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Serial Real Madrid-Bayern de Múnich 00/01: Elber se convirtió en la bestia negra

Serial Real Madrid-Bayern de Múnich 00/01: Elber se convirtió en la bestia negra

Un año después se volvían a ver, también en semifinales, el Real Madrid y el Bayern de Múnich. Si pasaba el Real Madrid se repetiría la final del año anterior con el Valencia, pero el Bayern de Múnich quería revancha y esta vez iba en serio. El primer proyecto de Florentino Pérez, con Figo a la cabeza, a prueba.

Un episodio más del clásico europeo entre estos dos equipos tendría lugar en la temporada 2000/2001. Muchas rencillas, deudas sin cobrar, el resquemor alemán de la eliminación del año anterior, las ganas del Madrid por demostrar su supremacía en Europa. Todo eso y mucho más se jugarían el Bayern de Múnich y el Real Madrid en 180 minutos. Y, obviamente, sólo podía quedar uno.

Un envejecido Bayern de Múnich jugaba su tercera semifinal consecutiva para intentar ganar la Champions 25 años después. Para ello tenía que eliminar al vigente campeón, un Real Madrid que tenía la Liga muy encarrilada y podía centrarse en reeditar el título. El año anterior los alemanes ganaron tres de los cuatro enfrentamientos, pero no les sirvió para evitar la eliminación a manos de los blancos, que más tarde ganarían la ‘Octava’. Era una de las últimas oportunidades para la generación del equipo alemán de hacer algo grande en la máxima competición continental. Los Effenberg, Scholl, Lizarazu, etc. pasaban ya la treintena, y conscientes de ello, no querían dejar pasar la oportunidad. Su prestigio se lo habían ganado en Europa y era ahí donde intentaría recuperarlo. Para ellos era ahora o nunca.

La primera batalla, en el Bernabéu

Llegaba el Bayern a Madrid con la mosca detrás de la oreja. Físicamente ya no eran lo que habían sido y la capacidad goleadora del Real Madrid asustaba. Por lo tanto, la “Un empate a cero sería un buen resultado” Bixente Lizarazu estrategia era clara. Muralla defensiva de cinco hombres y buscar el gol en alguna salida a la contra. Tres centrales corpulentos como Andersson, Kuffour y Linke que despejaban todo balón que caía a su lado. Por delante, Jeremies, un perro de presa haciendo el trabajo sucio para que Effenberg distibuyera los balones que recibía.

Y así transcurrieron los minutos. Exceptuando una llegada de Raúl por detrás de la defensa y otra de Guti que salvó un inconmensurable Kahn, los alemanes no pasaron demasiados apuros para salvaguardar su portería. De esta forma esperaba el Bayern que llegara su momento, sin importarle demasiado que no lo hiciera, pues el 0-0 no era mal resultado para jugarse la vuelta en Alemania. Pero llegó. Un balón largo sin aparente peligro cayó a los pies de Elber, muy alejado de la portería y de espaldas. El brasileño disparó sin pensárselo dos veces, con la tímida oposición de Iván Helguera, y encontró a Casillas despistado que no pudo detener el tiro. Los bávaros ya tenían más premio del esperado.

De ahí al final la misma película, el ejército alemán haciendo guardia alrededor de su área. El Madrid intentándolo con más corazón que cabeza y cada vez con más ansiedad dada la incapacidad de penetrar semejante muralla. Había un hombre que podía sorprender con sus llegadas, Roberto Carlos. Pero eso también lo sabía Ottmar Hitzfeld que, además de los cinco defensas, colocó a Salihamidzic cubriendo constantemente al lateral brasileño para evitar sustos por la banda de Sagnol. Objetivo cumplido.

Pero no todo salió como los alemanes habían planeado. Effenberg, cerebro del equipo, llegaba apercibido de sanción. Se contuvo durante todo el encuentro, liberado de tareas defensivas. Algún pique con Figo parecía que le podía costar la temida tarjeta, pero se contuvo en los enfrentamientos y en las protestas. Hasta que llegado el minuto 80, de nuevo Figo encaró al jugador bávaro, regate marca de la casa y entrada a destiempo que caza el tobillo del portugués. El árbitro escocés Hugh Dallas no lo dudó, tarjeta amarilla y Effenberg se perdería la vuelta. Eso, y la superioridad en el juego, a pesar de no encontrar el gol, daban esperanzas a los madridistas de cara a la vuelta. Irían a Alemania con el único convencimiento de ganar. No quedaba otra.

A Alemania con optimismo

La semana anterior al partido de vuelta fue atípica. El Bayern se la pasó lamentándose por la baja de Scholl que todo indicaba a que se perdería el partido. El Real Madrid convencido de la remontada, había encontrado la solución, Morientes. Un goleador nato es lo que necesitaban para abrir la lata. Con eso y una buena defensa pretendían remontar el estropicio que los alemanes les habían hecho en el Bernabéu.

Y sin más, llegó el partido en tierras alemanas. Scholl estaba en el terreno de juego. Los lamentos alemanes habían sido una estrategia para desviar la atención. El que no estaba era Morientes, al que todos veían como el salvador. Pues no lo era para Del Bosque que de nuevo se la jugaría con Guti como hombre más adelantado, como llevaba haciendo toda la Liga.

El partido no empezó como se presumía. El que tenía la obligación de atacar era el Real Madrid, pero el primer arreón fue del Bayern de Múnich. Ya habían utilizado esa estrategia contra el Manchester United en la eliminatoria anterior. Con el resultado de la ida a favor, la idea era jugar al ataque los primeros 15 minutos para intentar sentenciar la eliminatoria. Era el momento de hacerlo para pillar despistado al rival, que suponía que lo único que querían hacer los alemanes era defenderse.

Dos llegadas de Scholl y Elber llevaron el peligro a la portería de un adormecido Madrid. Dos avisos que consiguió resolver el Madrid. En el tercero, un córner mal defendido por la defensa blanca, caería finalmente en la cabeza de Elber que ponía el 1-0. Salgado la despejó en la misma línea, Kuffour la tocó como pudo ante la pasividad defensiva del Madrid y el brasileño sólo tuvo que empujarla a medio metro de la línea.

A partir de ahí, comenzó el Madrid a tener el dominio absoluto del balón. El Bayern había hecho sus deberes y ahora tocaba defender lo conseguido. De nuevo se mostraban los blancos incapaces de hacerse hueco en la poblada defensa muniquesa. McManaman retenía demasiado la pelota, pero la decisión en el pase casi siempre era equivocada. Muy estáticos los atacantes madridistas, era un regalo para la defensa alemana que apenas sufría.

La esperanza blanca

Hubo algo que consiguió despertar al Madrid de su letargo. Un balón largo al área bávara lo bajo Raúl de forma magistral. Con el control y un mínimo recorte hacia dentro se colocó el balón, Figo llegaba desde atrás y el 7 blanco se la puso atrás para que el portugués la metiese en carrera. Aún quedaba mucho y al Madrid le bastaba con un gol.

"Dejamos la Copa de Europa con notable. Sobresaliente habría sido llegar a la final" Del Bosque

Pero la reacción no fue la adecuada. Los blancos no mostraron los dientes y el equipo alemán no se sintió amenazado. Y en un nuevo despiste defensivo volvió a sacar ventaja el Bayern. Una falta indirecta que sacaron en corto mientras el Madrid se colocaba le cayó a Jeremies en la frontal, que sin pegarla demasiado bien superó a Casillas. La reacción había sido efímera y ahora necesitaban otra vez dos goles.

De nuevo volvieron a tener el balón, pero ya ni ellos mismos confiaban en sus posibilidades. Helguera intentaba subir a ayudar en ataque para lograr un nuevo gol que les metiera otra vez en la eliminatoria, pero lo hacía de forma desordenada permitiendo las contras alemanas, por lo tanto, perjudicando más a su equipo que beneficiándole.

El Bayern a la final

Sin más historia terminó el partido. El Bayern se metía en la final habiéndose vengado del Manchester por la Champions League perdida en el descuento en 1999 y del Real Madrid por la eliminación en semifinales en 2000. En la final esperaba el Valencia que el día anterior había ganado 3-0 al Leeds United y jugaría su segunda final consecutiva.

Una final de infausto recuerdo para los valencianistas que de forma cruel perdieron en la tanda de penaltis y nos dejó la imagen de Santi Cañizares llorando sobre el césped de San Siro y tirando la medalla contra el suelo, incapaz de contener la rabia.