Pep vs Guardiola
La tragedia del deportista, entrenadores incluidos, es que la victoria es el lugar más próximo a la derrota. Nada es eterno, y si te piensas perpetuo, cuando bajes del pedestal porque otros te empujen como tú empujaste, el dolor en tu ego puede deprimirte tanto que puedes hacer cosas extrañísimas para intentar mantener el foco sobre ti. Si te reconoces efímero, quizás puedas abstraerte y celebrar el triunfo como un oasis en tu vida, un acontecimiento puro. Aunque la cosa es difícil, porque nadie puede desprenderse tan fácilmente ni de sus recuerdos que te han hecho llegar hasta ahí ni de sus anhelos futuros, que siempre pasan por seguir ganando, que para eso se compite. ¿Cuándo parar? Ese es el terrible problema: demasiado pronto no te haces una reputación y demasiado tarde esa reputación la dilapidas. Si a todo esto sumas eso que dicen de que la fama es adictiva, el asunto se complica del todo.
La lógica dice que lo perfecto sería irte ganando. Hasta siempre, ahí os dejo, en la victoria, para que me recordéis como a un dios. Pero para que seas considerado un mito no sólo es necesario ganar. Necesitas algo más, o eres el primero en conseguirlo o eres el que más veces lo ha logrado. No hay punto medio. Lo que sucede es que siempre se piensa que el triunfo se puede repetir y te quedas para volverlo a intentar, si lo consigues, pones más alto el listón de quien quiera superarte, pero si no, comienzas a desdibujar tu leyenda, hasta diluirte como te empeñes en seguir intentándolo sin éxito.
Guardiola no ha sido el primero, que el primero en hacerse con la copa de Europa para el Barcelona fue Johan Cruyff, pero sí el mejor, porque nadie ha conseguido dos.
Si conquistara este año su tercera, sospecho que no renovaría, lo que ocurre es que el club no puede esperar tanto para que su entrenador tome esa decisión. En esas creo que anda Guadiola, estirando el tiempo, que siempre se le va a quedar corto, para intentar saber si esa copa será ganada por su equipo o no. No tener todos los elementos de juicio distorsiona la decisión y puede que le haga no caer en la cuenta de que realmente tiene una pésima salida: si gana su tercera Champions League estará pensando todo el año que ojalá lo hubiera dejado, relajando al equipo sin quererlo, y si la pierde, se presionará tanto como perfeccionista que es, para que su hoja de servicios siga siendo impecable, que puede que agarrote a sus jugadores. Yo creo que al final, pese a sí mismo, anunciará que sigue por no meter en un lío al club al tener que buscar con prisas otro entrenador, pero éste puede ser su primer mal movimiento en esta partida de ajedrez que cada uno juega con su historia.




