La Real no tiene piedad de un endeble Sporting
Los donostiarras fueron justos vencedores, aunque el resultado no refleja la autoridad en el juego de los locales.
Mucho se venía hablando esta semana por Donostia, de la preocupante falta de gol de los blanquiazules. Hoy el olfato goleador no falló en los jugadores donostiarras y los tres puntos se quedaron en Anoeta.
La Real se enfrentaba ante un rival directo por conseguir la permanencia, y el objetivo fijado para esta tarde no era otro que distanciarse en seis puntos con los de Preciado. Dicho y hecho. Los guipuzcoanos salieron convencidos en su menester y pronto se les pondrían las cosas de cara.
Aún con aficionados accediendo al estadio Zurutuza abría el marcador. El de Rochefort remataba un gran centro de Griezmann, y animaba a los asistentes en una tarde fría de invierno. Pero la alegría no acabaría ahí. Otra vez Zurutuza, todavía con el saboreo del primer gol, batía a Juan Pablo. La defensa asturiana observaba perpleja como en escasos dos minutos habían concedido dos facilidades a los locales, costándoles sendos goles.
El marcador en el minuto cinco, reflejaba un incontestable dos a cero. Olía a goleada. Y la afición donostiarra se frotaba las manos, y no solo por el frío. Tanta felicidad se vio detenida cuando el espectador tuvo que ver abandonar el campo en camilla a Zurutuza, tras un choque fortuito con Gregory.
La emoción de los primeros minutos fue diluyendo poco a poco y no había apenas atisbo de reacción por parte gijonesa. La Real controlaba perfectamente el choque, y se dedicaba a ver pasar los minutos.
La segunda parte en cambio, comenzó de manera opuesta a los tres cuartos de hora anteriores. De las Cuevas recortaba diferencias para el Sporting y los rojiblancos se lanzaban a por el empate. El ímpetu de los visitantes y la relajación de los guipuzcoanos, dejaba el partido en manos de los primeros, que a punto estuvieron de poner las tablas en el marcador. Se acercaron tanto los gijoneses, que si no hubiera sido por Bravo y el travesaño, podríamos haber estado hablando de otra historia.
Los realistas estaban “groguis” y solo otro despropósito más de la defensa visitante impidió una posible remontada. Entrando en los quince minutos finales, Vela botaba un córner y Elustondo, incomprensiblemente solo, remataba tranquilamente ante la impotente mirada de Juan Pablo.
Pero la nefasta actuación de la zaga rojiblanca no quedó ahí. Ya en el descuento, Ifrán lanzaba una falta lejana y tras la meritoria contestación del cancerbero asturiano, Aranburu, de nuevo sin oposición rival, fusilaba a placer ante un meta vendido. Griezmann, un minuto después rubricaría la manita, celebrando así su partido número cien con la elástica txuri urdin y dando por concluido el partido.
El cinco a uno final refleja quizás demasiado castigo para los de Preciado, pero los regalos defensivos dejaron en evidencia a un equipo que entró tarde en el partido y lo pagó.
FOTO: Jose Mari López (DV)




