La meditación de Guardiola
Pep Guardiola está dando vueltas en su amueblada cabeza a una cuestión que viene siendo tradición en los tres últimos años sobre estas fechas. Sí debe renovar un año más y seguir entrenando al Fútbol Club Barcelona o todo lo contrario, ‘abandonar’ al club de sus amores y buscar nuevos retos lejos del Camp Nou…
Estamos casi en marzo y el aficionado culé y del fútbol en general no sabe sí en España se va a poder seguir disfrutando del fútbol de Guardiola, del ‘Pep Team’, de esa manera de jugar al deporte rey que en apenas cuatro años ya tiene un hueco en la historia de este bendito deporte. Un fútbol total, sin miedos ni cobardías. Al ataque, en la salud y en la enfermedad…
El técnico de Santpedor llegó al Barça en el verano de 2008, y de una tacada prescindió de Ronaldinho y de Deco. Llegó con mano firme y con las ideas claras. Había que airear el vestuario de malos vicios y dejar claro desde el minuto 1 de partido que el jefe era él y que no pensaba vivir de nombres y del pasado. Rescató a Piqué y elevó a los altares a dos desconocidos que jugaban en Tercera: Sergio Busquets y Pedrito, no mucho tiempo después Don Pedro Rodríguez. No se equivocó. El Camp Nou empezaba a disfrutar de una máquina cuasi perfecta de jugar al fútbol y de conquistar títulos. Triplete, trébol mágico (Champions, Liga y Copa) y a continuación los otros tres trofeos que puedes levantar: las dos Supercopas y el Mundial de Clubes. Nadie antes había conseguido un ‘sextete’. Tremendo.
En su segundo año Guardiola, aún bajo la presidencia del hombre que le volvió a traer a Can Barça -Jan Laporta-, empezó como en el primer año. Prescindió de otra ‘vaca sagrada’, de el león indomable Samuel Eto’o (cuestión de feeling), contrató a Ibrahimovic y el conjunto azulgrana repitió Liga, aunque cayó en semifinales de Champions. Daba igual. El Barça seguía enamorando a propios y extraños. En el fútbol a veces el estilo, la esencia y el reconocimiento son casi tan importante como vencer. Y volvió a renovar un año más…
En ese momento hubo un relevo en la presidencia del FCB que puede marcar el destino final de Pep. Llegó Rosell y su cúpula con la que Guardiola, a excepción hecha de su amigo Zubizarreta, no conecta. Es ‘vox populi’ y aunque todos le esperan y le regalan palabras bonitas al Míster, la conexión entrenador-presidente está lejos de ser buena. A pesar de lo dicho, el ‘Pep Team’ levantó otros cinco títulos en 2011, incluida la Orejuda en el mítico Wembley dando una lección de cómo se juega a esto a todo un United de Sir Alex Ferguson...
Guardiola ya se fue del Barcelona como futbolista cuando la grada le adoraba. Era el capitán y tenía contrato pero se marchó al extranjero buscando nuevos horizontes, nuevas experiencias, nuevos ‘calcios’. Italia, y luego México y Qatar le esperaban.
Ahora la historia se podría repetir. En lo más alto, cuando se ha vuelto a convertir en un mito en la Ciudad Condal, Pep medita irse con el fútbol a otra parte. Italia le apasiona aunque no parezca el mejor sitio para poner en práctica su fútbol de salón. Quizás Inglaterra y el Man United. Quizás otros destinos. Muchos quieren ver si Guardiola podrá exportar su fútbol deluxe en otras ligas, en otros países. Está en su derecho de irse. Se ha ganado el derecho a hacer lo que le plazca. El Barça seguirá y seguramente practicando un fútbol de calidad. Ya lo hizo antes con el maestro Cruyff e incluso con Van Gaal y Rijkaard. Pero nunca fue tan perfecto como este Barça de Guardiola. Y de Messi. Éste Barça de leyenda…




