Benzemá, golpeando la pelota para hacer el 2-2 (ESPN)
En el partido de ida de los cuartos de final de la Copa del Rey, un servidor, tras asistir al espectáculo lamentable del equipo entrenado por José Mourinho, atizó de forma despiadada al técnico portugués y al horrible planteamiento que dispuso (por jugadores y por forma de jugar) sobre el terreno de juego. Por ello, llegué a oír que la única manera de plantarle cara al Barcelona era jugándole así, a la defensiva, y esperando un posible gol producto de un contraataque o jugada a balón parado. Yo defendí a ultranza en un artículo escrito en esta misma página que el Real Madrid, fuera cual fuera el equipo que estuviera enfrente, debía jugarle al ataque, como manda su historia, la historia del club más grande del siglo XX. Los precedentes para sostener esta tesis no eran demasiado halagüeños. La herida que produjo el 5-0 de hace más de un año ha sido difícil de cicatrizar, y no estando cerrada del todo, la gente a menudo recuerda ese marcador. Y con razón.
Una semana después de ese horrible partido que la memoria madridista todavía recordará, sólo queda felicitar a Mourinho y a los jugadores por el espectáculo que nos brindaron a todos los aficionados del fútbol en la noche de ayer en la Ciudad Condal. ¿Cambio con esto mi idea de Mourinho? No. Los partidos se analizan, en mi opinión, por separado, por eso no me siento en la obligación de ir a muerte con un entrenador sabiendo que las decisiones que adopta en todos los ámbitos no son las mejores. Si lo hace bien, se dice que está bien; si se hace mal, se dice que está mal. Yo no puedo ser objetivo porque desde que tengo uso de razón siento al Real Madrid en los más profundo de mi corazón. Por eso intento ser, a veces sin conseguirlo, subjetivamente objetivo. Y creo que en esta ocasión lo estoy logrando.
Respeto a los que afirman -y no son pocos- que la culpa del resultado de la ida la tuvo Mourinho y todo lo bien que se ha hecho en el Camp Nou es gracias a los jugadores. Yo, personalmente, los considero el mismo ente. Si se equivocan, se equivocan todos, y si aciertan, como ayer, aciertan todos. Tal vez Mourinho no hubiera planteado el partido de la forma en que lo hizo si el luminoso al final del choque del Bernabéu hubiese reflejado un 1-0, por ejemplo. Pero ya hay bastantes adivinos y no deseo quitarles el trabajo. Deseo hablar de fútbol, que es lo que más me gusta.
Jugándole de tú a tú al Barcelona te mete 5 o le ganas el partido Ayer se desmontan muchas tesis. La peor de todas es: “jugándole de tú a tu al Barcelona te mete 5”. Yo lo he llegado a pensar, pero me he permitido el lujo de completar la oración: jugándole de tú a tú al Barcelona te mete 5 o le ganas el partido. Ayer el Madrid ganó el partido, igual que si en el encuentro de ida hubieran empatado 1-1, el Madrid lo habría perdido. Voy más allá. Los jugadores de los que dispone el conjunto blanco son excepcionales. Sin conocer el nombre de los otros once futbolistas que van a tener en frente se puede uno atrever a decir -o si eres cobarde, a pensar- que es posible ganar a cualquier equipo del mundo. Y es verdad. Ayer quedó demostrado y quiero que sirva de precedente para próximos partidos.
Nombres propios
No suelo acostumbrar a personificar las victorias y mucho menos las derrotas, pero tras lo sucedido ayer siento la tentación de hacerlo. Y he caído. El nombre propio del partido es Ozil. Una calidad descomunal en los pies del futbolista alemán. Hizo probablemente su partido más completo desde que viste la camiseta blanca, y su aportación al equipo fue brillante y fundamental. El juego y la visión, de la cabeza a los pies en menos de un segundo. Esta temporada no estaba a gusto, pero nadie ha dudado jamás de su calidad. La transformación de Mesut nació en Mallorca, se desarrolló y creció en el Bernabéu hace cuatro días, y alcanzó su mayor esplendor sobre el césped del Camp Nou. Sublime.
Ozil ofreció un recital. Todo lo contrario que Xabi Alonso, que no está en su mejor nivel El alemán debe llevar la manija del Madrid siempre. Ayer, se echó el peso del equipo a la espalda y ofreció un recital. Su actuación se vio tristemente contrastada con la de Xabi Alonso, que lleva unos cuantos partidos fuera de tono, sin distribuir bien el juego y errando en pases que un futbolista de sus cualidades y calidad no puede permitirse. Urge para el Madrid que se recupere.
Otra conclusión que se puede extraer del partido, y que se llevaba gestando unos cuantos meses, es que Benzemá, en estos momentos, rinde mejor que Higuaín. Su salida al campo por el argentino fue clave para poner el empate en el marcador y sembrar el terror en Can Barça. Creo, sin embargo, que Mourinho debe continuar alternándolos en la posición de delantero centro. Ambos son figuras y lo están demostrando.
Cristiano, como sucedería en la ida, fue uno de los pilares del Madrid en el Camp Nou Uno de los motivos por el que Barça no consiguió ganar ayer ni producir su fútbol fue por los enormes esfuerzos que realizaron los delanteros del Madrid tanto en la parte de adelante, asfixiando a los de Guardiola en la salida del balón, como en la parte de atrás. Vimos a Cristiano, que volvió a ser figura como ya fue en el partido de ida, pegarse carreras de 80 metros con el objetivo de no permitir al Barça crear situaciones de peligro. En más de una ocasión los papeles se intercambiaron y observamos al portugués defendiendo (bien) a Alves e incluso a Messi, que protagonizó una excelente cabalgada causa del primer gol culé.
El último nombre propio es Teixeira. Vaya por delante que ni me pareció robo al Madrid ni nada por el estilo, como he escuchado y leido en otros medios. El cántabro estuvo fatal, pésimo, pero para los dos equipos. No quiero que los madridistas se queden con la idea de que no han pasado por culpa del árbitro, porque no es así. La eliminatoria dura 180 minutos, y en ese tiempo ambos equipos han demostrado que cualquiera hubiera sido justo vencedor. El Barça en la ida, y el Madrid en la vuelta.