Lágrimas que dicen mucho

Lágrimas que dicen mucho

Entre lágrimas y mucha rabia contenida, así se ha despedido del Hércules Urko Vera, nuevo fichaje de la S.D. Ponferradina. El delantero vasco ha agradecido a Sergio Fernández por confiar en él cuando lo trajo a Alicante y ha reconocido que siempre llevará al equipo y a la afición del Hércules en el corazón.

 

Urko Vera Mateos ya es nuevo jugador de la S.D. Ponferradina. Lo es desde hace escasas horas. Las mismas en las que el vasco ha tenido que decidir entre alagar su agonía o tirar la toalla en el Hércules. No le quedó más remedio que optar por la segunda opción. La dirección del club, con García Pitarch a la cabeza y Juan Carlos Mandiá de fiel escudero, no le dio más opción desde que comenzara el verano.

 

Urko no encajaba. Nunca encajó. Sergio lo trajo el año pasado pero Mandiá no le dio bola, no la suficiente. No era de su agrado. Ni siquiera cuando el equipo necesitaba un nueve, ni siquiera cuando el equipo necesitaba alguien para finalizar las jugadas, Urko contó para el técnico. Mandiá optaba antes por un falso nueve como Míchel, que se excedió en sus funciones, que sacar al de Barakaldo. Pese a todo, el técnico gallego terminó cediendo ante la insistencia de la afición y, sobre todo, ante la evidencia de los resultados. El Hércules no terminaba de arrancar, su juego no convencía y su faceta goleadora era cada vez más escasa. Urgía un delantero como el comer.

 

Y fue entonces cuando Urko empezó a responder. Tres partidos seguidos marcando y 9 puntos para el equipo. Más eficiente, imposible. A partir de aquí, en vez de aumentar, su presencia en el campo resultó a cuentagotas. Hoy sí, mañana no. Hoy saliendo desde el banquillo, mañana otra vez titular. Sin la regularidad que necesitan los goleadores, y a pesar de ser uno de los máximos artilleros del equipo con 11 goles durante los 28 encuentros ligueros (más otros dos de Copa) que disputó, Urko nunca se ganó la confianza de Mandiá.

 

Acabada la temporada y sin el objetivo deseado, los números avalaban la continuidad del delantero para seguir en el proyecto. Sin embargo, Mandiá sorprendió a todos en su primera rueda de prensa de la pretemporada y, basándose en la intuición, truncó las escasas ilusiones de Urko de continuar en la entidad. “Intuyo que Urko no va a dar los mismos números, así que en base a ello debo tomar las decisiones en torno a un tema deportivo”, zanjó el míster.

 

Urko, lejos de derrumbarse tras las palabras de Mandiá, afirmaba días después en su twitter que contaba con ofertas de muchos equipos pero que su idea, su pensamiento, era únicamente el blanquiazul. Unas semanas más tarde, Urko comparece en rueda de prensa para decir adiós entre lágrimas. Concretamente, hoy. Ayer el club mandaba un comunicado diciendo que Urko había pedido su carta de libertad para poder marcharse. Lo que no dice el comunicado es que la carta de libertad que pide Urko es una carta obligada. Obligada porque aquí su futuro se estanca, porque tiene 25 años y quiere jugar. Y aquí, además de no hacerlo, ha sido ninguneado.

 

Sus lágrimas no hablan, pero sí dicen mucho. Urko se ha sentido querido por la afición. Él mismo ha reconocido en su salida saber lo que significa el sentimiento herculano, lo que representa estar en un club como el alicantino. No ha llorado por pena, ha llorado por rabia. Se va por la puerta de atrás, por el mismo camino que tomaron otros grandes futbolistas herculanos. Y se va sin dar un portazo, agradeciendo a todos los que confiaron en él y sin guardar rencor a los que no lo hicieron. Se va un gran tipo. De apodo “martillo”. Ése que ahora (y puede que dentro de unos meses también lo haga con más fuerza) golpea en las conciencias de algunos “jefes” que hoy dirigen un equipo a la deriva. 

 

 

Fuente: NCI Radio (www.nciradio.es)