terrenos de juego durante dos meses. Fue un sobresalto inesperado para el equipo y para él mismo, ya que se encontraba muy ilusionado para hacer una gran temporada. Pero todo se torció y cuando se recuperó de sus problemas físicos, Heriberto Herrera, el técnico que sustituyó en esta temporada a José Antonio Santamaría, le obligó a seguir una dieta al constatar su sobrepeso. Los resultados de la dieta no fueron los que se esperaban y el jugador fue apartado del equipo e incluso se le obligó a entrenar al margen de sus compañeros. Al final de temporada, abandonó el club.
Tras su marcha del Espanyol, regresó al Vitoria de Guimarães portugués, dónde estuvo dos temporadas. Para finalizar su trayectoria volvió a su país para jugar en el club dónde empezó su trayectoria, el América FC.
En la actualidad, se dedica a formar jugadores en una escuela de fútbol para chicos entre ocho y dieciséis años, en su país en la ciudad de Cabo Frío.
Su historia no fue la que se escriben en los cuentos. Llegó con mucha ilusión y con sus calidades futbolísticas consiguió deslumbrar a la hinchada periquita, pero su historia fue corta y su final no fue el que nadie hubiera imaginado. Un genio que terminó como muchos otros. La historia del fútbol quizás es así. Pero pese a su final, no cabe duda que Jeremías está y seguirá estando presente en la memoria de todos los aficionados periquitos que disfrutaron con su fútbol en Sarrià.




