Rayo Vallecano 0 - Barcelona 5: el resultado de la temeridad de Paco Jémez

Un Barcelona con oficio y eficacia se impone a un valiente Rayo que, con su planteamiento, complicó las cosas en el juego a su rival pero se las facilitó en el marcador.

Rayo Vallecano 0 - Barcelona 5: el resultado de la temeridad de Paco Jémez
Rayo V.
0 5
FC Barcelona
Rayo V.: Rayo Vallecano: Rubén, Tito, Amat, Rodri, Casado (Nicki Bille, 66'), Javi Fuego, Chori Domínguez, Léo Baptistao (Franco Vázquez, 74'), J. Carlos, Piti (Lass, 57') y Delibasic.
FC Barcelona: FC Barcelona: Valdés, Montoya, Song, Adriano, Jordi Alba (Bartra, 80') , Busquets, Xavi (Dos Santos, 83') , Cesc Fábregas, Messi, Pedro y Villa (Alexis, 62')
MARCADOR: MARCADOR: 0-1, min.20, Villa. 0-2, min.47, Messi. 0-3, min.79, Xavi. 0-4, min.80, Cesc. 0-5, min. 88, Messi.
ÁRBITRO: ÁRBITRO: Pérez Lasa (Comité Vasco) amonestó por parte del Rayo Vallecano: Delibasic (25'), Rodri (26'), J.Carlos (38'), Amat (69') y del FC Barcelona: Jordi Alba (5')
INCIDENCIAS: INCIDENCIAS: Partido perteneciente a la Jornada 9 de la Liga BBVA, disputado en el Estadio de Vallecas.

Como casi siempre, cabía hacerse una idea de lo que sería el partido con las alineaciones. Por parte del Barça, lo más reseñable era la suplencia de Bartra (seguramente causada por el excesivo protagonismo que había tenido en los últimos días, justo lo contrario de lo que se busca con los noveles), con la consecuente ubicación de Adriano como central. En cuanto al Rayo, la presencia de cinco hombres eminentemente ofensivos confirmaba las intenciones que había declarado su entrenador en la previa. A Jémez le habría dado vergüenza plantear un partido del modo que lo hizo el Celtic. Pues bien, no lo hizo, felizmente para el Barcelona.

En el conjunto catalán, se producía una nueva sorpresa al iniciarse al encuentro: Busquets sería central y Song mediocentro. Como cabía prever, el resultado ha sido mucho mejor. Pese a perderse la capacidad de Sergio en el centro del campo, en esa ubicación sigue actuando un jugador de máximo nivel. Mientras que en la zaga, Busquets es ese central TAO (táctico-aéreo-organizador, perfil Piqué) que no es en absoluto el camerunés, dado que no se ubica con precisión y no sabe organizar al equipo desde atrás en la salida de balón. Junto con Adriano, central CAM (corrector-anticipador-marcador, perfil Mascherano), el rendimiento de la pareja de centrales ha sido notable.

Pero no podrían sacar el balón jugado limpiamente como consecuencia de la extraordinaria presión del Rayo Vallecano, caracterizado por una enorme intensidad que ponía en serias dificultades la circulación de balón del Barça. Las armas de estos últimos sin el esférico tampoco variarían, por lo que ninguno de los conjuntos permitía al rival ejecutar su juego. Pero el equipo catalán no se desesperaría por ello, pues que Valdés juegue casi siempre en largo y no tener el 80% de posesión ha dejado de ser traumático. Y es que Tito Vilanova sabe que, en un duelo entre dos oponentes con planteamientos similares, la balanza se decanta en el 99% de las ocasiones del lado del que tiene un nivel superior.

Tan solo 18 minutos tardaría en empezar a verse lo expuesto. En un momento en que los centrocampistas se zafaron de la presión, Messi pudo recibir con comodidad y disparar algo escorado a la izquierda, saliendo desviado su lanzamiento. Pero solo había sido un aviso, pues un minuto más tarde se inauguraría el marcador. Una pérdida rayista propiciaría la jugada en la que Cesc se inventaba un maravilloso pase para dejar a Villa solo ante el portero, con quien no tuvo piedad. Con este tanto el Guaje reaviva el debate sobre su papel en el equipo.

Y es que Fàbregas, ante rivales así, es un centrocampista inigualable. Él prefiere que los contrarios le rodeen a él si a cambio hay espacio para asistir a los puntas. En este contexto, probablemente haya sido el mejor del choque, si bien su consagración definitiva en la base de la jugada habrá de esperar a que, ante los habituales rivales encerrados, repita actuaciones de este calibre.

El estreno del marcador, precedido por el inicio del cansancio del Rayo causado por un desgaste que no es sostenible ni tan siquiera en estadios de dimensiones reducidas como Vallecas, daba lugar a una mayor fluidez culé, sin llegar a ser nunca completa no obstante. Muchas ocasiones llegarían más bien como consecuencia de los riesgos que asumía el Rayo con el balón, como por ejemplo aquella en la que Rubén resolvería un mano a mano con Cesc precedido por una recuperación de Messi en las inmediaciones del área. Y es que el Barça estaba más que mentalizado para el partido que le esperaba. Tocaba resistir más de la cuenta sin tener el balón en propiedad, acabar con los errores de bulto en la retaguardia y penalizar al máximo los errores del rival. Vaya si lo han hecho.

En estos parámetros se desarrollaría el resto del primer acto, en el que se produjo una ocasión más para cada equipo. A nivel individual, la exuberante y oxigenadora presencia de Pedro (¿dónde están los que le querían vender en verano?) por parte del Barcelona y el peligro de José Carlos, sin lugar a dudas la individualidad vallecana más destacada, por una banda en la que ni Di María ni Jesús Navas consiguieron generar las mismas dificultades a Jordi Alba. A nivel colectivo, si bien el Rayo interpretaba con corrección las instrucciones de su técnico, la sensación era que, de conseguir una salida limpia desde atrás el Barça, las vías de pase se multiplicarían y junto con ellas las oportunidades. Pero la consigna era no correr riesgos atrás, algo lógico teniendo en cuenta los precedentes.

Pero solo dos minutos, una vez comenzado el segundo tiempo, tardaría el Barcelona en echar por tierra las opciones rayistas. Nuevamente Pedro, auténtico quebradero de cabeza para los madrileños, conseguía atraer hacia sí a sus rivales y habilitar en profundidad en Montoya, quien serviría un descomunal envío raso desde la línea de fondo a la frontal del área, desde donde Messi la colocaría en la escuadra.

Mención especial merece este lateral, pues su crecimiento es una constante. Sobrio en defensa, acertado en la elección de sus subidas y soberbio en la ejecución de las mismas, ha superado el rendimiento de Dani Alves este curso en todas las facetas. Hasta tal punto que la recuperación del brasileño seguramente sea más un problema que una solución para Tito Vilanova.

Pero el Rayo no perdería la esperanza. Aupado por un espíritu encomiable y por decisiones aún más valientes de su técnico (ya no temerarias, pues ya no había nada que perder), conseguiría poner apuros a su rival en varias acciones a balón parado. Paradójicamente, más en las segundas jugadas que en las mismas, por lo que escasa estatura no explica estos problemas. Al menos, no de manera directa. Pero Valdés ha recuperado hoy su mejor nivel, evitando verse batido una vez más. Tal vez esta haya sido la mejor noticia del partido, pues su mal estado de forma empezaba a ser preocupante.

Esos minutos en los que el Rayo ha apretado más han dejado algunas sensaciones claras: Lass es infinitamente más peligroso que Piti, al menos a día de hoy; Adriano, como central, funciona mucho mejor sin balón que con él (paradójicamente) y Song es un gran mediocentro que cuanto más juegue en su posición menos tardará en demostrarlo. Correcto posicionalmente durante todo el partido, su capacidad recuperadora ha ido de aceptable a muy buena, mientras que su trascendencia con el balón ha ido de nula a aceptable.

Pero los de Jémez, quien se vio superado por la tensión del encuentro acabando expulsado, no encontrarían premio a sus esfuerzos. Y, coincidiendo nuevamente con su declive físico llegado el tercer tercio de la segunda mitad, encajarían el tercer gol tras una muy mala defensa de un saque de banda. Claro que sin la gran jugada y asistencia de Alba a Xavi y posterior gran definición del mismo esto no sería reseñable. Por otra parte, llama la atención la similitud con el segundo gol, haciendo en el costado opuesto lo mismo que había hecho Montoya en el anterior y la zona de disparo. Con este tanto, Hernández alcanza ya su quincuagésimo gol en liga. Sin embargo, ni esta cifra ni sus cien asistencias se acercan a describir el volumen de este jugador que hoy no ha vivido en el contexto en el que se siente más cómodo.

Por si fuera poco castigo, al siguiente minuto Cesc rubricaría el cuarto tras una nueva asistencia desde la banda (auténtica novedad en la generación de ocasiones del Barça de Tito), en esta ocasión de Pedro. Sin embargo, probablemente quien más culpa tuvo de este gol fue un recién ingresado Alexis Sánchez, barriendo al defensor para regocijo de Fàbregas. A la espera de que aterrice el Niño Maravilla (con un poco más de confianza culminará ocasiones como la que ha marrado), el Niño Escoba es infinitamente más útil de lo que se piensa, pues ni Villa ni Pedro tienen una capacidad tan grande de desconcierto en la defensa rival. O, lo que es lo mismo, de liberar de defensas a Messi.

Del tramo final, cabe resaltar a dos canteranos. El primero: Jonathan Dos Santos. El mexicano, quien no aceptó ninguna de las salidas que se le plantearon desde el área técnica, ha resistido estoicamente el hecho de quedarse fuera de las convocatorias, sabedor de que mediante el trabajo llegaría su oportunidad. Y así ha sido, firmando unos minutos primorosos que invitan a contar con él muy en serio. Del mismo modo que se cuenta con Bartra, quien ha dado un plus a la zaga cuando ha entrado al terreno de juego. Fruto de una gran anticipación suya llegaría el quinto y definitivo gol, en el que Cesc firmaba su sexta asistencia consolidándose como número 1 de la Liga en esta faceta (si bien cinco de las mismas han llegado en los dos últimos partidos; ante los dos rivales más abiertos) habilitando a Leo para marcharse de Rubén y anotar su decimotercer gol del campeonato, siendo aún más pichichi.

En resumidas cuentas, noche de oficio y eficacia de un Barça que se muestra cada vez más maduro y abierto a distintos registros para continuar ganando. De momento, iguala el mejor inicio liguero de la historia del club (1997-1998). Por el otro bando, noche de reflexión para el temerario Jémez, quien seguramente deba revisar "lo que le da vergüenza" para rascar algo contra Madrid o Barça. Y es que complicar el juego a un gigante raramente no equivale a facilitarle la generación de ocasiones.