Ética deportiva paralela
Dos modelos deportivos diferentes que han tenido su recompensa
Si echamos la vista atrás, hace unos años había dos equipos en esta liga que eran referentes en el deporte rey. Dos modelos deportivos análogos. Club grande y club pequeño que se ganaron la simpatía y el afecto de todos los aficionados porque eran los mejores simplemente por hacer con el fútbol aquello que únicamente debe hacerse: jugarlo.
En casi todo en esta vida, el dinero dicta a favor o en contra. Por un lado, un club que ha podido mejorar año a año mediante la incorporación del mejor delantero de la historia de nuestro país o la mejora del contrato del mejor futbolista que han visto mis ojos. Un equipo que ha forjado una leyenda sobre los terrenos de juego que difícilmente podrá ser mejorada, pero sería injusto e incierto afirmar que hoy en día su potencial se sustenta únicamente por su capacidad económica.
Un modelo basado en el apoyo a las categorías inferiores, en servirse de los jóvenes que desde pequeños visten casi a diario, y durante muchos años, el mismo escudo en la ropa deportiva, hace que el compromiso de estos chavales hacia el club sea increíble y al final acabe dando sus frutos. Conocen la filosofía de la casa, la tradición del club y comulgan con unos valores que sienten suyos y se identifican con ellos. Precisamente en los últimos años, un equipo que desde arriba se ha visto salpicado por la política, algo que nunca debería manchar este deporte, ha contado con futbolistas extremadamente jóvenes que inconscientemente han sabido aleccionar a todo aquel que crea que puede hacerse de un club de fútbol un grupo político por y para los habitantes de una determinada región. El F.C. Barcelona es también de la gente de Albacete, de los canarios, y de hasta el último habitante de Rosario.
Por el contrario, en Getafe no ha habido grandes desembolsos económicos jamás en su historia. Cuando un jugador despuntaba o hacía un buen año, rápido venían los grandes sabiendo que los equipos pequeños están dispuestos a aceptar casi cualquier cantidad que se les ofrezca por ellos. Güiza, De la Red o Soldado tuvieron que hacer las maletas después de forjar temporadas brillantes en la localidad madrileña porque su marcha suponía para el club el poder afrontar económicamente el curso siguiente o al menos intentarlo.
Tampoco ha habido una apuesta por el fútbol base en el sentido de dar la oportunidad a canteranos que sin duda los habrá talentosos en la ciudad deportiva del club azulón. Tan sólo Adrián Sardinero y Abdel Barrada han tenido la suerte que en otros clubes de la talla del Getafe sí han disfrutado muchos más canteranos en los últimos años. Es decir, cuando la capacidad económica no permite comprar, sino que además obliga a vender, es quizá el momento de dar la alternativa a algún joven del filial para que en un corto o medio plazo se convierta en un futbolista más de la plantilla y quién sabe si podrá alimentar las arcas del club; pero en el Getafe no han sabido verlo así. Aún así, a pesar de todas las dificultades económicas y de haber coqueteado con el descenso algún año atrás, este club ha demostrado representar a su modo al perfil del habitante medio de la localidad y se ha puesto el mono de trabajo para salir al paso cada temporada, no sólo perviviendo, sino logrando incluso méritos deportivos como dos finales de Copa consecutivas.
Por tanto, no se trata más que de dos modelos deportivos totalmente diferentes pero que, cada uno a su forma, se han sabido ganar el respeto de los equipos de este país y la admiración más de una noche de todos los aficionados a este deporte. Y es que, alguna vez, alguien ha sido del Barça o del Geta durante noventa minutos. Esperemos que en duelos como el de mañana, el fútbol sea el principal vencedor. Dos grandes representantes se encargarán de ello.




