Los clavos del ataúd

El fútbol es caprichoso por naturaleza y en no pocas ocasiones se intentan buscar respuestas a determinadas situaciones al amparo de caprichos técnicos o desafíos personales. En el fútbol como en la vida, la explicación más sencilla siempre suele ser la correcta.

Los clavos del ataúd
Villa se lamenta de una ocasión perdida en un encuentro de liga. (Foto: Zimbio)

El aficionado del Fútbol club Barcelona demostró el domingo pasado que comprende perfectamente la situación por la que está pasando David Villa. En un ejercicio de empatía colectiva, el Cam Nou rompió en aplausos y coreó al unísono el nombre del jugador asturiano reclamando su presencia inmediata en el terreno de juego. Todos los aficionados se preguntan el por qué de la ausencia del delantero azulgrana en las alineaciones que Tito Vilanova ha dispuesto hasta el momento. Por qué disputa tan poquísimos minutos y por qué el chileno Alexis Sánchez le ha pasado por la derecha aún en ausencia de Fábregas. Capricho o justicia del entrenador son las preguntas que los socios culés se plantean ante el ostracismo al que en apariencia parece relegado un jugador que se encuentra plenamente recuperado al dejar de lado una larga lesión. Tras un inicio de temporada en el que Villa ha demostrado sobradamente su regreso con una proporción goleadora envidiable, la situación del futbolista se alarga sin solución de continuidad.

sería titular indiscutible en el resto de equipos del mundoLlama demasiado la atención que un futbolista que sería titular indiscutible en el resto de equipos del mundo, no pueda encontrar un mayor hueco de participación en su propio club. Se trata de un futbolista con un olfato magnífico dentro del área y con una participación excelente fuera de ella. Mantiene un nivel de velocidad superior, digiere las intenciones de sus compañeros con suma facilidad e interpreta el juego de miradas al borde del área con una suficiencia pasmosa. Puede pelear durante partidos enteros contra centrales de dos metros y nunca rechaza el duelo que le proponen los laterales en su banda. Sabe administrar su ego ante el gol con la misma naturalidad que administra su solidaridad ante la necesidad de asistir. Mantiene el remate de un cazador y no ha perdido ni un solo gramo de pundonor. Igual aparece sufriendo por conservar un balón, que se desquita con pase de tacón. En Villa convive el hambre de un juvenil y la experiencia de un veterano. Ha perdido la sonrisa pero no debería perder la esperanza.

Ahora que ya ha dejado de ser arma arrojadiza contra Messi, las explicaciones de su suplencia hay que buscarlas en las tripas del fútbol más que en la lucha de egos. La expresión de la cara de Villa lleva marcada en sus ojos la señal del agónico centenario que se resiste a morir ante causas naturales. En numerosas ocasiones ha dado la sensación de que el entrenador culé no ha luchado de forma suficiente para deshacer el desagravio traducido en minutos, pero ¿Se puede parar un tsunami, detener un terremoto o esquivar un alud de nieve en mitad de la montaña? Lo lógico y al mismo tiempo injusto en este tipo de casos que afectan más a lo humano que a lo profesional es buscar las cusas en motivos personales. El jugador asturiano es víctima de una reacción en cadena que de forma natural y razonada le ha sentado en el banquillo.

En el Barcelona actual, Messi ha devaluado con su acierto insuperable la cotización del gol. La principal virtud de villa es el remate a portería, su olfato goleador, los números cantan y el conjunto azulgrana reparte goles con la misma simplicidad que una gota de agua sigue a la otra. El Barcelona actual necesita más la elaboración de Fábregas que los goles de Villa. El problema se agudiza cuando aún lesionado uno, no acaba de arranca el otro. El técnico culé, a su regreso tras su convalecencia, podría optar por explotar los recursos del guaje en la banda izquierda. Sin embargo, la figura de Jordi Alba se convierte en su peor aliado, pues el canterano culé complementa el talento de Iniesta con su velocidad y sus internadas constantes. Porque alba defiende en el centro del campo y ataca en el extremo. Poner a Villa supone una duplicidad de funciones en el espacio izquierdo y acordonar recorridos. Por qué utilizar dos jugadores para una determinada función cuando la puedes hacer con uno solo.

un Barcelona más dogmático, más mecánico y seguroPor qué Alexis y no Villa cuando es obvio que las limitaciones técnicas del futbolista chileno son clarísimas con respecto al delantero español. Mientras Guardiola daba mayor flexibilidad a las exigencias del sistema, Tito Vilanova se muestra más rígido a la hora de desarrollarlo. El actual entrenador azulgrana ha priorizado hasta el momento  el sistema a la calidad futbolística, mientras que Guardiola desencadenaba a los jugadores en beneficio de su propia calidad. En la esclavitud sistémica de jugadores no han de jugar los mejores futbolistas, sino los que más aportan al método en cada instante. Guardiola, sencillamente, conducía el sistema y las alineaciones con la máxima pretensión de que los mejores estuviesen sobre el césped, Vilanova ha supeditado más esa idea al beneficio del engranaje. Nos encontramos ante un Barcelona más dogmático, más mecánico y seguro aunque quizás menos brillante.

Distintas personas pueden interpretar una misma idea de forma diferente, cada entrenador es un mundo. Guardiola interpretó este sistema con matices claros a la forma en que hasta el momento y antes de su enfermedad lo ha hecho Tito. Quizás Jordi Roura, que en las próximas semanas tomará las riendas del juego por la triste ausencia de Vilanova, vea en el jugador asturiano un elemento más aprovechable.  Villa no puede hacer más y villa no puede ser mejor de lo que es. Si es paciente, en la paciencia encontrará una virtud, si se pone nervioso, la ansiedad clavará las puntillas de su propio ataúd.