Sangoy rescata la Copa

Dos goles de Sangoy en sendas jugadas aisladas permiten al Sporting remontar a un Mirandés que perdonó demasiado.

Sangoy rescata la Copa
Sporting de Gijón
2
1
Mirandés
Sporting de Gijón: Cuéllar; Orfila, Gregory (Sangoy, minuto 64), Iván, Canella; Mandi, Barrera (Juan Muñiz, minuto 64), Trejo, David, Carmona (Landeira, minuto 90); Bilic.
Mirandés: Iván Crespo; Iribas, Soria, Aitor Blanco, Corral; Bernal (Rúper, minuto 72), Agustín (Colsa, minuto 81); Rayco, Muneta, Cases; Díaz de Cerio (Alain, minuto 76).
MARCADOR: 0-1 min. 20, De Cerio, 1-1 min. 69, Sangoy. 2-1 min. 85, Sangoy.
ÁRBITRO: Vicandi Garrido (Comité Vasco). Tarjeta amarilla a Iván Hernández, Trejo y Cuéllar (SPO) y Aitor Blanco (MIR).
INCIDENCIAS: El Molinón. 8000 espectadores.

El Sporting salió con las mismas ideas que en los últimos partidos, es decir: ninguna. Manolo repitió la receta que tiene al Sporting hundido en la clasificación. Mismo esquema y misma filosofía para un juego paupérrimo que milagrosamente no impidió la derrota de los locales.

Con los de casa abusando del pelotazo y los visitantes controlando el balón arrancó el partido. De la defensa del Sporting mejor ni hablar. Gregory ejercía de maestro de ceremonias complicándose la vida con la pelota, mal colocado en tareas defensivas y con cintura de madera en el uno contra uno. Sus compañeros de línea no le mejoraban demasiado aunque al menos estorbaban un poco a los rivales y alejaban el balón con relativa eficacia ante la presión de los rivales.

La fragilidad defensiva y la incapacidad del Sporting de dar dos pases seguidos desembocó en otro partido más en que los rojiblancos se vieron obligados a jugar a la contra y sufrir en defensa. En apenas 20 minutos el Mirandés ya había estrellado un balón el palo, reclamado un penalty de Iván a De Cerio cuando se plantaba sólo ante Cuéllar y marcado un gol en una colada de Rayco por la banda izquierda del Sporting, que el propio De cerio empujó a la red en el área pequeña, libre de marca. Hasta el descanso la tónica siguió siendo la misma, con los de Miranda del Ebro marcando el ritmo del partido y los rojiblancos llevando peligro en jugadas aisladas a balón parado y buscando el contraataque en balones largos. Ambos porteros resolvieron su trabajo con algunos apuros, lo que permitió al Sporting irse al vestuario perdiendo por la mínima.

A la salida de los vestuarios todo siguió igual. De hecho, poco faltó para que el mirandés matara el partido pero la falta de acierto en el remate de los visitantes hizo que los buenos servicios de Rayco, Muneta y "Nacho" Cases se quedaran en el limbo y los rojiblancos llegaran vivos a la recta final del partido. Fue mediada la segunda mitad cuando cambió todo, Juan Muñiz y Sangoy sustituyeron a los negados Gregory y Barrera, insuflando energía y agallas a un equipo totalmente perdido en el campo. Carmona paso a jugar de falso lateral derecho, Orfila a tapar el boquete que era Gregory en el centro de la zaga y Juanín a tocar en el centro del campo mientras Sangoy acompañaba arriba a Bilic.

El equipo poco a poco empezó a presionar y el Mirandés a notar el cansancio. Los visitantes leyeron mal el partido y retrasaron líneas renunciando al ataque y permitiendo al Sporting adelantar su presión, además el tener el balón atrás les hacía perderlo con facilidad por la escasísima calidad técnica de sus zagueros. Robando el balón más arriba, el Sporting llegaba con un pase a las cercanías del área rival. Allí donde se nota más la diferencia de calidad. Un par de pases buenos de los centrocampistas bien aprovechados por Sangoy le dieron la vuelta al partido y daban la clasificación del Sporting cuando todavía faltaban 5 minutos para el final.

Cinco minutos que dieron para mucho. Para que los visitantes olvidaran el cansancio y adelantaran líneas. Para que volvieran los nervios a los locales. Para que la defensa del Sporting volviera a ser un flan. Para que los centrocampistas quedaran en evidencia sin ser capaces de dar dos pases seguidos. Para que Manolo se retrate como un vendedor de humo, renunciando a sus ideas de toque, metiendo otro central para atrincherarse en vez de dormir el partido con toque. Para que nadie olvide la realidad de este equipo. Un equipo muy mal trabajado, sin ideas más allá de los bandazos. Una novela escrita por un autor sin libro de estilo, cuyos personajes se mueven con bandazos, por caprichos, sin una personalidad definida más allá de lo que interese en ese momento a la trama. Manolo ha salvado el cuello, sí. Pero este Sporting ha vuelto a pinchar, y ya no queda sitio donde poner más parches.