Eusebio Sacristán: con el fútbol en la sangre

El de La Seca pasó de ser una perla de la cantera blanquivioleta, a la que llegó desde su pueblo, a jugar y ganar todo tipo de títulos en una de las mejores plantillas que ha visto el mundo del fútbol. Sus grandes conocimientos en esta materia han provocado que, después de colgar las botas, se haya metido de pleno en el mundo de entrenador.

Eusebio Sacristán: con el fútbol en la sangre
Eusebio Sacristán: con el fútbol en la sangre

Eusebio nació el 13 de abril de 1964 en la localidad vallisoletana de La Seca. 48 años y 8 meses después de que viniera al mundo, la familia futbolera de Valladolid no duda en alzar a uno de sus más ilustres canteranos como una figura clave en la ancha y poblada historia del club.

Eusebio nació en La Seca, un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid. Pronto comenzó, como tantos y tantos niños, a dar patadas a un balón. Pero él no era un niño cualquiera. Sus habilidades pronto llegaron a oídos de los ojeadores del Real Valladolid, siempre pendiente de los nuevos talentos, ya que un equipo modesto tiene que saber explotar los recursos en bruto que la cantera puede ofrecer. El pequeño de La Seca cumplía y pronto recaló en las categorías inferiores del club blanquivioleta dispuesto a ser feliz jugando al fútbol. Eusebio era un joven más al que se le abrieron las puertas de su sueño, poder jugar al deporte que ama.

Los años pasaban por él, pero no parecían hacer efecto en su físico. De estatura baja y fibroso más que musculado, Eusebio se topaba con una generación en la que la altura y la corpulencia eran un factor sin el cual era difícil llegar a la élite. Solo los mejores técnicamente podían llegar a un Olimpo reservado a futbolistas con despliegue físico. Y él fue uno de ellos. A medida que iba ascendiendo de categoría, sus capacidades con el balón anonadaban a todo aquel que osaba intentar arrebatárselo.

La llegada a la élite

Eran los primeros pasos de los años 80 en España y momentos convulsos para el Real Valladolid. Sin embargo, cuanto más cerca estaba el de La Seca de llegar a la máxima competición, los cauces empezaron a tranquilizarse en el Pisuerga. Por eso Eusebio nunca olvidará el momento en el que llegó a debutar con el equipo de su ciudad. Era la temporada 1982/1983 y Valladolid estaba eufórica: ese mismo año se había inaugurado el estadio José Zorrilla, que sigue siendo feudo blanquivioleta en nuestros días, gracias a que el Mundial de fútbol se organizó en España ese 1982.

Esa misma campaña fue en la que comenzó Eusebio a enfundarse la elástica pucelana, si bien fueron apenas dos los encuentros que disputó con ella, siempre en la competición copera. Su espaldarazo llegó el siguiente año, siendo Fernando Redondo el inquilino del banquillo de Zorrilla. Consciente del potencial de Eusebio Sacristán, este poco tardó en comenzar a ser inquilino habitual de las alineaciones del entrenador. Pese a no rebasar el metro con setenta centímetros, solucionaba su escasa corpulencia con el buen trato de balón.

A la alegría por hacer aparición en la Primera División española se sumó un hito en la historia del Real Valladolid: el primer y único título oficial que pobló las vitrinas del club se produjo ese año. La Copa de la Liga de 1984, en cuya final el equipo pucelano superó por 3 goles a 0 al Atlético de Madrid con Eusebio en el once, es el único título que los blanquivioleta poseen, por lo que aquellos que participaron en su consecución sienten en su corazón que han grabado historia en el club del Pisuerga.

Sus grandes actuaciones en el centro del campo pronto llamaron la atención del panorama futbolístico español, siempre pendiente de las promesas jóvenes de los equipos pequeños. Eusebio se había consagrado en la medular de Zorrilla y en la campaña de 1986/1987 jugó la friolera de 41 partidos para anotar en ellos 7 goles.

Llegada al Atlético

Sus buenas cifras no fueron ajenas al Atlético de Madrid, que vio en el de La Seca a un jugador que los ayudaría a aumentar su nivel. Tras un importante desembolso económico para la situación de la época, Eusebio abandonaba la ciudad que lo formó como persona y deportista para recalar en el Vicente Calderón. Con apenas 23 años Eusebio ya mostraba sus galones en el centro del campo atlético, corroborando que sus actuaciones en Castilla no fueron un espejismo.

El Atlético de Madrid no fue el tope del de La Seca, ya que tras estar tan solo una temporada en la capital de España, un tal Johan Cruyff puso sus ojos en ese pequeño centrocampista. El FC Barcelona llamaba a la puerta de ese joven de apenas 1.70. Pero en la Ciudad Condal eso no se tenía en cuenta, ya que mientras que la liga española no valoraba a los que no contaban con grandes condiciones físicas, ya que los hoy conocidos como 'bajitos' no tenían sitio, el entrenador holandés vio en ellos el factor fundamental para el éxito de sus equipos.

El Dream Team

Acababa la triunfal década de los 80 y Eusebio llegó a Barcelona para seguir creciendo como futbolista, en busca de seguir cumpliendo ese sueño que tuvo desde niño cuando pateaba balones en su pueblo. Valladolid estaba orgullosa, ya que su canterano había superado todos los obstáculos y previsiones y se hacía un hueco en el equipo de los sueños, el Dream Team de Cruyff, palabras mayores para Pucela. En ese vestuario el de la Seca coincidió con nombres propios del mundo del fútbol, ya que en las siete temporadas que disfrutó en el Camp Nou, desde 1988 a 1995, estaban en el FC Barcelona Romario, Guardiola, Koeman, Laudrup, Stoichkov, Zubizarreta o José Mari Bakero.

Un equipo de los sueños. La mejor descripción posible para esos futbolistas mágicos que pusieron las bases de la senda que hoy recorren Xavi, Iniesta, Messi o Busquets, dignos herederos de esta generación comandada por Cruyff. Y allí estaba Eusebio, un chaval de Valladolid, en el mismo equipo que los ídolos de tantos y tantos jóvenes de la época. Eusebio no era uno más, no, sino que se hizo un nombre dentro de ese mágico Barça merced a su buen hacer en la medular, donde cada día crecía gracias a las estrellas con las que jugaba.

Eran años dorados, ya que con él en el equipo el equipo azulgrana se hizo con 4 Ligas (consecutivas entre 1991 y 1995), 1 Copa del Rey (1990), 3 Supercopas de España (1992, 1993 y 1995), 1 Recopa (1989), 1 Supercopa de Europa en 1992, y por encima de todo ello, la Copa de Europa conseguida en 1992, siendo Wembley testigo de la primera 'orejona' que pisó el Camp Nou gracias a ese gol de falta que Koeman anotó.

Con 29 primaveras a sus espaldas y con el zurrón lleno de títulos, Eusebio cambió de aires y dirigió sus pasos a Vigo, donde estuvo entre 1995 y 1997 portando la zamarra celeste.

En su ya poblada trayectoria profesional, Eusebio había también sido internacional con la Selección Española de fútbol, cuya camiseta se enfundó en un total de 15 ocasiones, si bien la generación con la que coincidió no logró el mismo éxito que los extraordinarios futbolistas que hoy enorgullecen el fútbol español.

En 1998, el de La Seca recibió la llamada del club que lo forjó como persona y futbolista y allí fue. Volvía a Valladolid. Después de cientos de partidos en el Dream Team, la leyenda de Eusebio volvía al estadio en el que comenzó su carrera profesional.

Zorrilla vivía la entrega y la clase de su ídolo, ese centrocampista que tenía una Copa de Europa entre sus múltiples reconocimientos. El mago del balón manejaba con sus pies una batuta que decidía cómo debía jugar al fútbol su equipo, no obstante había vivido con una de las más brillantes y mejores generaciones que ha dado el fútbol de toque. Pequeño de estatura pero rebosante de clase y calidad, los últimos cinco años no pasaron desapercibidos para la parroquia pucelana, ya que pese a contar con 33 años en su segunda etapa en el club, su intensidad física no bajaba un ápice. Eusebio Sacristán siempre cumplió con el compromiso con Zorrilla.

Llegó el nuevo milenio y Eusebio veía cómo el esfuerzo de tantos años de fútbol a sus espaldas comenzaba a castigar su rendimiento. Era el año 2002 cuando el de La Seca anunció algo que el Real Valladolid nunca hubiera querido escuchar: colgaba las botas, tras 19 años de balompié y 38 en su carnet de identidad, Eusebio Sacristán decía adiós entre lágrimas a la afición que vio cómo el chico de un pueblo de la provincia se convertía en un  miembro importante del famoso Dream Team. 543 partidos después, era la hora de marchar.

Después de profesional

Pese a que el balón había estado de su lado toda la vida, no se cansó de él. Tras dejar el fútbol como profesional, poco tardó en vincularse de nuevo a él convirtiéndose en entrenador, pues las lecciones dadas sobre los terrenos de juego merecían ser enseñadas a futuros futbolistas. Además, haber estado siete años con Johan Cruyff como técnico enseña una idea de fútbol que es difícil de olvidar. El amor por el balompié de Eusebio merecía que el de La Seca ocupara los banquillos.

Tras dos años en el Celta de Vigo, donde se inició como entrenador, llegó a las filas de su querido Barça, siendo responsable de varios equipos de las categorías inferiores, periodo en el que fue colaborador de Frank Rijkaard y a su vez aprendiz de Guardiola, con quien compartió éxitos cuando ambos pisaban los terrenos de juego con pantalón corto y elástica blaugrana.

Actualmente lleva el FC Barcelona 'B' donde maneja diamantes en bruto como Rafinha Alcántara, hermano de Thiago (miembro del primer equipo) o Deulofeu, quien se espera que sea un digno sucesor de las estrellas del fútbol patrio. La familia barcelonista sabe que será capaz de sacar lo mejor de estas promesas.

El sábado tendrá el corazón dividido, si bien el blanquivioleta logrará vencer al azulgrana en su interior mientras el equipo en el que se formó se enfrenta al equipo donde triunfó.

Fotos: (blanquivioletas.com / anxiu.fcbarcelona.cat / pasionblanquivioleta.blogspot.com)