El rugido del Pipita

El rugido del Pipita

Su oficio es derribar barreras. Se le acusó de no valer para un equipo como el Madrid. Cuando valió, se le acusó de no tener gol. Cuando lo tuvo, se le acusó de no marcar en partidos importantes. Cuando marcó, se le acusó de querer irse. Ahora se queda pero no sin críticas. Y es que el incansable Higuaín debe derribar la mayor de todas ellas: convencer a Mourinho de que debe ser el delantero titular de la mejor plantilla del Real Madrid en décadas.

Llegó al Madrid entre dudas, a un club que no está acostumbrado a ver cómo crece un jugador sino a ver jugadores ya crecidos. Desde su primer día ya se pudo dar cuenta de lo difícil que es ser reconocido en una institución como el Real Madrid. A la vez que él aterrizaba en el Bernabéu lo hacían Gago y Marcelo. Los focos se iban a desviar por primera vez hacia otros lugares.

El primer gol que marca el Pipita podría considerarse un reflejo de lo que supuso su desembarco en Europa, en un cuerpo a cuerpo con un jugador del Atlético de Madrid en el que se lleva el balón con garra, se resbala, trastabilla pero no cae y acaba marcando en medio de un Calderón enfurecido. El grito que dio al celebrar el gol fue definitorio. Un grito que reivindicaba su hueco en el mejor club del siglo XX. Mucha gente se siente identificada con un tipo que necesita currar para triunfar. El grito de un triunfador. El grito de la superación. ¿Adivinan cómo sigue celebrando los goles hoy en día?

Convivió varios meses con la alargada sombra de Ronaldo. El sector más crítico utilizaba la magnífica carrera del brasileño para despreciar al Pipa con aquel: “Higualín que Ronaldo”. Cualquiera se hubiera visto sobrepasado por las circunstancias. Higuaín no. Higuaín respondió como mejor sabía.

El Espanyol se había adelantado con dos goles de diferencia y el Madrid veía escapar la ansiada Liga frente a un Barça en el ocaso del Ronaldinhismo. El díscolo Reyes había logrado empatar a pocos minutos del final y los 80.000 espectadores que abarrotaban el Bernabéu temía una catástrofe. Pero uno, por encima de todos, sabía que aquellos tres puntos serían blancos. Con el árbitro llevándose el silbato a la boca para pitar el final del encuentro, Higuaín se lanzó a por el balón a los pies del defensa catalán como si le fuese la vida en ello. Después de robar el balón y hacer una pared con Reyes, el argentino golpeó el balón con todas las ganas de un estadio. Otra vez, un gol como fiel reflejo de la situación del Pipita. Otra vez, el grito tras el gol como gesto de superación.

La confirmación

En la temporada 2008/2009, año y medio después de fichar por el Madrid, llegó el momento que un niño de 10 años llamado Gonzalo soñaba cuando decía aquello de: “quiero ir a Europa y jugar en el Madrid”. Por fin, el Pipita explotaba y sus 22 goles le convierten en la referencia del club de su vida.

Pero una vez más se encontraba con un muro que tendría que derribar. Florentino Pérez desembarca por segunda vez en la Casa Blanca y, con él, aparecen Cristiano, Kaká y Benzema entre otros. Muchos dan por suplente a Higuaín por detrás del delantero galo. Llega a rumorearse incluso su marcha a la Juventus. Pero el Pipita, una vez más, rema contra una corriente demasiado crítica y no solo se hace con un puesto sino que se convierte en el máximo goleador del equipo con 27 tantos.

Higuaín ya no es un jugador del Madrid, es una estrella del Madrid. Pero ni siquiera eso vale para ser indiscutible.

Con la llegada de Mou, Benzema mejora aunque no lo suficiente para sacar al Pipa del once. El 21 de Noviembre del 2010, el Athletic llega al Bernabéu con ganas de dar la campanada pero Higuaín marca rápido el primer gol y resuelve el partido (otra de las famas que le han perseguido para después desaparecer, pues de él se dijo que siempre metía el cuarto o el quinto gol). Ese día, el grito de Higuaín tras el tanto parecía ahogado. Quizá porque  ya sabía que le esperaba el mayor muro de toda su carrera. En enero se confirmaba que debía operarse y que su periodo de baja sería de seis meses.

Su trago más amargo

El Bernabéu se quedaba sin su rugido semanal.

Durante su lesión, en una entrevista concedida al club llega a decir que saltar al césped  del coliseo blanco es lo más bonito que tiene. Se recupera en un tiempo récord e incluso llega a tiempo para marcarle tres goles al Valencia en la última jornada. Higuaín había sorteado de nuevo su obstáculo.

El año pasado, el Pipita empieza más tarde la pretemporada debido a la Copa América. Esto, sumado a las rémoras de la lesión y el buen comienzo de Benzema crea dudas. Se empieza a pensar en serio que el argentino quiere irse. Pero, una vez más, Higuaín esquiva las balas y se convierte en el máximo goleador por minuto del campeonato. El día del alirón marca un golazo que da el título al equipo blanco derribando de un plumazo varios clichés que pululaban a su alrededor (nunca marca el primer gol, nunca marca goles importantes…). Su trallazo es puro sentimiento. Otro gol que retrata su forma de ver el fútbol. El grito de aquel gol parecía ser el último con la camiseta del Madrid.

Pero no. Higuaín empieza este año desde el principio, con la ilusión de vestir aquella camiseta con la que soñaba a la edad de 10 años. Frente al Valencia marcó el primer gol del partido (sí, otra vez el primer gol del partido) tras luchar por sus propios rechaces y acabar anotando con más ganas que estética (sí, otro gol reflejo de sí mismo). No podía celebrarlo de otra manera que rugiendo junto a su afición y sabiendo que, a pesar de todo, aún le quedan muchas barreras por derribar.