Sporting - Betis: Vivos hasta la última jornada

Sporting de Gijón 2-1 Real Betis Balompié // El equipo rojiblanco logra seguir vivo en la competición y se jugará la permanencia en Málaga. Los dos tantos de Sangoy han servido para anular el tanto de Jorge Molina. Mal partido de los de Clemente ante un equipo plagado de bajas.

Sporting - Betis: Vivos hasta la última jornada
Sporting
2 1
Betis
Sporting: Juan Pablo; Damián, Gregory, Moisés, Ayoze; Lora, Gálvez, Trejo; Mendy (Bilic, min. 65), Sangoy (Rivera, min.70) y Colunga (Cases, min. 57).
Betis: Casto; Chica, Paulao, Amaya, Nacho; Matilla (Jeff. Montero, min. 61), Salva Sevilla, Nono (Sergio Rodríguez, min.73), Pozuelo, Rubén Castro y Jorge Molina (Pereira, min. 61).
MARCADOR: 1-0, min.12, Sagoy. 1-1, min. 45, Jorge Molina. 2-1, min. 54, Sangoy.
ÁRBITRO: Velasco Carballo (Colegio Madrileño). Mostró tarjeta amarilla a Amaya, Ayoze, Nono, Nacho Cases.
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la 37º jornada de la Liga BBVA.

Cuando la vida pende de un hilo, y ese hilo finalmente no se rompe, o al menos de momento. Esa sensación. Esa alegría eclipsada por la preocupación de saber que ese hilo sigue existiendo, y que aún sobrevive, sí, pero entre las dos hojas de una tijera cada vez más cerrada. Cuando la bipolaridad se apodera de un equipo y se extrapola a una afición, una ciudad, un Principado. Cuando realmente no se sabe si reir o llorar. Cuando se ve la luz al final del túnel, pero se fracasa al caminar hacia ella. Cuando lo tienes en la palma de la mano, pero no eres capaz de agarrarlo. Todo se resumen en una palabra: impotencia. Una impotencia que parece desaparecer por momentos, pero que sigue siendo el ente que maneja al Sporting desde las sombras. Frente al Betis la impotencia no apareció -gracias a Juan Pablo, todo hay que decirlo-, pero no hay que olvidar que sigue ahí, y puede volver a ser protagonista. Puede volver a reivindicarse, por la simple razón de que una victoria en la última jornada ante el Málaga podría no ser suficiente. Porque el Sporting no depende de sí mismo, y porque en la siguiente semana "La Mareona" no juega un partido, juega tres. Solo hay una combinación posible. Solo vale ganar en Málaga, que pierda el Zaragoza en Getafe y que pierda el Rayo Vallecano en su feudo ante el Granada. Si cualquiera de estas condiciones no se cumple, el hilo se cortará. Fin a la vida en primera división.

Y todo ello - que el hilo siga entero- se debe a la sufrida victoria en El Molinón ante un Betis plagado de bajas, con el que casi no puede el equipo de Clemente. Tras la decepción de la derrota ante el Villarreal, el Sporting salió al campo sumido en una profunda depresión, a sabiendas de que era un partido en el que no se podía disfrutar. Un partido en el que la esencia del fútbol no estaría presente. Un partido donde lo mejor que podría pasar sería lo menos malo, que no lo mejor. Y lo menos malo ocurrió, los dos goles de Sangoy prolongan la agonía de un Sporting que aún sueña con un tratamiento milagroso cuyos científicos tendrán tres nombres propios: Málaga, Getafe, Vallecas. El partido comenzó con un Sporting energético, con ganas, no se quería firmar el descenso en El Molinón, ante su afición. Sin embargo, la primera ocasión clara del encuentro estuvo en las botas de Rubén Castro, quien cruzaría en exceso ante la salida de Juan Pablo. El primer paso para el milagro (a la espera de resultados en Sevilla) lo dio Velasco Carballo, señalando un claro penalti por manos de Amaya. Sangoy no se quiso atragantar con esa pastilla balsámica, y llevó la alegría a las gradas de El Molinón cuando el crono marcaba el minuto doce. 

Sin embargo el Sporting no contaba con otro nuevo síntoma de su grave enfermedad: el vértigo. El que sintieron los jugadores al verse por delante en el marcador, el miedo. Un Betis descarado tomaba el control del partido, dominaba la pelota y manejaba como una marioneta al Sporting, que bailaba según los pasos que marcaba el equipo de Pepe Mel. Sin embargo las ocasiones del Betis no fueron del todo claras, obviando un disparo lejano de Pozuelo, desde tres cuartos de campo que se topaba con la escuadra, si bien Juan Pablo tenía la jugada bien controlada. Sin más ocasiones claras, la grada de El Molinón estaba con el cuerpo en su estadio y con la mente en el Pizjuán, donde el Sevilla ganaba por la mínima ante el Rayo. Licencia para soñar. Como en otras tantas ocasiones la afición rojiblanca tuvo que despertarse del sueño, el gol de Jorge Molina fue el despertador. Esa melodía ya era conocida por los sportinguistas. Un rechace de Juan Pablo sería aprovechado por Pozuelo, quien disparó a puerta, sin contar con el toque crucial de Molina, quien eviase finalmente el balón a la red. Llegaba el descanso a un estadio de nuevo invadido por la tristeza, y que por aquel entonces era estadio de segunda. 

Con la reanudación todo parecía estar de cara. El Sevilla marcaba y ampliaba distancias con el Rayo. Solo quedaba lo más importante: ganar el partido. Sangoy se puso manos a la obra, y tras una excelente y bonita pared con Trejo en el área, soltaba un zapatazo ante el que nada podía hacer. De nuevo fase REM en El Molinón. Ahí estaba. El sueño de la permanencia. En todos los sueños hay un protagonista, alguien a quien recordamos nítidamente al despertar. Y como en las películas, también hubo un villano y un héroe. Y esta vez ganaron los buenos. Para la afición del Sporting el villano fue Jorge Molina, siempre amenazante, siempre a la espera. Un asesino del área, el balón su arma. Enfrente el héroe, otra vez, Juan Pablo. Los duelos entre ambos no defraudaron, a vida o muerte, el meta sportinguista sabía que si Molina conseguía su objetivo la película llegaría a su fin. Los aficionados aún no querían ver el rótulo de "The End" en El Molinón, querían más, aspiraban al final feliz de la película. El Betis se lanzaba a por el empate, mientras las manos de la afición local se autodirigían al pecho. "Ya no estamos para estos trotes", se oía en el centenario estadio. Y ahí seguía él, Jorge Molina, y ahí estaba su arma, volvía a la carga. 

Clemente era consciente del sufrimiento de su equipo, e introdujo tres cambios en apenas diez minutos. Cases volvía a tomar protagonismo, al igual que Bilic y Rivera, mientras que abandonaban el campo Colunga, Mendy y el goleador Sangoy. Entre medias, "él" abandonaba el campo. Jorge Molina. La noticia tampoco fue bien recibida por la grada de El Molinón, el hombre que entraba no era ningún santo, Jefferson Montero imprimió velocidad al ataque verdiblanco, siendo un quebradero de cabeza para la zaga de un Sporting que ya empezaba a acusar el cansancio. "La Mareona" ya sabía el guion de los veinte minutos que aún restaban por jugarse. Nadie olvidaba que el sueño se iba a convertir en una pesadilla. Pasaban cinco minutos y el marcador solo marcaba uno más. El Betis llegaba, el Betis controlaba, se acercaba; aunque no disfrutaba de claras ocasiones para igualar el partido. Su ruido aún no era suficiente para despertar al estadio, al Sporting. Tras gran sufrimiento el colegiado Velasco Carballo decidió acabar con la pesadilla, señalando el final del encuentro. El despertador. La sensación de despertarse y recordar que aún se puede seguir soñando tras unos momentos vacilantes. Esa sensación. 

Queda una semana para soñar. El reloj marca las horas. Alarma programada. La semana que viene el Sporting decidirá si todo lo vivido ha sido un sueño, o lo que parece más probable: una pesadilla. Málaga, Vallecas, Getafe. Los jueces. 

 

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