Muchos puntos para tan poco juego

En el debate futbolístico entre buscar la excelencia del buen juego o decantarse por la victoria sin cuidar el estilo, no queda duda de la elección de Luis García. Hasta ahora le está saliendo bien, aunque el mal juego que el equipo muestra especialmente en el Coliseum es el motivo del descontento de una parte de la afición.

Muchos puntos para tan poco juego
Muchos puntos para tan poco juego. (FOTO: EFE)

El sábado en el Coliseum se oyeron pitos y gritos contra Luis García de parte de un sector de la afición azulona. Muchos no lo entienden. Otros lo critican. Algunos no lo comparten, pero lo entienden. Cada uno tendrá sus motivos, como yo tengo mi teoría. El Getafe no juega a nada, de ahí el descontento del aficionado con un equipo que está en la zona noble de la clasificación, con 24 puntos en 16 jornadas, en séptima posición y a tres puntos de los puestos que dan acceso a la Europa League. Incluso a cuatro de Champions. Números que, sin duda, pudieran desacreditar las críticas. Otra cosa es que antes de posicionarse, uno haya visto todos los partidos del conjunto azulón esta temporada. Así se observa con más perspectiva la semilla del descontento en Getafe.

En mi caso, he de admitir que no he visto todos los encuentros de lo que va de curso, ya que en uno falté a la cita: el partido de ida de dieciseisavos de final de la Copa del Rey ante la Ponferradina; precisamente saldado con el mejor resultado en cuatro meses, 0-4. Con esa falta me permito el lujo de analizar las sensaciones de un Getafe excelente en puntuación pero pobre en juego. He ahí la razón de las quejas.

El motivo de los pitos no es la cómoda situación del equipo, séptimo en Liga, sino la falta de juego mostrada habitualmente

Uno de los debates que más masa mueve en el fútbol está relacionado con el estilo de juego. Es como la dicotomía entre el bien y el mal o el cielo y el infierno; el ying y el yang o el alfa y el omega del fútbol: decidirse por jugar bien o abrazarse al resultadismo sin cuidar el estilo. Es algo más que una opción. Son dos corrientes de pensamiento que reducen de modo simplista el fútbol a elegir entre una u otra. Entre Menotti o Bilardo. No haré comparaciones más contemporáneas no vaya a ser que encienda algún alma inflamable. Mi postura es clara: los que escogen ganar por encima de estilos se olvidan de que jugar bonito es la forma más eficiente de obtener los mejores resultados. Es la causa, no la consecuencia. El medio, no el fin.

Y, además, más divertido. El superávit de puntos del Getafe a estas alturas contrasta con el déficit de entretenimiento. Es precisamente ahí donde le duele al aficionado azulón, acostumbrado a exigir por haber vivido momentos de gran fútbol con Schuster, Laudrup o Míchel. Muy alejado de ese estilo está el de Luis García; entre las dos opciones propuestas en la ‘dicotomía futbolera’, no queda duda de la elección del de Carabanchel. Ha confeccionado un equipo físico, serio y poco vistoso que le está dando resultados. Con la tranquilidad de la situación que otorga la buena posición en la clasificación, y separándose del oportunismo, es el momento idóneo para este análisis de un equipo alejado del buen fútbol.

¿Qué es el buen fútbol? El buen fútbol es España, que tardó décadas en darse cuenta de que al éxito de este deporte se llega mejor con el balón en los pies, tratándole con respeto. Sin perderlo, no se sufre. Ni se corre detrás de él. Con el control del esférico, los jugadores se cansan y sufren menos y los aficionados disfrutan más. El buen fútbol es el Barça de leyenda de los últimos años (esta temporada, a pesar de sus increíbles números, me gusta algo menos). Es tener siempre presente el balón, si no con su posesión, con una presión asfixiante por recuperarlo. Es defender y atacar, crear las mayores ocasiones posibles e intentar minimizar las del rival. Es ritmo e intensidad, como el Athletic que encandiló a Europa el año pasado. Es, por encima de todo, disfrute y emoción. Eso es para mí buen fútbol.

Con la plantilla que tiene Luis García, se podría jugar mejor. Y no se hace, por mucho que diga el entrenador lo contrario

Por supuesto que no son las únicas opciones legítimas. En la variedad está el gusto, y al fútbol se puede jugar de mil maneras posibles. Pero me atrevo a asegurar que no me gusta la que ha elegido el Getafe, más esta temporada que la anterior. De acuerdo que aplicar los conceptos de equipos tan grandes a uno como el azulón puede ser realmente dificultoso y poco realista. Pero también es cierto que, con la plantilla que tiene Luis García, se podría jugar mejor. Y no se hace, por mucho que diga el entrenador de Carabanchel que “quitando el Madrid, el Barça y el Atlético, pocos equipos juegan mejor que el Getafe”. El Geta, por regla general, aburre. Sobre todo en casa, cuando necesita llevar la iniciativa y no es capaz.

¿El motivo? Primero, el estilo de Luis García, que se siente más cómodo con el ‘planteamiento tipo’ de fuera de casa: equipo junto, ordenado y cerrado, solidario en la presión y, con la idea de robar y salir al contraataque, cediendo el balón y el territorio al rival. Pero conviene recordar que no hay mejor forma de defender que atacando, con la pelota en los pies. O, como diría Johan Cruyff, “si tienes la pelota no hace falta defender, porque solo hay una pelota”. El Getafe de Luis García, más ocupado en no recibir que en anotar, tiene poco el balón y atacar, ataca poco. Y cuando lo hace es muy plano y previsible. Es el problema que le surge en el Coliseum, cuando debe dominar y no sabe.

El segundo motivo, quizás causa del primero, es la falta de creación en la medular. Dispone de cuatro mediocentros –Borja no cuenta– que son de un perfil similar: todos horizontales y ninguno vertical. Se observa cuando el balón llega a su zona. Queda demostrado en los partidos de casa, en los que reinan la falta de ideas y el encefalograma plano. Le pasó ante Osasuna, pero también ante el Atlético en Copa. Cuando deben atacar, no saben cómo. Lacen es más atrevido con el balón que Juan Rodríguez, más limitado técnicamente. Ninguno de los dos crea. El que debería hacerlo, o con esa idea se anunció su fichaje, es el intocable Xavi Torres, que en casi media temporada solo ha mostrado imprecisión e incapacidad para hacer jugar al equipo. El último es Míchel, el más técnico y regular de los cuatro, incansable trabajador pero poco llegador.

Xavi Torres, fichaje estrella del verano e intocable en las alineaciones, está defraudando

Luis García no encuentra la fórmula. Prueba de ello es que salvo Xavi Torres, que ha jugado todos los partidos –perdiéndose solo 75 minutos en lo que va de Liga–, la otra posición de centrocampista va rotando entre los otros tres. Parece que se va asentando Míchel, pero no sería extraño que el entrenador azulón, que ha llegado a probar bajando a Barrada al centro, volviera a cambiar de idea. Llegando casi al ecuador de la Liga, el Getafe está muy bien posicionado en la tabla pero mal en su fútbol. Como cuentan los resultados, el equipo va bien. Pero creo que debe buscar una nueva fórmula de juego, sobre todo en casa. Quizá la solución esté en una pareja de mediocentros casi inédita esta temporada, pero que en la anterior combinó muy bien: Lacen-Míchel. Quizá sea el momento de ofrecer a Xavi Torres la oportunidad de espabilar sentándole en el banquillo, como ha hecho con otros. Algo ha de cambiar.

Porque, aunque a Luis García no le parezca así, el Getafe puede y debe jugar mejor al fútbol. O, rectifico, jugar algo al fútbol para que la clasificación concuerde con las sensaciones que deja el equipo. Por ahora gana con holgura la puntuación a la diversión. Cuestión de gustos. O de estilo. El mío, y parece que el de parte de la afición del Getafe, lo resumió a la perfección Jorge Valdano: “algunos dirán que en fútbol solo interesa ganar y otros, más cándidos, seguiremos pensando que si esto es un espectáculo también importa gustar”.