No hay quien dome al campeón

Los pupilos de Mourinho ahogaron al campeón de Europa con una presión agobiante que éstos solventaron con un guiño de la fortuna.

No hay quien dome al campeón
Nuevo cruce entre dos de los mejores futbolistas del mundo. Anoche, mejor CR7.

Real Madrid y Barcelona firmaron tablas en un primer asalto que dejó en escasa la cosecha de un conjunto madridista que supo apretar las tuercas a su rival. El Barcelona, menos rodado y por momentos desorientado, aprovechó dos fogonazos de Villa y Messi para salir del apuro que les ha ocasionado una pretemporada insulsa.

Mourinho no quería que el Bernabéu tuviese que conciliar con un nuevo traspiés ante el eterno rival, y optó por atacar sin miramientos el alma de los culés. Con Khedira y Xabi Alonso bien estructurados, más las contribuciones de Marcelo y Di María, la medular blanca puso en jaque a su homónima blaugrana hasta el punto de batirle en la posesión del cuero en varios momentos del partido. Cada uno supo cumplir su misión a la perfección y así el Madrid tomó la zona ancha del campo al fino ritmo que marcaba la orquesta capitaneada el tolosarra, goleador por undécima vez con la elástica blanca.

Durante el primer tercio del choque, el acoso de los locales fue abrumador. En cuanto Valdés ponía el balón en juego hacia uno de sus zagueros, la primer línea blanca, liderada por un combativo Benzema, irrumpía a toque de corneta en pos de torpedear el alma mater de sus antagonistas. Huérfano de Xavi, el Barça partía en desventaja. Sin embargo, el Madrid osó discutirle una de las bazas de su juego y se salió con la suya. No obstante, en esa labor de desgaste se localiza la raíz de un problema para el que Mourinho no ha podido dar solución.

La ofensiva contra el juego de memoria del Barcelona la encabezó Khedira, algo pasado de revoluciones y sustituido con el riesgo de ver una segunda amonestación, al que acompañó Xabi Alonso. Es ahí donde los blancos divisan el vacío, una ausencia de creación que resta alternativas hasta el punto de rifar el cuero en pos de fulgurantes arranques de su tridente ofensivo. El 4-2-3-1 que posicionaba a Cristiano a la izquierda y a Di María a pierna cambiada impartía galones para Özil, quien tenía la misión de enlazar el férreo trabajo de Khedira y Alonso con la pegada de los arietes. Sin embargo, el alemán, pese a abrir la lata, no estuvo todo lo afinado que se presuponía. El nuevo '10' del Madrid definió a la perfección ante Valdés pero tuvo una aparición intermitente en el choque, con lagunas que dificultan la canalización del juego.

Por supuesto contribuyó en la contención del Barcelona, una labor en la que anoche fue pionero Di María, arrimando el hombro para hacer a Ramos más amena la defensa de Villa. A su vez, Cristiano, Özil y Benzema asumieron su rol en la pizarra defensiva ideada por su técnico para hacer descarrilar la circulación culé.

El Barça, por su parte, contó con esa dosis de fortuna que acompaña a los campeones. Evidenciando a entrenador cuando éste alegaba que el equipo partía escaso de preparación, cuatro campeones del mundo -Piqué, Busquets, Pedro y Xavi, además del lesionado Puyol- vieron el arranque del partido desde el banquillo. Aún así, fueron capaces de coger el corazón de la parroquia blanca al certificar Messi, desaparecido entre la férrea marca de Pepe y Carvalho, el 1-2 con el que se llegaba al entreacto.

En lugar de los mencionados suplentes, Guardiola dio la alternativa a hombres que lucharán por entrar con asiduidad en el once como Thiago y Alexis Sánchez. El hispano-brasileño asumió enfundarse el traje de Xavi, aunque pasó algo discreto hasta su sustitución por el de Tarrasa. El caso de Alexis fue diferente. Atrevido, descarado, sacrificado en defensa y poniendo en aprietos las cada vez menos dificultades de Marcelo en defensa, el chileno realizó un partido muy completo y mandó un mensaje a Guardiola para realzar que su condición de titular de anoche no será un hecho fugaz. Es el arte del Barcelona, futbolistas creativos y habilidosos. Y cuando no funciona, la suerte siempre acompaña a los grandes campeones.