Un cabezazo de Ramos reina en la estepa siberiana de Getafe
El Real Madrid vence en el Coliseum y se afianza en el liderato gracias a un gol de cabeza del central sevillano a la salida de un córner. Mal partido en medio de unas condiciones climatológicas muy adversas, con temperatura gélida y fuerte viento que dificultó el juego. El Getafe, a pesar de reclamar un claro penalti, no hizo méritos para sacar algo positivo del encuentro.
Llamaba el líder a la puerta del vecino en busca de tres puntos con los que seguir adormeciendo la Liga, y llegaba, ciertamente y a pesar de su paso firme en la competición, algo receloso de su anfitrión de esta noche. La historia reciente así alarmaba a los de Mourinho. Para ir a Getafe, el Real Madrid únicamente necesita un autobús y poca gasolina; para ganar en el Coliseum, según algunos descalabros sufridos últimamente, se necesita mucho más esfuerzo y sudor. En definitiva, el vecino simpático le ha salido a los blancos muy rebelde y peligroso. El peligro era mayor en esta ocasión porque el rival de los líderes era un equipo lanzado que, desde que dejó el farolillo rojo, ha hecho números de Champions en las últimas diez jornadas, con sólo un punto menos que el Barcelona. Un Barça al que el Getafe ha sido el único equipo en ganar esta temporada, en el mismo escenario peligroso que visitaba el Madrid.
Por eso, y a pesar de las enormes diferencias de plantilla y calidad, el conjunto blanco se mostraba cauteloso en su traslado al sur de la capital. Prudencia para no caer en la misma trampa azulona de otros años. Consciente de que el Coliseum es de esos feudos en los que se ganan y se pierden ligas, el Madrid ha salido más enchufado a un partido en el que en la última década ha estado más desconectado que otra cosa. Hoy, además, el frío polar y el viento duro y helado no han ayudado a entrar en calor. Malas condiciones para defender el liderato en uno de los campos ya de por sí más fríos de la categoría. Pero, como se suele decir, la temperatura y los efectos externos son para los dos contendientes iguales, así que no sirven de excusa ni de unos ni de otros.
Así, con la afición acordándose de Siberia, empezaba a rodar el balón en busca de tres puntos con los que soñar unos, y seguir avanzando otros. El primer atisbo de calor en la grada vino apenas dos minutos tras el comienzo, con una clara ocasión en boca de gol que desperdició Barrada tras una buena combinación azulona. El Getafe entró bien en el partido, pero poco a poco se fue diluyendo. El Real Madrid, en cambio, aguantó el primer embiste de los locales y con el paso de los minutos fue cogiendo su sitio y afianzando su dominio del juego. Apoyados en el artista del equipo, Özil, los blancos comenzaron a crear peligro en las inmediaciones de Moyá. El alemán fue el que botó un saque de esquina que llegó a la cabeza de Ramos y, tras un gran remate, el balón terminó en la escuadra de Moyá.
Corría el minuto 17, y el buen arranque local terminó de esfumarse ante un duro golpe, el primero del que disponía el cuadro de Mourinho. Los partidos se deciden en pequeños detalles, como la diferencia que va de los centímetros por exceso del remate de Barrada, fuera, a los centímetros por defecto del de Ramos, dentro. El gol dejó al Geta muy tocado, y el Madrid pudo aprovecharlo en veinte minutos en los que fue el claro dueño del partido. Sin embargo, no fue capaz de aumentar distancias y los de Luis García cercando el descanso despertaron. Volvieron a abrir los ojos y a crear peligro, con sendas ocasiones de Miku y Casquero. Cristiano tampoco acertó y se llegó al descanso con el 1-0 en el luminoso.
Tras la reanudación, el encuentro se mimetizó con el ambiente: se heló. Al Madrid le bastaba sin meter ni cuarta para no pasar apuros ante un Getafe totalmente inocuo en la segunda mitad. Los visitantes llegaban al área rival no con mucha continuidad, pero sí con facilidad, y o bien Moyá o bien la falta de puntería evitaban la sentencia. Mientras, enfrente, el equipo que tenía que ir a por el partido no era capaz. Lo más representativo de la segunda parte del Geta fue que su jugada más peligrosa fue un claro penalti no señalado por manos de Pepe dentro del área. Ese fue su bagaje ofensivo en los últimos 45 minutos. Ni un tiro a puerta. Casillas, de hecho, fue el que más frío pasó de los veintidós: apenas tocó el balón.
A pesar de la inocuidad de los getafenses, los madridistas no fueron capaces de darle la puntilla al rival, y al final, por inercia, terminaron sufriendo. A Cristiano se le anuló un gol por fuera de juego, y fue el preludio de un falta desde 40 metros colgada al área de Casillas que terminó en córner. Finalmente, el Getafe se encontraba con la última oportunidad de un partido que no mereció dejar de perder. No obstante ahí estaba el balón, en la esquina, mientras Moyá subía a rematar. A la épica se agarraba el Geta. Pero no era el día, y el balón lo terminó despejando la testa de Ramos. La misma cabeza que decidió el partido puso fin al mismo. Fue la reinante en un encuentro propio de la estepa siberiana, del que el Real Madrid sale más líder y el Getafe pone fin a seis partidos consecutivos sin conocer la derrota.




