Abrazar los orígenes, recuperar la esencia

Abrazar los orígenes, recuperar la esencia
Abrazar los orígenes, recuperar la esencia

Con el sentido común ocurre como con el oro: no hay mejor aliado en épocas de zozobra e incertidumbre. Hace unos años, Luis Aragonés apeló a la lógica más elemental para crear uno de los equipos más brillantes y sofisticados de todos los tiempos. Una idea sencilla engendraba un proyecto maravilloso, seguramente irrepetible por cuestiones probabilísticas, de coincidencia de talentos coetáneos. Tenemos que mirar en qué somos buenos. No somos ni los más altos, ni los más fuertes, ni los más rápidos, pero sí somos muy buenos con el balón. Desde ahí hasta el cielo.
De perogrullo, sí, pero hasta ese momento el leitmotiv de la Selección era la furia y no el mimo al esférico. Aragonés supo verlo, decirlo y aplicarlo. El resto de la historia nos la sabemos todos.

Ahora demos un salto en el espacio-tiempo. Enero de 1950. El San Lorenzo de Almagro, potencia futbolística de por aquel entonces y flamante campeón de la liga argentina, paseaba su exuberancia por diversos estadios españoles, saliendo vencedor de todos los duelos de su gira. De todos hasta que llegó el día 10 de Enero. El Estadio de Chamartín esperaba ver otro espectáculo de aquellos Globetrotters Latinos, otra presumible victoria ante un combinado de futbolistas canarios seleccionados por Arsenio Arocha, ex del Real Madrid y por aquel entonces vinculado al Atlético. Al descanso el marcador reflejaba un 4-0 inverosímil, a favor de los isleños. Cuentan las crónicas que fue necesaria la mediación del embajador argentino para que el San Lorenzo saliera al campo a disputar la segunda parte. Dicen también que el recurso al que se acogieron los azulgrana fue la violencia extrema, que vomitaban frustración, quiénes se creían aquellos boludos para humillarles a ellos, flamantes campeones argentinos, estrellas respetadas y temidas. El marcador al final del encuentro reflejó un contundente 4-2, el juego trabado y violento de San Lorenzo maquilló algo la derrota. Pero el público que presenció aquel partido salió maravillado ante los recursos técnicos de los Silva, Molowny, Rosendo Hernández y cía. Ante la cadencia, vistosidad y virtuosismo del fútbol canario.

Ellos fueron los primeros, pero hubo muchos otros, grandes equipos y enormes futbolistas con un nexo común innegociable: la técnica, la magia, la creatividad. La Unión Deportiva alumbró subcampeones de Copa y Liga, maravillosas tardes de fútbol que alcanzaron su plenitud en la década de los 60 y 70, primero con el equipo de los canarios (la generación de Tonono, Guedes, Germán, Castellano…), más tarde con la mixtura que supusieron algunos cracks argentinos (Brindisi, Wolf, Morete, Carnevali).

Desde entonces la cantera canaria siguió fiel a su tradición, aportando orfebres del cuero como Valerón, David Silva o Guayre y especialistas del nivel de Manuel Pablo o Ángel López, entre otros muchos. También ha habido, evidentemente, proyectos fallidos, jóvenes con cualidades de oro que dilapidaron un prometedor porvenir por diferentes motivos. La élite devora a quien se descuida.

Y es que todo esto viene por la importancia de los orígenes. Los gestores de la Unión Deportiva han tratado de, como hizo Aragonés, hacer del sentido común su idea más brillante. Mismo planteamiento. ¿En qué somos buenos aquí? ¿cuál es nuestro perfil futbolístico? ¿quién puede explotar al máximo estas cualidades?

Fácil. Fútbol técnico, asociativo, ofensivo, organización en torno al balón, juego de posición… todos los caminos conducen a Barcelona, dicen.
Lobera llega al club amarillo para versionar, con la identidad propia del futbolista canario, la apoteósica puesta en escena del Fútbol Club Barcelona. Salvando las siderales distancias, sin tratar de emular nada más que una idea y un concepto.

Fútbol técnico, asociativo, ofensivo, organización en torno al balón, juego de posición… todos los caminos conducen a Barcelona, dicen

El éxito no se reduce al título o a la victoria, si no abarca el cómo se desnaturaliza. Y es que los resultados están por ver, sí. Pero la propuesta es valiente, atrevida y atractiva. Ahora que no sabemos si ascenderá la Unión Deportiva o pasará un año lleno de dudas y baches es cuando hay que felicitar por la iniciativa a los dirigentes amarillos. No después, en función meramente del rédito. Gracias por ilusionar de nuevo a una afición dolorida. Gracias por creer en el sentido común. Suerte y, como dijo alguien hace no tanto tiempo “agarraos que vienen curvas”. Bienvenidas sean.