Qué grande es ser pequeño

El Levante logra por primera vez en su historia el pasaporte para disputar competición europea, tras superar holgadamente a un Athletic de Bilbao que viajó con la mente puesta en la final de Copa del Rey que disputará ante el FC Barcelona. Ghezzal, inédito estos cuatro meses, marcó por partida doble, mientras que Farinós, desde el punto de penalti, cerró una goleada que pone el broche de oro a una temporada sobresaliente.

Qué grande es ser pequeño
Francisco Javier Farinós celebra el tercer tanto
Levante
3
0
Athletic
Levante : Keylor Navas; Pedro López, Ballesteros, Cabral, Juanfran, Iborra, Xavi Torres, Valdo, Barkero (Farinós, m.76), Botelho (David Navarro, m.89) y Ghezzal (Juanlu, m.80).
Athletic : Athletic Club: Iraizoz, Iraola, Ekiza, Amorebieta, De Marcos, Susaeta, Iturraspe (Javi Martínez, m.46), Ander Herrera (Gabilondo, m.64), Muniaín, Ibai Gómez y Toquero (Llorente, m.46).
MARCADOR: 1-0, m.44: Ghezzal. 2-0, m.68: Ghezzal. 3-0, m.88: Farinós, de penalti.
ÁRBITRO: Clos Gómez (colegio aragonés). Amonestó por parte del Levante a Ghezzal y por parte del Athletic a Amorebieta.
INCIDENCIAS: Partido disputado en el Estadio Ciutat de València ante 23.142 espectadores, que concretaron la mejor entrada de la temporada. Terreno de juego en buenas condiciones.

Las lágrimas que derramaron hoy, tras el pitido final, las más de veintitrés mil almas que guiaron al Levante UD a alcanzar una gesta histórica como es lograr un billete europeo para la próxima temporada, no se pueden plasmar con palabras. Ni el mejor de los relatos ni la más entrañable de las imágenes representa una ínfima parte del sentimiento vivido y experimentado por una afición entregada. Los corazones se volcaron más que nunca y arroparon desde horas antes del vital encuentro a los culpables de este interminable sueño. Un sueño que ha terminado por convertirse en la más fehaciente e ilusionante de las realidades.

El ambiente previo al partido era inmejorable. La hermandad entre las aficiones y la congregación de los seguidores azulgrana presagiaban la mejor de las fiestas. También, tanto jugadores como entrenadores, eran conscientes de la coyuntura de cada uno de ellos. Con una final de Copa del Rey en el horizonte, y una plaza para disputar la próxima edición de la Europa League asegurada, los leones rugieron menos que nunca en el acicalado prado de Orriols. Bielsa dio la oportunidad a hombres menos habituales como Ekiza, Toquero o Iturraspe, que en nada desmerecen a sus compañeros, pero que sí denotan la intrascendencia del choque para el cuadro vasco.

Enfrente, una grada totalmente volcada, que copó los rincones más insólitos de un Ciutat de València que se vestirá de gala y renovará su aspecto de cara a la próxima temporada. El inicio del encuentro mostró a un Levante dubitativo, con ganas de tomar las riendas del mismo, pero que sufría atisbos de ansiedad que le impedían concretar las acciones de peligro generadas, todas ellas bajo el sello de identidad de un soberbio José Javier Barkero. De las botas del donostiarra crecía el equipo, sirviendo continuamente balones a las constantes subidas por banda del inconmensurable Juanfran García.

Tanto Ghezzal como Botelho se mostraron muy dinámicos y participativos en la punta del ataque, aunque sí un tanto desacertados. Sin embargo, y a falta de poco más de un minuto para el tiempo de descanso, el ariete argelino aprovechó el espacio entre los zagueros y estrenó el electrónico con un sutil toque de vaselina por encima de Gorka, que se precipitó en demasía en la salida.

El tanto hizo estallar de júbilo a una parroquia que se inquietaba con el paso de los minutos. El paso por vestuarios, balsámico para ambos contendientes, dio pie a una segunda mitad que, de nuevo, puso de manifiesto la intensidad y relevancia del envite para el combinado de Juan Ignacio Martínez, quien puso el broche de oro a una campaña excepcional en la dirección del equipo. Con la entrada de Llorente y Javi Martínez mejoró el Athletic, aproximándose con más frecuencia a los dominios de Keylor Navas, que cuajó una participación más que notable. Precisamente una genial estirada del arquero costarricense evitó el tanto del empate, tras un testarazo del recién incorporado ariete rojiblanco.

Sin embargo, justo después, una brillante acción de Barkero, que le dejó el esférico en bandeja a Ghezzal, supuso el segundo gol de la noche del hasta hoy inédito delantero. El éxtasis era total, el sueño se había hecho realidad. Farinós certificó la goleada desde los once metros, y la imagen de Juanfran, de rodillas, llorando y besando el césped de Orriols, es el recuerdo más bonito de los ciento dos años de historia de una entidad que vivió en esta veraniega noche del mes de mayo, la más bonita y especial de su historia. Qué grande es ser pequeño.