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Ángel Torres y su equivocadísimo camino

Getafe CF

Ángel Torres y su equivocadísimo camino

Concentración contra el “abusivo precio de los abonos” en Getafe

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Getafe CF 2011/2012: Vaivenes, poco fútbol y mucho oficio para disfrutar ‘la novena’

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Getafe CF 2011: Año nuevo, ¿vida nueva?

Termina el año y se diluye en Getafe un 2011 repleto de baches y piedras en el irregular camino de un equipo y una afición que han sufrido más que disfrutado. Llega el 2012 con la misma ilusión que genera toda nueva aventura y, como siempre por estas fechas, toca hacer balance de unos doce meses con claroscuros al sur de Madrid. Los malos resultados, la incógnita de la misteriosa venta del club al grupo de inversión dubaití Royal Emirates, la pésima racha fuera de casa, el infortunio de las lesiones o los malos arbitrajes recibidos dejan un recuerdo agridulce en este ciclo que se cierra y varias dudas e interrogantes para el futuro inmediato.

Getafe CF 2011: Año nuevo, ¿vida nueva?
El Getafe consiguió el mayor éxito del año el 21 de mayo en Anoeta, con un empate que supuso la salvación y permitió la permanencia por octavo año consecutivo en Primera División.

Desconfianza, incertidumbre, desánimo, nerviosismo, pesimismo, desazón, incluso algo de miedo. Y alguna que otra alegría. Son sensaciones que han recorrido los alrededores del Coliseum Alfonso Pérez en este año que se nos va. Por fin, dirán algunos azulones. Y es que el 2011 no será recordado en Getafe como el mejor año de su corta historia en Primera División. Dos entrenadores, 36 jugadores utilizados (23 de la temporada pasada más los 13 nuevos en esta campaña) y hasta el posible cambio de propietarios han hecho que la trayectoria del curso que acaba haya sido extraña, polémica y dubitativa. Un pésimo comienzo de resultados unido a la venta del equipo a un grupo de inversión dubaití, el arreón final para mantener la categoría, la mala suerte de las lesiones o los polémicos arbitrajes recibidos han conseguido coronar a la inestabilidad como la principal protagonista del año del Geta. Han sido 365 días con más penas que glorias, con más sinsabores que placeres para un paladar azulón malacostumbrado a los ricos manjares del fútbol. Con las alegrías justas, pero bien escogidas. Con altas dosis de sufrimiento, que sabe mejor.

Pese a la buena racha de finales de 2010, el año empezó mal, con un enero sin victorias. La mala racha fue agrandándose hasta que agónicamente, en el último partido, el equipo conseguía la salvación en San Sebastián tras empatar a uno con la Real Sociedad.2011 empezaba con la resaca de un diciembre de oro repleto de victorias. Antes de que comenzara el presente año, el Getafe consiguió enlazar cinco triunfos consecutivos que contagiaban optimismo a raudales para el nuevo ciclo. Pero nada más lejos de la realidad. La espectacular racha antes de Navidad se volteó por completo a la vuelta de vacaciones. Un pésimo enero colmado casi por completo de derrotas fue el augurio de un final de temporada agónico. Lo que parecía imposible en el ecuador de la Liga, merced a una meritoria primera vuelta terminada con 27 puntos, se convirtió en una posibilidad cada vez mayor, en el peligroso horizonte del descenso, menos lejano según iban avanzando las jornadas y se iban perdiendo puntos a espuertas. Las rentas conseguidas en la primera vuelta permitieron vivir sin apuros y, después, cuando los apuros ya se hicieron evidentes, esos réditos resultaron claves para la salvación in extremis del equipo. El cuadro azulón, sin motivo aparente, quedó atrapado en la desmoralizante tela de araña que él mismo se tejió derrota tras derrota, y la pérdida de confianza se agravaba al mismo tiempo que se perdían puntos como la sangre que escapa sin freno de una herida profunda. La herida, finalmente y no sin sufrimiento, se consiguió cerrar sobre la bocina con un arreón final de casta y orgullo que permitió al conjunto de Míchel salvar la categoría en la última jornada empatando en Anoeta. Fueron finalmente 44 puntos, es decir, 17 puntos en los últimos 19 partidos; solo cuatro victorias –todas en el Coliseum, por supuesto– durante los cinco primeros meses del 2011. Tras varios rumores, desmentidos y mentiras, el Getafe Club de Fútbol fue vendido al Royal Emirates Group de Dubái a finales de abril por una cantidad cercana a los 90 millones de euros. Desde entonces poco se sabe.

Antes del agónico desenlace del 21 de mayo en San Sebastián se produjo una de las noticias con mayor impacto mediático –si no la mayor– en la historia del Getafe, que de forma indirecta también ayudó a aumentar la inestabilidad e incertidumbre de la plantilla y el club. Eran momentos difíciles en Getafe, en un mes de abril que hacía presagiar lo malo por venir de un equipo cuesta abajo y sin frenos. Fue el instante en el que, entre rumores de la intención de un grupo de inversión de Dubái de comprar un club español, el presidente Ángel Torres decidió poner rumbo al Emirato junto a uno de los capitanes, Manu del Moral, para lo que él denominó una simple operación de “patrocinio”. Finalmente, a su vuelta a España, Torres, tras más desmentidos y mentiras, anunció el 25 de abril que el Getafe Club de Fútbol había sido vendido, con el 99.3% de las acciones, al Royal Emirates Group por un valor cercano a los 90 millones de euros. Desde entonces, poco o nada se sabe de los inversores dubaitíes. Primero se especuló con que entrarían en el club por estas fechas, después que sería ya a final de temporada o del 2012. Por ahora, todo son especulaciones en el silencio reinante de una operación envuelta en misterio. Lo que parece claro es que, en el momento menos indicado por la difícil situación que atravesaba el equipo, al presidente no le importó inyectar un poco más de desestabilidad con el fin de cerrar uno de sus mejores negocios. Poderoso caballero es don dinero. Y peligroso…

La temporada finalmente se salvó en Donosti, pero a pesar de ello la herida abierta a partir de enero no cicatrizó bien y Ángel Torres decidió cambiar de entrenador para la temporada 2011-2012. El timón pasaría a manos del entrenador revelación del momento, Luis García. El objetivo del míster madrileño era terminar con la indolencia y frialdad que acusó el equipo en varios compases de la temporada pasada. Hasta el momento, y siendo aún pronto para juzgarlo, no parece muy transformado el carácter de los jugadores con uno y otro director de orquesta. Los resultados tampoco indican un cambio en la tendencia, pero para ello tiene Luis García más de la mitad de la temporada por delante. De ese análisis ya habrá tiempo de hablar en junio.

Por ahora toca observar el arranque de temporada 2011-2012 que, a pesar de las grandes expectativas creadas con la que para muchos era la mejor plantilla de la historia del Geta, siguió la senda irregular de la primera mitad de año con Míchel al mando. Con varias dificultades añadidas, al equipo de Luis García le ha costado arrancar dios y ayuda. Empezó sólido, pero sin el acompañamiento de los resultados, y así se fue perdiendo frescura en el juego y en las ideas. Con un empate y tres derrotas en los primeros cuatro partidos, las dudas no tardaron en instalarse de nuevo en el Coliseum. El equipo por fin ganó a la quinta oportunidad, pero tras esa victoria tuvieron que pasar otros seis encuentros para volver a conseguir los tres puntos. Mal arranque de un equipo que, todo hay que decirlo, se formó tarde, empezada incluso la Liga. Se apuró hasta el final para traer a Pedro León, Güiza y Rubén Pérez; se incorporaron tarde Sarabia, Míchel, Masilela y Miku. Todo ello con la mitad de la plantilla y un entrenador recién llegados, lo que dificulta la adaptación. Y entre tanto, las lesiones tampoco ayudaron. Ni los arbitrajes. Ni la suerte.

Mención aparte merecen algunas de estas casualidades esquivas que también han influido en la trayectoria del Getafe. En primer lugar, las lesiones han acompañado al equipo en estos doce meses, en ocasiones cebándose con jugadores como Ustari, Rafa o Gavilán. Mario también estuvo largos meses alejado de los terrenos de juego. Ahora, Pedro León lleva dos mes de baja por problemas de rodilla que le hicieron pasar por el quirófano. Afortunado es aquel jugador –si es que lo hay– que no ha pasado por la enfermería en estos doce meses.

La fortuna ha querido que también acompañen a los azulones los errores arbitrales en esta temporada. Hablar de los arbitrajes es considerado de equipo pequeño –lo que es el Geta–, pero cuando se llega a un número de perjuicios, es necesario alzar la voz. Se empezó la Liga con un empate ante el Levante que debió ser victoria por una mano no señalada en el gol visitante, y se termina el año con un atropello en la vuelta de dieciseisavos de final de la Copa del Rey en Málaga, por parte de Clos Gómez: gol mal anulado a Cata Díaz, expulsión compensatoria de Casquero y, para colmo, los locales logran la clasificación en los últimos minutos en una falta totalmente inexistente. Entre medias de estos dos partidos, el mismo Clos Gómez se inventa un penalti en una dudosa “falta” claramente fuera del área de Cata sobre Cristiano, cuando el equipo peleaba y empataba dignamente en el Bernabéu; un posible penalti escamoteado frente al Rayo; diferentes criterios en las tarjetas, con una expulsión de risa a Barrada en El Molinón, una expulsión olvidada a Feghouli en Valencia, o el trato discriminatorio en el partido de Liga en Málaga, en el que fue tarjeteado hasta el apuntador; y, por último, la joya de la corona, ese doble penalti no señalado en el Sánchez Pizjuán, con una mano clamorosa de Spahic y, posteriormente, un agarrón a Sarabia (con empate a cero). Bien es cierto que también se ha visto favorecido el Getafe en alguna ocasión puntual por los de negro, como en el partido frente al Barcelona o en Málaga en Liga, pero la realidad es que en el balance sale claro vencedor el perjuicio a los azulones. Con todo esto, resulta entendible la reacción de Míchel en el túnel de vestuarios de La Rosaleda el pasado miércoles 21, diciéndole a los colegiados un meridiano “lleváis toda la temporada robándonos”. Su sinceridad será objeto de sanción. Más leña al mono.

No obstante, de nada sirve acudir a los fantasmas para excusarse de los problemas. No ayuda a resolverlos. El equipo ha tenido esas dificultades, pero no ha dado lo suficiente para sortear a sus rivales y a las condiciones adversas. La fórmula para no lamentarse de esas eventualidades es trabajar y trabajar. La suerte se busca, mientras que la mala suerte es el pretexto de los perdedores. Si las cosas se hacen bien, tarde o temprano saldrán bien, y parece que el equipo va en esa línea, con cuatro victorias en los últimos ocho partidos. Una de ellas frente al todopoderoso Barça, y otra en Mallorca, rompiendo la pésima racha que acompañaba al Getafe fuera de casa, donde no ganaba desde diciembre de 2010. Un año ha tenido que pasar para volver a ganar a domicilio. Sintomático del año que se nos escapa. El equipo ha conseguido, en este 2011, 9 victorias de 41 partidos disputados. Solamente una de ellas, la última -en Mallorca-, ha sido a domicilio, donde ha estado 12 meses sin vencer.

Se trata de un año que, en definitiva, acaba estabilizado dentro del mar de zozobra que ofrecen los resultados obtenidos. En todo el 2011, el Geta ha jugado un total de 41 partidos –38 en Liga y 3 en Copa–, con un balance claramente desfavorable de 9 victorias, 11 empates y 21 derrotas, consiguiendo así 37 puntos (el empate conseguido en Copa no puntúa). De estos 37, 18 puntos corresponden a la temporada pasada (uno en el último partido de la primera vuelta y los 17 restantes, de la segunda), en 23 partidos disputados (uno de Copa incluido, también perdido), mientras que los otros 19 se han sumado en la presente campaña, en 16 partidos de Liga más 2 de Copa del Rey que se han jugado. Resumiendo: 4 triunfos, 6 empates y 13 derrotas en el final de la campaña 2010-2011; y 5 triunfos, 5 empates y 8 derrotas en el comienzo de la 2011-2012. El año pasado, a estas alturas, el equipo se despedía séptimo en la clasificación; en la actualidad ocupa la duodécima plaza.

Son números pobres que definen un año pobre, escaso de alegrías. Pero alguna hay. Como la irrupción esperanzadora del talento de Abdel Barrada. Como la épica victoria sobre el Atlético, remontándole con un jugador menos. Como el no menos legendario triunfo que rompió la imbatibilidad del Barcelona. Como el empate en Anoeta con sabor a salvación y a octava oportunidad de saborear el dulce paseo por los cielos del fútbol español. En este 2011 que termina también ha habido espacio para la euforia. La misma que se espera encontrar en el venidero 2012, un año para espantar fantasmas y seguir soñando, dudando y, en definitiva, disfrutando. Mañana vuelve el equipo a los entrenamientos, con ganas de continuar escribiendo la historia de un futuro en clave de leyenda, de hacer al –esperemos– próspero año nuevo mejor que el que ya expira. Y por si a alguno se le olvida el camino, la fórmula ya está escrita en el himno del Getafe Club de Fútbol: “sigue la ruta que hasta ahora llevas, llena de triunfos, honra y honor…”. Y que sea por muchos años. Porque no hay mal que dos años dure.

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