El Granada destierra a su fútbol

Contracrónica. Puede ser el último partido del Granada C.F. en el estadio de Los Cármenes. Y aunque es una opción algo remota, el plantel de Anquela ya se despidió este domingo del fútbol desplegando una táctica nula sobre el césped y condicionado por los hechos extradeportivos.

El Granada destierra a su fútbol
Postiga celebra un gol ante de desesperación del Granada. Foto: Marca.com

El Granada desterró al fútbol con el que se había hermanado las dos jornadas anteriores a su derrota con el Zaragoza. Como un alevín en el patio del colegio jugó dejándose llevar por la marea y sin un timón con el que poder fijar una ruta con rumbo a la victoria. Los problemas que salpican al conjunto nazarí no fueron un factor positivo para su concentración. Hasta qué punto han podido influir los acontecimientos sobre el terreno de juego sólo lo pueden saber los hombres de Anquela, aunque los profesionales suelen estar al margen de todo. Los que sí se notaron afectados fueron los aficionados allí presentes que helaron sus corazones olvidándose de animar en muchos momentos y contagiando al plantel rojiblanco.

La lesión de Jaime Romero nada más comenzar el encuentro y su sustitución en el minuto 12' crearon la misma incertidumbre que la que tenían los aficionados al comprobar el disloque que presentaba el marcador de Los Cármenes. Se había preparado una pitada en los minutos 19' y 31', año de la fundación del Granada si juntamos ambas cifras, en contra del Ayuntamiento por las imposiciones que ha realizado al club en materia de gestión del estadio y que podrían provocar, aunque en una situación algo remota, la salida del equipo a otra ciudad. Sorprendentemente el marcador empezó a contar desde el minuto 32. ''Agua en los circuitos'', justifican el fallo desde Gegsa, la empresa municipal que explota el feudo nazarí. Sabotaje a la opinión y a la manifestación de los seguidores del club dicen otros.

Los maños consiguieron ponerse por delante en el marcador a través de Helder Postiga y de Víctor Rodríguez. Dos disparos entre los tres palos fueron suficientes. Algunos de los pupilos de Jiménez no consiguieron segregar ni una gota de sudor ante la pasividad de su rival que en la primera parte no realizó un solo disparo a puerta y el meta Roberto se marchó al túnel de vestuarios con su indumentaria lista para escenificar un anuncio de detergentes. Anquela no consiguió poner ni las esquinas de su puzzle sobre la mesa y la charla en el descanso pareció ser más de corazón que de táctica.

Fútbol a base de coraje

Tras una primera parte para olvidar, posiblemente la peor del equipo rojiblanco en dos años, y con la salida de Ighalo al terreno de juego, la grada se contagió de sentimiento y el plantel empezó a disputar los balones con garra y sentimiento. La expulsión de Iriney fue un jarro de agua fría que espabiló a más de uno. El Arabi cabeceó el único córner sacado con cordura por Orellana y pudo introducir el balón en la portería. A partir de ahí el coraje y la valentía se apoderaron de las líneas de ataque, aunque no fue suficiente para un Íñigo López que acabó jugando de delantero centro ante las órdenes de su técnico que no pudo estar ni un segundo dentro del área técnica. José Antonio Teixeira Vitienes pitó el final del encuentro y el desconsuelo entró a formar parte de los que quieren fútbol en Granada.

Esperemos que se termine lapidando por el bien común cualquier situación macabra que ponga en peligro un deporte que hace feliz a la gente y le ayuda a desconectar. Sólo una cosa es segura, hay una ciudad que quiere seguir disfrutando del fútbol de Primera división y unos jugadores que quieren seguir cumpliendo un sueño respaldados por una afición que les permite mantenerse a flote.