Wernbloom deja helado al Madrid

El CSKA se aferra a una eliminatoria que parecía fuera de su alcance tras el monólogo blanco sobre el estadio Luzhniki.

Wernbloom deja helado al Madrid
CSKA Moscú
1
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Real Madrid
CSKA Moscú: Chepchugov, Shennikov, A. Berezoutski, Ignashevich, V. Berezoutski, Wernbloom, Aldonin (Honda, 67'), Musa (Oliseh, 64'), Tosic (Necid, 81'), Dzagoev y Doumbia.
Real Madrid: Casillas, Coentrão, Sergio Ramos, Pepe, Arbeloa, Khedira, Xabi Alonso, Cristiano Ronaldo, Callejón (Kaká, 74'), Özil (Albiol, 84') y Benzema (Higuaín, 15').
MARCADOR: 0-1 Cristiano Ronaldo (Min.28); 1-1 Wernbloom (Min. 92).
ÁRBITRO: Bjorn Kuipers (Holanda). Amonestó a Wernbloom (Min. 66) por parte del CSKA y a Xabi Alonso (Min. 45), Sergio Ramos (Min. 71) y Coentrão (Min. 81) por parte del Real Madrid.
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la ida de los Octavos de Final de la UEFA Champions League disputado en el estadio Luzhniki de Moscú ante 72.000 espectadores.

Tres parecían una cantidad insulsa de minutos para desmontar el gobierno que el Real Madrid había ejercido sobre el CSKA. En 90 minutos de encuentro, los rusos apenas habían avistado a un Casillas que tuvo más contacto con el denominado juez de área que con los arietes azulgranas. Ni por esas se libró el Madrid de ver su arco mancillado, en una jugada donde ningún defensa pareció entrar, pensadores quizá, de la valía que otorgaba un 0-1 que dieron por oficial antes de tiempo.

José Mourinho es todo un veterano en la máxima competición europea y, como tal, sabe de la capitalidad de los resultados a domicilio. La doble ausencia de Granero y Kaká, habituales en las últimas citas, dejaba entrever que la preferencia era no encajar y encarar la ofensiva con criterio. De eso sabe un rato Khedira, la base sobre la que giró una medular a la que precedía la línea de tres configurada por Cristiano, Özil y Callejón. La explosividad del granadino se antojaba fundamental ante la pasividad de la zaga moscovita, aunque al final le pesaron más las dos acciones del segundo tiempo en las que su retrovisor no divisó a Higuaín, con mimbres para la sentencia.

 

Participó el argentino en el partido de una manera más casual que premeditada por su entrenador. Benzema, en una de las escasas apariciones blancas en los primeros compases, se llevó la mano al abductor, escribiendo así el epílogo a su participación. Higuaín activó mínimamente la actitud del Madrid, tímido en su juego e inconexo entre algunas de sus líneas. Con Özil fuera de onda, Xabi Alonso asumió, sin alardes, la batuta de un equipo que supo interpretar a la perfección el guión elaborado por su técnico.

 

Y es que en el Real Madrid primó el orden defensivo por encima de los arrebatos ofensivos. Ni uno se libró de la tan costosa labor de defender. Con Khedira y Xabi Alonso casi de la mano de Ramos y Pepe, las ayudas de los extremos se antojaban fundamentales para bloquear las peligrosas salidas al contragolpe de los rusos. Y tanto Cristiano como Callejón bajaron al barro con Coentrão, dos minutos por detrás de las jugadas, y Arbeloa, respectivamente. Al CSKA se le hacían eternas las jugadas en campo rival.

 

Las jugadas de ataque blancas tampoco brillaron por la manera en que se hilvanaron. Los blancos buscaron llegadas fugaces, plagadas de chispa y exentas de toque, para reducir el riesgo de los regalos en la medular. El regalo de la tarde llegó, no obstante, de parte de la zaga rusa, la cuál regaló un balón a Higuaín en el área, no atinó al despejar el centro de Coentrão y vio como a Chepchugov se le escurría por debajo del cuerpo el chut a placer de Cristiano en el área. Todos los ingredientes estaban sobre la mesa para que a Mourinho le saliese el manjar deseado.

 

Lo intentaron los rusos, con más voluntad que fútbol, aunque la zaga madridista era un muro infranqueable. Con una sincronización excelsa, el Madrid tapó todas las vías a un equipo que vio coartado su conato de reacción con dos contragolpes del Madrid en los que faltó que Callejón levantase la vista. El libre directo era el único filón para los de Slutski, y por ahí hirieron al Madrid sobre la bocina.

 

Como ya ocurriera el pasado año en Gerland, los blancos desconectaron en el tramo final, y fruto de ello llegó el testarazo de Wernbloom, originario de una falta botada por Honda. Ningún defensa mantuvo la concentración en la jugada, como bien demuestra la pasividad general y la lentitud para sacar el balón de un territorio que había permanecido vedado, el área de Casillas. Al final, decepción visitante y alegría local, aunque demostrado está que algo más les hará falta si pretenden hacer temblar mínimamente los cimientos del Bernabéu.  

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Foto: AP.