¿Por qué no el mismo empeño?

El Clásico, un fenómeno de masas que no se quiere perder nadie. Normal. El partido tiene todos los alicientes posibles para que, prácticamente todo el mundo, permanezca inmóvil presenciando tal espectáculo futbolístico. Lo malo es que muchos aficionados animan a los dos grandes de España, dando así la espalda a equipos que necesitan más sus ánimos como, por ejemplo, el de su ciudad. Zaragoza sólo es un caso más de las ciudades afectadas por esta madriditis y barcelonitis.

¿Por qué no el mismo empeño?
¿Sentimiento o víctimas del pensamiento imperante en el fútbol español?

El pasado sábado, como todos sabéis, tuvo lugar el Clásico. Un partidazo entre los mejores clubes del fútbol español: el FC Barcelona y el Real Madrid. No sólo toda España estuvo pegada a los televisores y pendiente de lo que sucediera. Este partido ya no alcanza ni límites ni fronteras, convirtiéndose en un Clásico del mundo y no sólo en España. Literalmente, el mundo se paró ayer en las cerca de dos horas que duró el partido.

Mi jornada futbolera empezó antes. Jugaba el único equipo de la ciudad (hasta ahora tengo entendido eso, pero usted espere), el Real Zaragoza. Además, estaba en disputa algo más que una Liga, esos trofeos que aparecen por doquier en las vitrinas de los equipos anteriormente nombrados. Lo que se jugaba era, prácticamente, su vida. En el bar al que suelo ir con unos amigos, como es de costumbre, televisaban el partido. Observando como el Zaragoza caía en Mallorca estábamos muy pero que muy pocos. Concretamente, cuatro amigos junto a mí, el típico señor zaragocista que nunca falla, solitario en una mesa de enfrente y un par de personas en la barra más pendientes de su cañita que del partido. Normal esto último, teniendo en cuenta el pésimo nivel que transmitían los dos equipos. Pero allí nos encontrábamos, sufriendo y aguantando, como siempre.
 
Más tarde, acercándose la hora del Clásico, empezó a llegar gente al bar. Poco a poco, se fue llenando. Hasta que llegó el momento en el que el colegiado daba comienzo a tan importante envite. Entonces, miraba usted por todo el bar y estaba completamente lleno. ¡Incluso veía a un pobre anciano que buscaba una silla para poder tomarse algo con su mujer! En los Clásicos anteriores y en éste, he tenido la oportunidad de ver la energía que derrochan ciudadanos de Zaragoza para animar equipos que nada tienen que ver con ellos. Además, se puede ver en esos días tan señalados, a numerosas personas con camisetas de uno u o otro club. Y cuando juega el Zaragoza fuera, a penas se percata usted de un par de personas con la elástica blanquilla portando orgullosos el escudo del león. 
 
Llegados a este punto, uno se pregunta: ¿Por qué no pondrán el mismo empeño los que animan tanto al Barça y al Madrid en hacer lo mismo con el Real Zaragoza, equipo de su ciudad (excepto cuatro casos aislados que tienen excusa)? Que yo sepa, el Zaragoza está atravesando el peor momento de su historia y, por lógica pura y dura, necesita más los ánimos y el apoyo de su gente que cualquier otro equipo, ya no de fuera de Zaragoza, sino que supere los límites de Aragón. 
 
J. Luís Melero, ex-consejero del Real Zaragoza, dijo en su carta de despedida: "Ser zaragocista es una actitud ante la vida y una forma de estar en el mundo; preferir al humilde y al de casa frente al poderoso y al de fuera, comprometerse con la defensa de la historia y tradición de nuestro equipo".
 
Parece que muchos zaragozanos no están por la labor de hacer caso a este señor. Mientras el equipo de su ciudad agoniza lentamente, ellos le son indiferentes y no se quieren dar cuenta, escondiéndose en la superficialidad y en el falso placer que les producen las victorias y los títulos de unos equipos con costumbres y tradiciones totalmente diferentes. Asimismo, dichos equipos se muestran reacios a un reparto equitativo de los derechos televisivos e impiden el avance de nuestra liga.
 
Lo peor es que esto no sólo ocurre en Zaragoza, sino en la mayoría de las ciudades españolas. Una parte de responsabilidad la tienen los medios nacionales, ensalzando a los dos grandes y obviando cada vez más al resto de equipos, lo cuál genera desinformación en el público y acabar poco a poco con el aficionado local. Esperemos que esta situación algún día llegue a su fin, por el bien de la competitividad y de la justicia del fútbol español.