El Celta puede cerrar el círculo

Casualmente, los vigueses pueden jugar su último partido en la Liga Adelante con el mismo equipo con el que empezaron esta larga travesía de cinco años en el infierno. En el Córdoba, ya nadie queda de aquel equipo. Borja Oubiña y Roberto Lago disputaron con el Celta aquel encuentro que significó el principio del lustro de penurias que viviría el conjunto vigués. El partido terminó en empate, un resultado que valdría hoy a ambas escuadras para cumplir su objetivo.

El Celta puede cerrar el círculo
El Celta puede cerrar el círculo

 

Era 26 de agosto de 2007. La Segunda División volvía a ser una realidad. Cuando el Celta abandonó en Lleida el fútbol de plata dos años antes y a la temporada siguiente logró alcanzar las competiciones europeas, el año en el infierno había sido visto como una pequeña penitencia ya cumplida. Pero no, todavía esperaba una condena mayor. En un Balaídos semivacío, con apenas 5.000 espectadores, los vigueses arrancaron de la mano de Stoichkov una nueva travesía por las catacumbas. Nadie en aquel momento imaginaba los años de sufrimiento que se avecinaban, las penurias tanto futbolísticas como económicas que pasaría un equipo que hasta hacía bien poco paseaba su nombre por los grandes estadios del continente.

El partido, como tantos otros desde entonces, fue insufrible. Un Córdoba recién ascendido metió en problemas a un Celta remodelado casi al completo. Canobbio hizo el gol céltico a escasos minutos para el final, pero un tanto de Arthuro evitó el triunfo de los locales. Sería la primera decepción de muchas. En una temporada con hasta cuatro entrenadores, vivida de despropósito en despropósito, los vigueses perdieron el tren del ascenso mediada la competición e incluso sufrieron más de la cuenta para certificar la permanencia.

Los dos años siguientes no mejoraron lo ocurrido. La segunda temporada en Segunda trajo consigo uno de los momentos más críticos del celtismo. Tuvo que aparecer Iago Aspas para salvar al equipo del descenso y de la más que probable desaparición en aquel infame partido frente al Alavés. Muchos lo celebraron el Praza América, otros prefirieron suspirar aliviados tras evitar por los pelos un suceso vergonzoso. El Celta había tocado fondo.

A partir de entonces, el conjunto olívico ha vivido un crecimiento lento pero continuado. Eusebio, obligado por las penurias económicas, decidió apostar por la cantera. Salvó al equipo con algo más de holgura que sus predecesores y devolvió la ilusión al celtismo a través de la Copa del Rey. A la campaña siguiente, se decidió prescindir del vallisoletano y apostar por el experimentado Paco Herrera. Manteniendo el esquema del curso anterior y puliendo la alarmante falta de gol del equipo, Vigo volvió a soñar con el ascenso. Un sueño que se complicó a última hora con el inexplicable bajón del equipo y que terminó por escaparse con aquel penalti que Michu envió al cielo de Granada.

Hoy, 29 de mayo de 2012, el Celta se encuentra a  escasos cinco días de cerrar el círculo. El domingo, a partir de las 19:30h, tan sólo un punto separará al Celta del lugar que nunca debió abandonar. El rival, igual que en aquella mañana dominical de 2007, será un Córdoba que viaja a tierras gallegas con el deseo de certificar su presencia en el play-off. A diferencia de entonces, el resultado de aquel día sí sería suficiente para arrancar una sonrisa a los miles de celtistas que presumiblemente abarrotarán Balaídos. La historia, una vez más, vuelve a ser circular. El infierno puede terminar donde empezó.