Casquero hace fuerte al Getafe en el Coliseum
Un postrero gol del capitán azulón deja la victoria en casa ante un Granada que solo atacó en la segunda parte. El Getafe dominó claramente el primer acto sin puntería, la misma que les faltó posteriormente a los visitantes. Con estos tres puntos, los getafenses salen del descenso y alcanzan a los granadinos en la clasificación.
Con un Coliseum mucho más frío que en la última ocasión frente al Barça, llegaba un complicado visitante para un Getafe con la necesidad de hacer de su estadio un fortín. El bagaje del Granada en sus últimas salidas, con victorias en campos difíciles como San Mamés o el Sánchez Pizjuán, era inversamente proporcional al de los azulones, que deambulan sin pena ni gloria, con la escasez como compañera de excursión cada vez que salen de casa. De ahí proviene la necesidad de conseguir en el Coliseum lo que se deja el equipo fuera de él. Y más necesarios los tres puntos si enfrente está un rival directo por la salvación. En las botas de los madrileños estaba el otorgar un doble golpe a sus rivales hoy: quitarles tres puntos y cogerles en la tabla.
La temperatura no invitaba al espectáculo de un encuentro que burlaba la hora de la siesta. Por la primera parte que se vio, parecería que ese efecto de modorra tras la comida se trasladó a los protagonistas sobre el césped. En especial a un Granada que no despertó hasta que volvió del vestuario en el descanso. Los locales dominaron los primeros cuarenta y cinco minutos de cabo a rabo, casi sin oposición granadina. Aun así, el juego del Getafe no fue lo suficientemente fluido y alegre para sacar del letargo a los aficionados, que vieron como el equipo hizo de la circulación estática y horizontal su estilo futbolístico. Con pocos espacios, pocos ofrecimientos y poco movimiento entre líneas los de Luis García conseguían llegar al área de Roberto con tranquilidad pero con peligro escaso y acierto nulo.
Con el Granada cómodo detrás del balón, las oportunidades getafenses llegaron por inercia. La primera fue de Míchel, que probó a Roberto desde fuera del área en un par de ocasiones. Sarabia, entre centro y centro, también tuvo el gol en un par de ellas antes del primer cuarto de hora. A medida que avanzaba el reloj, el ritmo lento y el trote se convirtieron en protagonistas, y las llegadas locales se espaciaban más en el tiempo. Mientras los visitantes seguían sin llegar al área local, un buen cabezazo de Miku y un remate de Diego Castro indicaron el camino a vestuarios a dos equipos con ideas distintas pero idéntico botín.
Tras el descanso salió otro Granada. Los de Fabri, que ni intentaron atacar anteriormente, se estiraron y empezaron a probar a la defensa getafense. En diez minutos gozaron de tres ocasiones para abrir el marcador, pero la puntería no es precisamente el fuerte de este equipo. Moyá y Rafa, una vez más, supieron desbaratar la cercanía al gol de los visitantes. A pesar de no afinar bien, los granadinos ofrecieron una cara y una actitud diametralmente opuestas a las del primer tiempo. El Getafe, entre tanto, intentaba sacudirse el dominio de un rival que volvió a perdonarle el gol –y el partido–. Primero una contra bien llevada y mal finalizada por Ighalo y después un remate claro de Geijo fueron las últimas balas desperdiciadas por el Granada. Acto seguido, le llegó la factura.
El saber popular dice que en el fútbol, el que perdona la paga. El precio para el conjunto granadino fue un balón rechazado por Roberto que cayó a los pies de Casquero. El capitán azulón llevaba mucho tiempo sin deleitar con su especialidad, el disparo desde fuera del área. Decidió volver a sacarlo hoy para cargarlo a cuenta del Granada. Su golpeo seco, tras tocar en un defensor, llegó a las redes al tiempo que en el aire sobrevolaba la vuelta de una idea guardada en la memoria azulona: el ‘casquerazo’. Cuando menos lo merecía el equipo, cuando más lo necesitaba, su capitán tomó el mando y decidió un partido esencial para salir de abajo. A pesar de restar algo más de diez minutos para el final, el partido terminó con el gol. Supuso tal mazazo para el Granada que le adormeció y le privó de toda respuesta. Tres puntos de respiro para el Getafe ante un Granada que pagó la falta de pegada. Esa pegada que volvió a las botas de un –eterno– rejuvenecido Casquero para hacer del Coliseum un fuerte necesario para un equipo que gana de nuevo en casa lo que pierde fuera. En esta ocasión, el espíritu de su capitán le guió.




