José Mourinho, el 'hombre 10'
Acomodado a 10 puntos por encima del máximo rival en Liga, el técnico portugués del Real Madrid afronta su décimo aniversario desde su debut en competición europea en el camino hacia la décima Champions League del Real Madrid, su actual equipo y el primero al que se enfrentó en Copa de Europa, propietario del último estadio que le vio levantar el trofeo. Mourinho celebra sus 10 años desde su 'euro-debut' en plena pugna por el pase a cuartos.
Jose Mourinho llegó al Oporto en enero de 2002 como tabla de salvación de un club histórico, que navegaba a la deriva de los malos resultados. Pocos imaginaban por aquel entonces que la luz que vislumbró el conjunto blanquiazul al final de su particular túnel vendría ligada al inicio de la leyenda de un entrenador sin igual. El luso ha sabido leer a la perfección los 'pros' y los 'contras' de los equipos que le han confiado un pedazo de su propia historia y ha logrado obtener el máximo rendimiento de ellos, encumbrándoles a cimas donde algunos ni siquiera soñaron. Con combinados más o menos competitivos y caracterizados por un sinfín de virtudes y debilidades, las metas de Mourinho nunca se han mantenido estables en el listón del conformismo. Conocedor del suelo que cada uno de sus equipos ha pisado y buscador incesante de unos techos cada vez más altos donde grabar su nombre y el de unos jugadores a los que ha sabido convertir siempre en sus mejores aliados.

Como buen 'constructor' Mourinho sabe que los cimientos de toda gesta deben sujetarse con firmeza en otros logros, quizás, de menor relevencia que le permitan incrementar el listón de sus desafíos e irlos superando. Oporto, Chelsea, Inter de Milan y Real Madrid empezaron por convertise o volver a ser referencias dentro de sus companeonatos nacionales antes de exhibir sus proezas en el escaparate continental – si bien es cierto que su repentina marcha del Chelsea, cuyos motivos aún no están claros a día de hoy, le impidieron alzar el máximo entorchado europeo con el equipo londinense, algo que tampoco ha conseguido, de momento, con el Real Madrid-.
Debut frente al Real Madrid
José Mourinho tomaba el mando del Oporto en enero de 2002, apenas un mes antes del regreso de una Champions League, cuyo formato distaba bastante del actual. Los octavos de final que hoy se dirimen en una eliminatoria a ida y vuelta, se disputaban por aquel entonces, con una segunda liguilla de grupos. El técnico portugués se hacía cargo del equipo después de que este hubiera logrado llegar hasta la siguiente ronda como segundo clasificado por detrás la Juventus.

En los octavos el conjunto portugués quedó encuadrado en el grupo C junto al Real Madrid, a Panathinaikos y al Sparta de Praga. El 19 de febrero José Mourinho llegaba al Santiago Bernabéu para afrontar el tercer choque de la liguilla, tras haber cosechado un empate y una derrota en casa frente al conjunto griego y el Sparta respectivamente. Los blancos, que por aquel entonces trabajaban a las órdenes de Carlos Queiroz lograron una victoria por la mínima con un solitario tanto de Solari en el 83 que complicó aún más las cosas para el conjunto de Mourinho.
Las posteriores derrotas ante el Real Madrid (1-2) y el Sparta de Praga (2-0) hicieron que la victoria ante el Panathinaikos (2-1) resultase insuficiente para lograr el pase a los cuartos de final y lejos de eso, el Oporto cayó eliminado al certificar la última posición en el grupo.
A la segunda fue la vencida
La tercera posición en Liga que Mourinho había logrado obtener en su primera media temporada en el Oporto fue suficiente para asegurarse una plaza en Europa, un mérito menor que a la postre acabaría salvando aquella temporada y conviriténdose en el punto de partida para una exitosa segunda campaña. El Oporto se alzó con una Liga, una Copa y una Supercopa de Portugal tras las cuales llegaría la primera Copa de la UEFA del club portugués.
Con el campeonato nacional en el bolsillo, la campaña 2003/04 le permitió a Mourinho volver a asaltar el máximo entorchado europeo de nuevo con el Oporto. El grupo F volvería a cruzar su camino con el del Real Madrid, aunque en aquella ocasión ambos conjuntos lograrían certificar el pase a los octavos de la competición, como primeros los madrileños y segundos, los hombres de Mourinho. Las victorias por la mínima cosechadas ante el Olympique de Marsella y Partizan de Belgrado, junto al empate en tierras serbias con este último y con el Real Madrid en el Santiago Bernabéu fueron suficientes para amarrar una segunda plaza sin que la única derrota, sufrida ante el Real Madrid en Portugal, tuviera mayores consecuencias.

Los octavos de final habían pasado ya a convertirse en las temidas eliminatorias a doble partido en la que el Oporto se enfrentó a todo un Manchester United. El conjunto portugués logró vencer en su casa por 2 tantos a 1, remontando el gol inicial de los 'red devils'. Una victoria por la mínima a la que el empate a 1 logrado en Old Trafford no restó valor para que el conjunto portugués se hiciera con el pase a cuartos. Allí el Oporto topó con el Olympique de Lyon. Con los franceses el conjunto de Mourinho hizo valer la victoria por 2 tantos a 0, que sumada al empate a 2 en el Stade Gerland, volvieron a darle al técnico luso el billete para afrontar el último escollo antes de la anhelada final; un último escollo con parada en A Coruña. Allí el Oporto logró vencer por 0-1 con gol de Derlei, de penalti cumplida la hora de encuentro, un solitario gol que se sumó al empate a 0 con el que finalizó el choque de vuelta y que le sirivió a José Mourinho para presentarse ante el Mónaco como finalista.
Carlos Alberto, Deco y Dmitri Alenichev fueron los goleadores en el monólogo que el Oporto protagonizó en el estadio de Gelsenkirchen el 26 de mayo ante el conjunto monegasco. Para sorpresa de la Europa futbolística, José Mourinho había conducido al Oporto de Carvalho y compañía a la conquista de la máxima competición continental.
Lucha sin recompensa en el Chelsea
Después de tocar el cielo con el Oporto, Mourinho emprendió el camino hacia nuevos retos, un camino que le llevó hasta Londres, más concretamente hasta el Chelsea. No tardó en conducir al equipo hasta la cima de la clasificación y sus 4 años de estancia en Stamford Bridge supusieron una incesante lluvia de títulos, entre los que sólo faltó la corona europea. Mourinho empezó con buen pie su primera intentona desde tierras inglesas por la conquista del trono continental; enmarcado en el mismo grupo que su antiguo Oporto, el CSKA de Moscú y el Paris Sant Germain, el Chelsea logró clasificarse para los octavos de final como primero de grupo, habiendo cosechado una única derrota ante el Oporto en tierras portuguesas (2-1) y un empate ante el Paris Saint Germain en su casa. Los otros restantes partidos se saldaron todos con victoria para el conjunto de Mourinho.

En los octavos de final, los hombres de Mou toparon, nada menos que con el Barcelona. La derrota por 2-1 en la ciudad condal no tuvo mayores consecuencias tras la extraordinaria victoria por 4 tantos a 2 que sentenció el pase del Chelsea a cuartos en Standord Bridge en una oda al fútbol. Unos cuartos de final en los que esperaba el Bayern de Munich. El conjunto alemán vencería en el choque de vuelta por 3-2, insuficiente para voltear el 4-2 que los ingleses habían obtenido en el partido de ida. Y hasta esta ronda llegaría la andadura del Chelsea en competición europea. El Liverpool le pondría punto y final a una ronda marcada por la polémica. Tras el 0-0 de la ida en Standford Bridge, todo quedaría por decidir en el partido de vuelta, un choque que se decidió por un solitario gol fantasma de Luis Garcia en el minuto 4, un balón que aparentemente no rebasó la línea de gol pero que le costó al conjunto de José Mourinho el adiós a la competición europea.
Las dos siguientes temporadas tampoco lograrían rescatar la corona del viejo continente futbolístico para el palmarés de José Mourinho .Su segundo intento en Europa al frente del Chelsea tuvo uno de los recorridos más breves de su carrera y si bien el conjunto inglés logró clasificarse como primero de grupo junto a su verdugo del anterior año, el Liverpool, el equipo de Mourinho caería eliminado en los octavos de final ante el FC Barelona tras sendos resultados de 1-2 en Standford Bridge y 1-1 en el Camp Nou. Antes había logrado la clasificación como segundo del grupo G por detrás del Liverpool y por delante de Betis y Anderletch, con un bagaje de 3 victorias, 2 empates y una derrota.
Como había empezado a convertirse en una costumbre, José Mourinho volvió a topar con su verdugo en la siguiente temporada europea. FC Barcelona y Chelsea cruzaron de nuevo sus caminos en el grupo A, junto a Werder Bremen y Levski Sofia. Un grupo en el que se cumplieron las previsiones con el pase de los barcelonistas y los londinenses tras una liguilla en la que el Chelsea sólo se dejó 5 puntos. Después de apear a su antiguo Oporto en los octavos de final por 1-1 en Portugal y 2-1 en tierras inglesas, el Chelsea toparía con el Valencia en cuartos, una eliminataria que de nuevo se definiría por un gol de diferencia, aquel que les sirvió a los hombres de Mourinho para hacerse con la victoria en Mestalla (1-2) tras el empate a 1 conseguido en Standford Bridge.
Con los 'che' fuera del camino que había de conducirles hacia el estadio Olímpico de Atenas, los ingleses toparon de nuevo con el Liverpool, de nuevo en semifinales y de nuevo como verdugo ante la cercanía de una final que ya vislumbraban. Los 2 conjuntos empataron la eliminatoria tras las victorias por 1-0 que cada uno había logrado en su domicilio. La tanda de penaltis decidió y el Liverpool se convirtió en el rival del Milan en la anhelada final.
El regreso del trofeo en tierras italianas
Su salida del club londinense, por razones que aún hoy no están demasiado claras, le llevó hasta el Inter de Milán. Siguiendo su habitual procedimiento el luso llevó al club interista a alzarse con 2 scudettos, una Supercopa de Italia y Copa de Italia, además claro está, de la Champions League. No obstante su primer asalto a Europa se estrelló en los octavos de final ante el Manchester United. El 0-0 en casa y el 2-0 en San Siro, pusieron punto y final a una participación que se había iniciado de forma poco brillante tras clasificarse como segundo del grupo B por detrás del Panathinaikos, y por delante de Werder Bremen y Anorthosis Famaqusta y es que los de Mourinho almacenaron un bagaje de 2 victorias, 2 empates y 2 derrotas.

Su último gran triunfo en la máxima competición continental llegaría la siguiente temporada. De nuevo junto al FC Barcelona como compañero de pase en el grupo F -los italianos lo lograron en la segunda plaza por delante de Rubin Kazan y Dinamo de Kiev-el pobre balance de 2 victorias, 3 empates y una derrota, le bastó a los italianos para acudir a su cita con – de nuevo su anterior equipo- el Chelsea para apear a los ingleses del camino europeo. El 2-1 de la ida y la victoria a domicilio también en la vuelta por 0-1 sentenciaron la eliminatoria y el pase a unos cuartos donde esperaba el CSKA de Moscú. Una vez más endas victorias por la mínima (1-0 y 0-1) dieron el pasarporte a los de Mourinho para la semifinal. Allí aguardaba el gran rival a batir, el FC Barcelona. Contra todo pronóstico el Inter hizo valer el 3-1 cosechado en Italia sobre la corta victoria por 1-0 que los barcelonistas lograron en el Camp Nou para certificar la llegada a su actual casa, el Santiago Bernabéu, donde los de Mourinho derrotarían al Bayern de Munich por 0 tantos a 2, regalando la tercera Champions al Inter 45 años después.
Con el Real Madrid, cerca del 'Olimpo'
Tras haber vuelto a lograrlo con el Inter de Milan el técnico portugués se lanzaba a un gran reto, posiblemente uno de los más difíciles de su carrera: devolver al Real Madrid a un lugar dela que lo había apartado un FC Barcelona imperial. En su primera participación europea, Mourinho logró romper con la persitente maldición de los octavos de final, fase que se había convertido en la eterna orilla donde los blancos morían tras le corta travesía de la fase de grupos.
El Real Madrid se ponía en el punto de partida junto a Milan, Ajax de Amsterdam y Auxerre en el grupo G, donde, imbatido, obtendría la primera plaza y con ella el pasaporte a sus temidos octavos. El Olympique de Lyon, que se había convertido en un verdugo habitual del conjunto blanco, pondría a prueba la metodología de Mourinho, comprobando en su propia carne la efectividad de la misma. Los madridistas acabaron con la incertidumbre del 1-1 en Francia mediante un contundente 3-0 en el Santiago Bernabéu, que permitía a los de Mourinho seguir avanzando. El Tottenham ofreció escasa resistencia en los cuartos de final. Tras sendas victorias por 4-0 y 0-1, el Real Madrid se presentaba frente al FC Barcelona en uno de los partidos más atractivos del fútbol mundial, sino el que más. En la que sería una de las semifinales más polémicas de la Champions por la actuación de los dos colegiados, el Barcelona acabaría imponiéndose (0-2 en el Bernabéu y 1-1 en el Camp Nou) y apeando al Madrid a un paso de la gran final de Wembley.

En una segunda campaña con fama de mejorar la primera, a tenor de lo visto en sus anteriores clubes, Mourinho afronta un nuevo intento en el camino hacia la décima Champions League del Real Madrid. Los madridistas han certificado un pase prácticamente perfecto con un pleno de victorias en la fase de grupos ante el Ajax de Amsterdam, el Olympique de Lyon y el Dinamo de Zagreb. Ahora espera el CSKA de Moscú en unos octavos a partir de los cuales la historia de José Mourinho está aún por escribir.




